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Araminta, la sobreviviente del régimen de Maduro

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Un Dios rogando por su libertad llamado preso político - acn
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Araminta, la Sobreviviente del Régimen de Maduro:  Por Nasbly Kalinina.-Hace un par de años recibí una historia aterradora por WhatsApp sobre una muchacha que se había ganado la lotería del régimen al ser, entre sus tantos desertores, capturada, enviada a la cárcel y posteriormente a un psiquiátrico. El autor de aquello, José Domingo Blanco, decía que si Andrés Eloy Blanco estuviera vivo le hubiera dedicado un poema lo cual no me queda la menor duda.

Nunca me imaginé que con el tiempo tendría el gusto de conocer a la protagonista de aquel relato que se hizo viral entre venezolanos dentro y fuera del país. Traté de tener guantes de seda a la hora de hablarle pues sabía que era un milagro que hubiera superado aquella pesadilla. Para mi tan poco era fácil tratar con alguien que de alguna manera me hacía revivir mis recuerdos más horribles. Sin embargo, me llené de fortaleza para escribir sobre ella.

De nuestras conversaciones aprendí que Araminta González es una joven caraqueña quien había perdido a sus padres a muy temprana edad, logró superarse con la ayuda de sus dos hermanas, ir a la universidad y destacarse en la química trabajando para importantes firmas de laboratorios farmacéuticos. Vivía cómodamente y disfrutaba de una relación amorosa con quien había sido su mejor amigo por muchos años, a pesar de ello, sabía que su realidad era opuesta a la de millones de venezolanos condenados a la miseria por un régimen opresor liderado por un tirano que dormía como un bebé.

Le gustaba subir al Ávila y un día en el año 2014 mientras disfrutaba de la imponente vista en la cima, respiró hondo, cerró los ojos y en su mente pudo escuchar los gritos de sus compatriotas desesperados porque no les alcanzaba el salario para comer, madres que se peleaban por un pote de leche luego de pasar días haciendo colas para comprarla a precio regulado, jóvenes asesinados por la delincuencia en un mar de impunidad. “Venezuela, mi Venezuela: ¿En qué momento el demonio se apoderó de ti?, ¿Acaso no hay nadie que pueda protegerte?” Se cuestionó a sí misma mientras las lágrimas mojaban sus mejillas y las siguientes preguntas venían de la nada: “¿Seré lo suficientemente valiente?, ¿Cómo pedirle a otros lo que yo misma no soy capaz de hacer?” La decisión ya estaba tomada. Araminta se uniría formalmente a la resistencia sin importar lo que le pasara. “El miedo no podrá detenerme, soy un instrumento de Dios y con su ayuda atravesaré cualquier desierto lleno de serpientes. Su amor será mi guía y la libertad de mi país mi razón para sobrevivir.” Sentenció sin tener idea de lo que le esperaba.

En julio de ese mismo año fue detenida y llevada al Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF) donde la golpearon y la torturaron tanto que la hicieron delatar a dos de sus compañeros Vasco Da Costa y José Luis Santamaría. La culpa de la desgracia de sus amigos no la dejaba en paz. Día y noche lloraba por ellos. No tenía fuerzas para seguir viviendo con aquel remordimiento y menos en un hacinamiento en donde el agua potable era inexistente, los malos olores penetraban los pulmones hasta no sentirlos, las ratas paseaban como mascotas y el rígido adoctrinamiento comunista en el que se le obligaba a los presos políticos, a fuerzas de malos tratos, a gritar que amaban al difunto presidente hacedor de todo aquella podredumbre infernal.

Dos veces, su mente fracturada ante aquella infinita agonía, buscó en el suicidio la salida por lo que fue internada en un hospital psiquiátrico en el que convivió con enfermos mentales no medicados a quienes vio como un grupo de niños indefensos en comparación con los crueles guardines que la acompañaban sin tregua por haber sido señalada por el régimen como una terrorista. Así los días se transformaron en semanas y los meses en años hasta que un día como un milagro de Dios la enviaron a su casa para que terminara de curarse y pagara su condena.

Sus hermanas desde España nunca dejaron de velar por ella. Apenas supieron que había salido de aquel lugar se las ingeniaron para ayudarla a escapar y cuidarla en la madre patria. Desde allá sigue en terapias, tomando antidepresivos, denunciando al mundo entero su tragedia al tiempo que aboga por el resto de los presos políticos.

Para mí se ha convertido en una heroína al luchar no solo por nuestro país si no por haber dejado atrás aquellos demonios que la incitaron al suicidio. Una inspiración que merece un libro en el que se cuente su historia con detalle, una condecoración por su gran valentía y sobre todo el poder volver a una Venezuela libre con la satisfacción de que ella fue parte de esa valiosa conquista.

#QueSeHagaJusticia – #LiberenATODOSlosPresosPolíticos – @nasbly

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Hermann Hesse mostro el camino a los jóvenes con su existencia

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La literatura de Hermann Hesse, uno de los grandes escritores del siglo XX y Premio Nobel;  es útil para el desarrollo humano, permite a los lectores nutrirse de su experiencia; de todas las etapas de crecimiento y desarrollo espiritual. Mostró a los jóvenes con su propia vida que “es el camino y no el fin, lo que da sentido a nuestra existencia”; como Jesucristo, “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Carta a Hermann Hesse: Por León Sarcos

Los seres humanos en su mayoría nunca logran explicarse a sí mismos; y ese es el principal de los motivos que los convierten en indefensos peces que arrastra la corriente; o en bonito rebaño de ovejas pastoreadas por cazurros plenos de voluntad, fuerza y astucia. Si la gente no sabe de dónde desciende ni la historia del lugar de donde procede; le será siempre más difícil llegar a saber quién verdaderamente es.

Siento que Ud. fue muchas partes del humano que aspiro a ser a través de la literatura.  Hay pedagogía de vida en su obra. Representó los roles que concibió; diseñó y soñó en cada una de sus vidas y novelas. No le quedó ningún avatar por experimentar en las infinitas posibilidades que tenemos cada uno de ser; hasta donde puede temporalmente cada espíritu. En Ud. se cumplió aquella idea del joven filósofo Wittgenstein; «Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo».

Hermann Hesse intuyó, al igual que muchos filósofos, una de las debilidades del pensamiento occidental; de que el ser solo es un pequeño logro de la lógica y la razón; que la mayor parte de él es espíritu, es quimera, es sueño, es incertidumbre, posibilidad; es viejo y nuevo cerebro, desde la nada en tránsito hacia una eternidad que no conocemos.

Algo tan sencillo como haber descubierto que hay demasiadas posibilidades de ser, entre el ser racional y el ser irracional; que contiene animaciones del espíritu que nadie puede conocer. Y que el alma acepta tantas combinaciones del bien y el mal y tantos desencuentros entre razón y espíritu como percepciones y humanos existen.

Por eso no sorprende que al Hesse obsesionado en los inicios; con encontrar una finalidad al mundo, (sus para qué) suceda un Hesse que afirme que es el camino y no el fin lo que da sentido a nuestra existencia.  Fluir constante y absoluto de nuestro espíritu.

Peter Camenzind: Eterno caminante, forastero en todas partes, suspendido entre el tiempo y la eternidad. En otras palabras: Caminante no hay camino / se hace camino al andar… cantaría Antonio Machado, en nuestra hermosa lengua.

Esa es su mejor experiencia y su más estética y ética enseñanza; por eso es tan vital y tan útil para aprender a crecer y acrecentar las posibilidades de ser.

El hombre tendrá que volver a si mismo

Carl Jung , quien lo asistió en uno de los momentos más luminosos de su creación literaria; confesaba a un buen amigo, cuando le preguntaba por el futuro de la súper civilización tecnológica; con la voz gris perla que anunciaba la extinción natural del sentido del habla y de todo síntoma de vida; «Tarde o temprano el hombre tendrá que volver a sí mismo, aunque sea desde los astros. Todo esto que está pasando es una nueva extensión de escapismo, porque es más fácil llegar a Marte que encontrarse a sí mismo. Si el hombre no se encuentra a sí mismo, entonces corre el más grande de todos los peligros: su aniquilación.

Ya Ud. había asimilado esa convicción de Jung desde muy joven; solo que ahora aparecía despojada del idealismo romántico y del misticismo de los inicios de Peter Camenzind; para confirmarla en la introducción a Demian; «el bien y el mal, la razón y el espíritu, la vida y la muerte conviven en una oscura, sensual y desafiante armonía; La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo…» 

Muy pocos saben hoy lo que es el hombre. Muchos lo sienten, y, por sentirlo, mueren más aliviados, como yo moriré más aliviado cuando termine de escribir esta historia.

No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca, y lo soy aún. Pero no busco ya ni en las estrellas ni en los libros; comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí.  Mi historia no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a sueño, como la vida de los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos.

Nuestro querido Juan Liscano, en un ensayo; de los pocos que se escribieron sobre Hesse en América Latina, titulado «Espiritualidad y literatura, una relación tormentosa»; lo percibe en fase de ruptura con las amarras del pietismo, para el cual la división es tajante entre el lado claro y el lado oscuro del alma.

Quien se rebela contra el lado del bien, necesariamente trasciende la línea que lo divide; y se pasa al otro lado: Entonces —nos dice— los rebeldes tienen que pactar con el mal; tienen que negociar un entendimiento cada vez puesto en tela de juicio; tienen que descubrir que la vida es línea quebrada, zigzagueante, que se corta de pronto, y no limpia parábola.

La utilidad de la literatura de Hermann Hesse

La literatura  es útil porque les permite a los lectores; nutrirse de la experiencia de todas las etapas de crecimiento y desarrollo espiritual de uno de los grandes escritores del siglo XX; Ud., señor Hesse, es uno de los espíritus que más indagaron e investigaron en su propia intimidad; su naturaleza neurótica, sus inclinaciones psíquicas y obsesiones, su vocación artística; sus hábitos sensuales y emocionales. Pocos escritores han incursionado en otras artes distintas a su natural oficio; la escritura, y cultivado con tanta vehemencia la música, la pintura y el resto de las bellas artes.

Y si bien es cierto que el tema por excelencia de sus novelas es su mundo interior; es decir, es autobiográfico, también es verdad que fue uno de los escritores más abiertos; a las grandes preocupaciones y problemas culturales y políticos de su tiempo; la enfermedad del siglo, crisis políticas, angustias, conflictos sociales, la guerra y la paz.

Es aquí donde viene su otro gran aporte al arte y a las ciencias humanas; su nacimiento, en 1877, coincide con el de un grupo de escritores (con diferencias mínimas de años hacia arriba y hacia abajo); que por la trascendencia de su obra marcarán un hito en la historia de las letras y la literatura.

Me atrevo a sugerir a manera de hipótesis; y puedo explicarlo en sucesivas correspondencias, que ellos; Thomas Mann, Marcel Proust, Franz Kafka, Stefan Zweig, Paul Valery, Robert Musil, Rainer María Rilke, Hugo von Hofmannsthal y otros; harán fragua del porvenir a la literatura; en el gran salto cultural que representó la rebelión de la juventud iniciada en los Estados Unidos al principio de los años 60 y continuada en Francia en el 68; uno de cuyos escritores insignia será Hermann Hesse, el último glamoroso romántico del espíritu, como lo llamaría el dueño del café Voltaire, su amigo y biógrafo Hugo Ball.

Un recomienzo eterno de la juventud

Por otro lado, Ud. es el único escritor de su generación; que con su obra cautivó para siempre el alma de la juventud del mundo. Era de aquellos —según Goethe, refiriéndose a los hombres de espíritu genuinamente poético— que tienen una pubertad repetida, un recomienzo eterno de la juventud. Fue joven y su alma no envejeció nunca, y fue irónicamente uno de los pocos escritores en dedicar un bonito y sentido ensayo a la vejez.

Ernst Robert Curtius escribió, saludando la aparición de Demian; «En esta obra su voz se dirigía inmediatamente a los estudiantes en trajes de campaña. Se hablaba en ella de los sufrimientos de la escuela; de los extravíos y turbulencias del sexo; del saber de mitos y misterios; la guerra era en ella prevista, sufrida y pagada con la muerte».

El español J.M. Carandell dirá sobre el encanto juvenil de su literatura: «Hermann Hesse supo mantenerse extrañamente joven a lo largo de su vida de ochenta y cinco años; gracias a su espíritu rebelde, a su olfato para lo nuevo; y a la extraña coincidencia entre sus gustos y creencias; y los gustos y creencias de las sucesivas generaciones de jóvenes de nuestro siglo XX».

A pesar de tener el reconocimiento y el respeto de la mayoría de los integrantes de su generación; y después de la aparición de Demian; la alabanza de escritores como Romain Roland, André Gide, T.S Eliot y Walter Benjamin, uno de los más agudos críticos alemanes; no ha sido Ud. de los preferidos de la crítica de especialistas y académicos. Menos aún de los historiadores de la literatura.

Los expertos no evalúan contenidos; los análisis críticos son lingüísticos, filológicos, semióticos, filosóficos y en la mayor parte de los casos se hacen por movimientos; escuelas y agrupaciones, y Ud. marcó distancia con los círculos intelectuales y los grupos; solo frecuentaba a sus amistades; y he allí una dificultad para darle la notoriedad y la prestancia que merece su genio como escritor.  Aislado de toda escuela o grupo, resulta difícil ubicarlo en el panorama de la literatura moderna.  Es un solitario, de acuerdo con sus propias convicciones. Siento que no incluyen los académicos en su valoración su indeclinable defensa de la razón, la sinrazón, el bien, la paz y el humanismo.

En América Latina llega tarde, en 1930, con la primera traducción; que hace el germanista Luis López Ballesteros de Demian; y luego, más de una década y media después, cuando recibe el Nobel; aparecerá traducida al español su primera y más popular novela en Alemania: Peter Camenzind, y muchas de sus obras.

La de Hesse es un alma confusa y complicada, como la de la mayoría de los jóvenes del mundo; cuando da sus primeros pasos, enamorado de las letras.  Eso no implica que sea difícil acceder a ella, sino por el contrario, como cada desarrollo juvenil; tiene etapas estándar: niñez, infancia, pubertad, adolescencia y juventud.  En todas y cada una, los problemas son similares y divergentes.

En cada uno, vivir es un proceso de caos y orden; de asombro e indiferencia, de ilusión y desencanto, de expectativa y resignación, pero principalmente de narcisismo, rabia y rebelión; con la sangre de los antepasados que nos murmura, los retos contemporáneos que nos desafían; y las alucinaciones del futuro que nos acechan en el momento en que las ideas convulsionan; y el alma es un carcaj, llena de una pluralidad de emociones, palpitares y sentires.

La Rebelión en Estados Unidos y el Mayo Francés

Ud. en la mayoría de sus novelas parte de la niñez; de ahí la riqueza para aprender en la vida de su vida. Por eso me inclino a intentar (en las correspondencias que siguen, con el permiso de los expertos) un análisis de sus novelas; con las limitaciones de casi todas las traducciones del alemán al español.

Partiré de las siguientes premisas: una aproximación estética a su prosa; una justificación pedagógica de su contenido; y el aporte de su generación a la literatura como fragua del porvenir al movimiento de la contracultura; que dio paso a la rebelión de los sesenta en Estados Unidos y al Mayo Francés en 1968, expresiones de los avances de la cultura democrática liberal más trascendente; desde su establecimiento en 1776, y su enorme contribución a la ampliación de los derechos civiles, al reconocimiento y consolidación de la sociedad civil y a la condición de ciudadano.

Hay tres grandes momentos en la narrativa de Hesse. Uno que corresponde a su primera novela, Peter Camenzind (1904), de gran éxito editorial; Bajo las ruedas (1906); Gertrude (1910); y Rosshalde (1914). De ellas, me concentraré en Peter Camenzind. En este período van a coincidir, con la agitación mental y el alma lista para curtirse llena de deseos y de ganas de conocer el mundo, el romanticismo, el misticismo franciscano y el panteísmo estético.

Un segundo momento, en el cual me enfocaré y al cual daré énfasis, es la etapa de consagración de su escritura, el instante crucial de su vida en que aparece la caballería de la mano de dos ilustres psicólogos para revelarle los significados de sus sombras y para escribir en acompañamiento de J. B Lang, asistente de Jung, Demian, en 1917; Siddhartha, 1920, animado por los consejos del propio Jung; y El lobo estepario, su obra cumbre, en mi percepción, esta vez de nuevo bajo los cuidados de Lang.

Un tercer momento —que no abordaré por razones de espacio— lo constituye el de la producción de Narciso y Goldmundo y El juego de abalorios, para algunos críticos su obra cumbre, la fase final, que yo he promovido como de ajuste de cuentas con la primera y la segunda fase de su vida como escritor. En el caso de El juego de abalorios, tardó una década en escribirla, inextricable y a veces aburrida, como toda la literatura que aspira de un solo tajo a decirlo todo.

Un calificado crítico ha dicho de su obra que es imposible señalar dónde comienza en Ud. la filosofía y dónde la poesía, y hasta qué límite su misticismo es sentido como nostalgia de Dios o querido por la razón, por lo que termina de remitirnos directamente a aquella frase de Marcelino Menéndez Pelayo, en la que juzgaba las manifestaciones más diversas del pensamiento idealista, cuando el eterno artístico se desborda sin diques ni barreras y convierte la filosofía en una especie de poética y deslumbradora teosofía, llena de mitos, alegorías y símbolos que en su origen tienen tanto de poético como de metafísico, si es que la metafísica y la poesía no se identifican en aspiración ideal y en sus determinaciones más altas.

La primera entrega (1-8) y la  tercera entrega (3/8) de la serie Carta a Hermann Hesse se publicará en próximos días.

ACN/León Sarcos/EN/Retrato de Ernst Würtenberger

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