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Asteroide gigante cruza entre la Tierra y la Luna

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Un gigantesco asteroide cruzará entre la Tierra y la Luna este fin de semana. Es tan alto y grande como un edificio de apartamentos de 17 pisos (semisquare-x3);  y aunque no sería visible a simple vista, podrá ser apreciado a través de telescopios. (NASA)

Fue hace unos días cuando los aficionados a la astronomía disfrutaron el paso del asteroide 2016 NF23;  a 2.9 millones de millas de la Tierra;  es decir, 13 veces la distancia entre nuestro planeta y la Luna.

Si bien ese fenómeno fue digno de admirar, este fin de semana se registrará otro;  aún más fantástico, con el paso del asteroide 2018 RC.

A sólo 36 mil millas de la Tierra

Su punto más próximo a la Tierra será a unas 136,000 millas, y estaría acercándose la noche del sábado 8, teniendo su mayor proximidad el domingo 9 alrededor de las 8:08 a.m.

Pese a que el asteroide 2018 RC cruzará a la mitad de distancia que la que hay entre nuestro planeta y la Luna, no hay razón para temer, pues de acuerdo con expertos viajará sin ningún riesgo de colisión.

“Tendrá un sobrevuelo muy cercano con nuestro planeta, llegando a 136,000 millas, pero será un encuentro totalmente seguro. Será visible incluso con pequeños telescopios”, dijo Gianluca Masi, director del Telescopio Virtual con sede en Italia, a Express UK.

Fue el 3 de septiembre cuando el sistema de alerta de impacto del telescopio ATLAS de la Universidad de Hawai avistó por primera vez al asteroide, calculando su tamaño en hasta 233 pies de diámetro.

Para darte una idea de sus dimensiones, esa es la misma altura del edificio Kajima de 17 pisos en Los Ángeles.

Se podrá ver con telescopios

Este fenómeno podrá ser apreciado a través de telescopios, y si no quieres perdértelo y no tienes uno, el Proyecto del Telescopio Virtual realizará una transmisión en vivo.

El asteroide 2018 RC pasará muy cerca de La Tierra durante este fin de semana, sin embargo científicos aseguraron que la humanidad no corre peligro. Es tan grande como un edificio de 17 pisos, señalan  científicos

“Tendrá un sobrevuelo muy cercano con nuestro planeta, llegando a 136.000 millas, pero será un encuentro totalmente seguro. Será visible incluso con pequeños telescopios”, dijo Gianluca Masi, director del Telescopio Virtual con sede en Italia a medios británicos.

El punto más próximo a la Tierra será a unas 136.000 millas, y estaría acercándose la noche del sábado 8, teniendo su mayor proximidad el domingo 9 alrededor de las 8:08 a.m.

Tan grande como un edificio de 17 pisos

Según científicos, este asteroide es tan grande como un edificio de 17 pisos, que de impactar con la Tierra generaría una catástrofe de un radio bastante amplio.

ACN/diarios

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Humanos especie mestiza desde su mismo origen

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El origen mestizo de la humanidad

Creacionistas y neodarwinistas ortodoxos están afectados de igual maneta; de una paradoja del pensamiento biologico. El más destacado de estos últimos fue Theodosius Dobzhansky, el genetista ucraniano que más influyó en la teoría evolutiva del siglo XX;  que sigue siendo nuestro modelo estándar de la historia de la vida. Nuestra especie es el producto de la hibridación entre cuatro poblaciones africanas ancestrales.

Un mecanismo elegido por Dios

Llama la atención que Dobzhansky fuera un creyente. La selección natural darwiniana –la reproducción diferencial del mejor adaptado a su entorno— no era para él una refutación del Génesis, sino el mecanismo elegido por Dios para crear al hombre a su imagen y semejanza. En este sentido, Dobzhansky fue un pensador más antiguo que su padre intelectual, Charles Darwin, que había entendido un siglo antes que la selección natural era capaz de generar diseños sin necesidad de un diseñador: una legítima alternativa científica a los textos sagrados, la muerte de Dios que poco después decretó Nietzsche.

Las ecuaciones de la genética de poblaciones que compiló Dobzhansky son ciencia sólida. Su idea de que habían sido formuladas por Dios es, obviamente, una creencia religiosa, aunque no se puede decir que carezca de un relato argumental. Si la evolución es una historia de progreso, y la selección natural promueve, generación tras generación, unos organismos cada vez más aptos, uno puede interpretar que la conclusión forzosa del proceso es la sacrosanta especie humana, la verdadera reina de la creación.

Un estatus a medio camino entre Dios y la piedra

La ilustración canónica de este estilo de pensamiento son aquellas viejas láminas en que un mono se va alzando paulatina y armoniosamente hasta alcanzar la posición erguida y la palabra articulada, un estatus a medio camino entre Dios y la piedra, como decía Lynn Margulis.

Pero ya es hora de tirar la vieja lámina al mismo contenedor de papel en el que duermen las sirenas, las quimeras y las cabras de seis patas que imaginaron los marinos en tiempos precientíficos. Porque la evolución rara vez funciona como una escalera al cielo, como querría Dobzhansky, y más a menudo adopta la forma de un árbol o un arbusto, con ramas adaptadas a su entorno local que coexisten en el tiempo, y a veces en el espacio, que pueden competir entre sí pero también hibridarse y generar así novedades biológicas de manera bastante brusca, por la pura y simple combinación sexual de adaptaciones preexistentes.

Lee en Materia cómo los últimos datos genómicos confirman, de manera cada vez más aplastante, que la evolución humana ocurrió exactamente así, en un artículo narrado de primera mano por uno de los científicos más destacados del sector, y seguramente el que mejor escribe de todos ellos.

El cuadro que nos pinta la mejor genómica disponible es el de la hibridación de cuatro grandes grupos de población que coexistieron en África hace 100 milenios

Nuestra especie no se originó como la cúspide de un proceso parsimonioso de mejora gradual.

El cuadro que nos pinta la mejor genómica disponible es el de la hibridación de cuatro grandes grupos de población que coexistieron en África hace 100 milenios: los cazadores-recolectores san de Sudáfrica, que hablan “lenguajes clic” cuyas consonantes son besos y chasquidos de la lengua; los africanos del este, de los que provenimos todos los humanos no africanos; los pigmeos de las selvas ecuatoriales; y una fascinante “población fantasma” de la que no existen representantes actuales, pero cuyo legado está vivo y coleando en nuestro genoma.

Dobzhansky se equivocó (¿?) aunque, como todo gran científico, lo hizo de manera interesante y productiva. Hoy sabemos que nuestra especie es mestiza desde su mismo origen en la noche africana de los tiempos. Pero Dobzhansky consideraba que no era una refutación del Génesis, sino el mecanismo elegido por Dios para crear al hombre a su imagen y semejanza. En este sentido, Dobzhansky fue un pensador más antiguo que su padre intelectual, Charles Darwin.

Gráfica: Excavaciones en el abrigo rocoso de Shum Laka (Camerún), en una imagen de archivo de 1994. PIERRE DE MARET

ACN/El Páis/Javier Sampedro

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