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Causa penal atroz

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Causa penal atroz: Por José Luis Centeno S.–  Las horas, días, meses y años se alargaron en la incertidumbre, el dolor y la angustia desde aquel 20 de noviembre de 2004;  cuando secuestraron a Juan Guevara a las puertas de su casa, frente a su esposa y vecinos;  luego vinieron las versiones imprecisas para explicar su desaparición;  y la pena de presidio surgida de la falsedad e insolencia en una causa penal atroz.

La percepción inducida de un crimen perpetrado por “terroristas”, “mafiosos”;  -epítetos esparcidos por cabecillas del régimen revelando el origen de la afrenta contra los Guevara-;  sirvió poco para ocultar las irregularidades del enjuiciamiento que Carmen Medina, esposa de Juan;  colocó en un contexto colmado de congoja:

«Juicio perverso, viciado y sin fundamentos»

“Fue terrible tener que presenciar un juicio perverso, viciado y sin fundamentos;  y donde predominó la mentira, sin ningún tipo de pruebas consistentes;  todo se basó en una llamada telefónica;  en la declaración de dos  testigos falsos pagados por el gobierno.”

La prueba del delito no era tal sin la comisión del mismo por parte de los Guevara;  culpados alevosamente de una “acción terrorista” imposible de probar;  obligando a la maquinación de los elementos probatorios alineados para la injusta condena.

“El Tribunal 20 de juicio de Caracas, a cargo del juez Luis Cabrera;  admitió los testimonios de Alexis Adolfo Peñuela Márquez y del llamado testigo estrella, Giovanni  José Vásquez de Armas;  quien posteriormente dijo haber recibido dinero para declarar en contra de los Guevara.  Giovanni Vázquez cuando ya no le fue útil al fiscal Isaías Rodríguez;  lo detuvieron y estuvo preso con los Guevara en El Helicoide.”

Sin caer en suposiciones, Carmen abrevia claros indicios de una acción penal desvirtuada.

“En esta trama de falsedad y complicidad tuvieron un papel estelar los fiscales, y eso quedó demostrado con la confesión de uno de ellos, Hernando Contreras, en una carta abierta a la Fiscal General, para ese entonces Luisa Ortega Díaz, donde expresó todos los vicios e irregularidades de ese juicio.”

La pena máxima, cual presidio perpetuo vaticinado por Chávez a los Guevara, cuando cumplió 47 años, por considerarlos “mafiosos” y “enemigos” de quienes, como él, atentaron contra la vida democrática del país en tiempos del presidente Pérez, se cristalizó con una aproximación mayor para Juan Bautista.

“Juan fue sentenciado a 29 años y 6 meses de prisión por homicidio calificado en grado de coautor y agavillamiento, porte ilícito de arma de fuego y porte ilícito de arma de guerra”, indicó Carmen, agregando:

“Ha cumplido un poco más de la mitad de la pena, exactamente 15 años, 3 meses y 5 días para el momento que hablamos, ya debería estar en libertad. Como dice el cómputo, desde el día 13 de abril del año 2011, a las 3:00 am, opta a beneficios con medidas sustitutivas y alternativas al cumplimiento de la pena, pero desde entonces ha sido evaluado por el Ministerio de prisiones en dos ocasiones y le han negado el derecho.”

Agotadas todas las instancias para hacer valer los derechos de Juan Guevara

Según Medina, se han agotado todas las instancias nacionales;  para hacer valer los derechos de Juan y sus primos;  actualmente con énfasis en los relacionados con su retrasada excarcelación;  sin resultados favorables, y las instancias internacionales a las cuales se ha recurrido sorprenden con su silencio.

“Los delitos de mi esposo, por los cuales lo involucraron en este caso;  y aparece en el expediente, fue haber estado en clases el día 18 de noviembre en el  IUPOLC;  y sin querer impactar otro vehículo estacionado en la sede de Bello Monte. Se valieron de ese solo hecho para vincularlo al asesinato del fiscal Anderson. Y como te dije anteriormente, para mí su delito mayor;  fue haber metido preso a Ramiro Helmeyer y Walter Del Nogal.”

Cuando se analiza el caso de los Guevara;  en un escenario que involucra la realidad judicial caótica en sus inicios;  las afirmaciones anteriores cobran sentido, revelando entuertos del proceso.

“El gobierno nunca se preocupó por hacer una investigación y determinar quien había matado a Danilo Anderson, ni siquiera la familia del difunto cree que los Guevara sean culpables. No fue conveniente averiguarlo y eso que se contaba con una de las mejores policías de investigación. Recuerdo que el caso lo comenzó a investigar cómo debía ser un primer grupo, quienes eran funcionarios con cierta ética y estaban muy bien encaminados y sabían que los Guevara no estaban involucrados en los hechos, pero por arte de magia de la noche a la mañana les fue quitado el caso y se lo dieron a unos funcionarios que no se que les ofrecerían para desviar las primeras investigaciones.”

La atrocidad parece no cesar, “Juan ha ido envejeciendo allí, tenía 42 años cuando lo condenaron, hoy tiene 57, en esos calabozos su salud se deteriora, la vista falla, no recibe luz solar, no respira aire natural, sus defensas bajan, tiene estados de ansiedad y desespero, se solicitó en varias ocasiones fuera trasladado para un servicio odontológico o hacerse una revisión de la vista y un chequeo médico general y nunca lo tomaron en cuenta, una violación más a su integridad y a sus derechos humanos. Este año pasado por fin pudimos lograr que un familiar oftalmólogo ingresara con sus equipos y le pudiera hacer su examen oftalmológico, así como también unos jóvenes odontólogos le pudieran revisar la dentadura.”

De la misma manera, “prácticamente Juan quedó solo, a su vista van sólo su papá y su mamá, ambos ya bastante mayores, no tiene más familiares que lo visiten. Toda la familia de Juan se encuentra desfragmentada, dos de sus hijos mayores y 3 de sus pequeños nietos están en Estados Unidos y el menor de esos tres hermanos se encuentra en chile, mis hijos y yo en España, sin poder estar cerca de él pero con la firme convicción de que muy pronto nos podamos reunir nuevamente. En ocasiones la relación marital se ha tambaleado, no ha sido fácil como pareja. Aún en la distancia permanecemos unidos y sigo manteniendo esa esperanza de que ya falta muy poco.” Comentó Carmen Medina al término de nuestra conversación.

José Luis Centeno S. (@jolcesal)

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Virus de la incertidumbre ataca mercados financieros

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El virus de la incertidumbre: Por José Manuel Muñoz Puigcerver .- La crisis de Wuhan muestra la velocidad con la que el miedo se extiende por la economía real y permea las empresas. Ningún virus se propaga tan rápido como la incertidumbre

La pandemia del coronavirus que se ha cobrado hasta la fecha casi 2.000 vidas y ha afectado a, prácticamente, otras 73.000 personas en todo el mundo es una muestra evidente de la infalibilidad de una de las máximas más certeras de la ciencia económica y de la que bien pueden dar cuenta los profesionales del sector financiero: la incertidumbre es la peor de las consejeras en lo que a negocios se refiere.

En el año 2002, el psicólogo estadounidense Daniel Kahneman fue galardonado con el premio Nobel de Economía (en un más que meritorio intento de integrar ambas disciplinas científicas para adoptar un enfoque holístico del procedimiento por el cual los individuos eligen entre diversas alternativas), precisamente, por demostrar que en presencia de incertidumbre los agentes económicos tienden a exacerbar su aversión al riesgo y a tomar decisiones distintas de las que, asumiendo el principio básico de racionalidad, llegarían a predecir los diferentes modelos econométricos.

La pandemia ataca mercados financieros

Tal y como señalamos, los mercados financieros son campo abonado para este tipo de teorías: en numerosas ocasiones, un falso rumor, una reacción exagerada a noticias negativas o, sencillamente, el temor a actuar al margen de las maniobras ejercidas por los principales actores pueden desencadenar el desplome del valor de los activos involucrados. No por casualidad, Charles P. Kindleberger, al escribir el que muy posiblemente sea el mejor libro de finanzas de todos los tiempos, juzgó oportuno brindarle el elocuente título de Manías, pánicos y cracs.

Sin embargo, en ocasiones como la que nos atañe, la incertidumbre se extiende por la economía real y el contagio llega a permear la práctica totalidad del tejido empresarial. En ese caso, si la crisis se expande globalmente, la economía mundial puede llegar a absorber dicho impacto a corto plazo gracias a las inercias que su propio dinamismo genera. Aun así, su prolongación en el tiempo puede comportar problemas mucho más serios no tanto por la amenaza real de infección alrededor del mundo, sino por la inseguridad generada acerca de su evolución. En una primera fase, cuando a finales del pasado mes de enero la Organización Mundial de la Salud decretó la emergencia sanitaria internacional, el fantasma de colapso económico planeaba sobre la ciudad china de Wuhan. No obstante, y a pesar de que la propia OMS ha insistido en que el brote presenta un índice de mortalidad inferior al que se originó en 2003 con el SARS y, a pesar también de su oposición reiterada a las restricciones tanto comerciales como turísticas a China, dicha amenaza ha dejado de ser una mera advertencia genérica para materializarse en una inquietud mucho más tangible.

Sin ir más lejos, España acaba de experimentar una afectación más que notoria: la cancelación del Mobile World Congress, tras la renuncia a participar de empresas de la relevancia de Intel, Facebook, McAffee, Orange, Nokia, LG, Ericsson, Amazon o Sony, ha dejado a Barcelona huérfana de un evento que cada año genera unos 500 millones de euros y crea alrededor de 14.000 puestos de trabajo temporales. Además, el Ibex35, arrastrado por las dudas imperantes en el resto de plazas (Apple ha anunciado que su volumen de ventas será inferior al previsto también como consecuencia del coronavirus) empieza ahora a recuperarse de la acometida sufrida a principios de año. Aun con todo, los organismos internacionales prevén que España saldrá prácticamente ilesa de estas dificultades.

Como es obvio, el país que más se está resintiendo es la propia China, y eso, cuando nos estamos refiriendo a una potencia que copa el 17% del PIB mundial, significa que la desaceleración global es casi inevitable. De hecho, JPMorgan ha corregido sus predicciones sobre el crecimiento chino en el primer trimestre de 2020 desde el 6,3% a tan solo el 1%. De cumplirse dicho pronóstico, la economía mundial podría ralentizarse a un ritmo mucho más acelerado que las cuatro décimas estimadas por Bloomberg Economics, en cuya opinión la tasa de crecimiento del PIB de China para los primeros cuatro meses de este año descendería tan solo del 6% al 4,5%.

El turismo sector más afectado

Por sectores, el turístico es, quizás, el que de manera más directa está padeciendo los efectos más negativos: ciudades enteras en cuarentena que totalizan varias decenas de millones de habitantes, vuelos cancelados, recomendaciones de países como Estados Unidos de no viajar a China (contraviniendo las recomendaciones de la OMS) o, incluso, la prohibición de entrada a ciudadanos chinos por parte de Rusia, son algunos de los ejemplos más destacados.

Mención aparte merece, también, el sector de materias primas por sus efectos sobre las cadenas de valor globales, ya que China es el principal consumidor de este tipo de productos. Países como Brasil, Sudáfrica o Australia han experimentado devaluaciones de sus monedas (con las consiguientes tensiones inflacionistas que ello comporta) debido al descenso de sus exportaciones con destino a China. El precio del cobre, principal termómetro de la economía mundial, ha descendido un 8%, perjudicando gravemente a Chile y a Perú, y ni siquiera Arabia Saudí sale indemne de la actual coyuntura, al tratarse del principal importador de petróleo del país asiático.

No cabe duda de que la gestión de esta crisis resultará crucial para apaciguar el temor que induce a los agentes económicos a paralizar inversiones y a posponer decisiones de consumo. Por supuesto, un elemento crucial para su óptimo desenlace será el descubrimiento de una vacuna efectiva que prevenga la enfermedad en el futuro. Y, aunque mientras tanto, el miedo al contagio seguirá rigiendo buena parte de la actividad económica internacional, podemos estar seguros de que la ciencia médica terminará por hallar un tratamiento efectivo. Por el contrario, no será tan sencillo refrenar la naturaleza humana: la vacuna contra el miedo irracional a la incertidumbre deberá esperar mucho más tiempo.

ACN/El Páis/jmmp

*José Manuel Muñoz Puigcerver  es Profesor de Economía Internacional en la Universidad Nebrija  

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