Abatidos cinco choros que usaban edificio invadido como madriguera
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Abatidos cinco choros que usaban edificio invadido como madriguera

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Cinco antisociales que usaban como madriguera un edificio invadido en Caracas, cayeron muertos al enfrentarse a las autoridades.

Versiones policiales señalan que funcionarios de las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes) de la Policía Nacional Bolivariana ultimaron a los malhechores. El tiroteo se produjo  en el edificio Negro Primero, ubicado entre las esquinas de La Marrón y Doctor Paúl, parroquia Catedral.

La edificación se encuentra invadida desde hace unos años, luego que llegaran miembros de los círculos bolivarianos. Desde entonces los propietarios tuvieron que marcharse un los apartamentos quedaron en manos de delincuentes.

Las constantes denuncias de los vecinos obligaron a los cuerpos policiales a estar más alerta. Los lugareños señalaban que con frecuencia llegaban personas secuestradas, esposadas y con los rostros cubiertos.  También los antisociales solían ingresar mercancías diversas y cajas Clap.

Madriguera criminal

Tras el operativo del Faes se logró rescatar a seis personas que las mantenían secuestradas en el edificio.  Los antisociales mantenían a los cautivos en diversos apartamentos mientras negociaban con sus familiares.

Uno de los delincuentes  muertos fue identificado como Cristofer Eduardo Verata Meléndez. El resto de los choros abatidos aún no ha sido identificad. Versiones policiales señalan que un sexto hampón pereció al caer al vacío durante la refriega. Los identificaron como Jesús Enrique Rodríguez Rangel de 27 años de edad.

No obstante, sus parientes aseguran que fue arrojado de manera deliberada. Piden que se realice una averiguación exhaustiva, profunda e imparcial.

Las víctimas liberadas son Noralys del Valle Linares Pérez, Cruz Ovidio Guanda Escobar, Erika Yolexis Rojas de Rauseo, Julio Rafael Fuente, Hipolito Pimentel Totumo y Maximiliano Rodríguez. En el sitio decomisaron una pistola, tres revólveres y una escopeta.

Las autoridades investigan en otras edificaciones invadidas de Caracas donde la delincuencia encontró un nicho apropiado.  Cometen delitos en las calles  y luego retornan para refugiarse.

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«Mi amiga me vendió» La historia de una venezolana violada en Trinidad y Tobago

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Venezolana violada en Trinidad y Tobago - ACN
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Una joven venezolana viajó Trinidad y Tobago en marzo de 2020. La que dijo ser su amiga la convenció de llevar una vida diferente en la vecina isla.

Su amiga la convenció y se marchó, sin saber que viviría una trágica experiencia.


La joven embarcó clandestinamente en un puerto de Tucupita con destino a Trinidad y Tobago. Era de madrugada, hacía mucho frío. Jamás había sentido el sereno marino. Era una niebla espesa, pero que por fortuna significaba, según la tripulación del bote, que no habría olas en el camino, relató.

La historia de una venezolana violada en Trinidad y Tobago

Un 7 de marzo de 2020, aproximadamente a las 5 de la mañana fueron lanzados al mar a orillas de una playa. Ella en compañía de otras chicas tuvieron que nadar “un pedazo grande” para llegar a tierra.

Allí fueron buscadas en camionetas por trinitarios desconocidos, aunque ellos mencionaron a quienes ellas sí conocían. Una notica que alivió a Ángela.

De este modo, Ángela llegó sin problema alguno hasta Princess Town. Una de las personas que la llevaba le ofreció dinero a unos oficiales de la policía, entonces supo que algo no andaba bien. Pero intentó calmarse.

El auto que la trasladó finalmente la dejó en casa de la amiga, una que conoció en Caracas y la convenció de viajar hasta allá.  Ya iban a ser las 8 de mañana. Ella estaba cansada, aunque sin sueño, llegó llena de arena, estaba empapada.

Su amiga le había preparado arepa con huevos, “para que me sintiera como en casa” y tras contarle lo vivido, le hablaron de un trabajo en un bar. Tras la pandemia del coronavirus estaba a punto de clausurar todo.

Ángela relata que estuvo dispuesta a trabajar en el bar. Sabía que era “lo más rápido” en ese país, también admite que sabía que debía vestir “sexy” para los clientes. “Pero hasta allí”, le insistió a su amiga.

“No chica, tranquila, cómo crees, yo no ando en eso”, es la frase que Ángela recuerda claramente, porque sería lo que la decepcionaría más luego.

Con el comercio cerrado y Ángela apenas recién llegada a Trinidad y Tobago, su amiga le propuso trabajar a escondidas en otro bar, propuesta que ella no aceptó. Lo vio muy arriesgado.

Otro horizonte

A finales de marzo la invitaron a un compartir con unos amigos trinitarios; lo vio como una oportunidad para socializar y de pronto acceder a otro tipo de trabajo que no fuera el de exhibirse.

Eran las 9 de la noche. Lloviznaba, Ángela, que sabe hablar inglés, porque sus padres fueron docentes de este idioma en Venezuela, estaba lista para sorprender.  A lo lejos vio una gran casa lujosa. Era blanca, tenía un gran garaje, piscinas, área verde, ventanas de vidrios y acabados caros.

Su amiga, Ángela, dos trinitarias y tres hombres de piel oscura, se sentaron en la sala de estar. Sirvieron champán y comenzó la fiesta. Ya eran las 11 de la noche. Uno de los hombres la miraba  con mucha intensidad.

“Desde que llegué me comenzó a bucear” ( miradas penetrantes intenciones sexuales).

Su amiga dijo conocerlo y que se lo presentaría. Y así ocurrió. Él dijo llamarse Jazz Mohamed y que vivía unos metros más adelante. Ángela aún no sacaba su arma secreta, que a la postre la salvaría: su inglés estadounidense.

Ya estaba mareada. Había tomado bastante y dejó de hacerlo, pero seguía cerca de Jazz, quien le hablaba “un español cruzado”, es decir que apenas lo “machucaba”. Entonces, él la invitó a dar una vuelta por el jardín. Era el momento oportuno para respirar aire puro.

Intentaron comunicarse fluidamente durante media hora, sin éxito. Tras un trago más que él trajo, diez minutos fueron suficientes para que Ángela se sintiera muy somnolienta.

Estaba como con mucho sueño y me daba vuelta la cabeza, estaba muy débil, no veía bien. Entonces supo que había sido drogada.

“Corrí , pero me caí, el me agarró, me agarró muy duro, yo intentaba huir, gritar, pero apenas podía gemir”.

Comenzó la pesadilla

Ángela explica que todo transcurrió como literalmente una pesadilla, porque quería moverse con todas su fuerzas, pero no podía. Él rompió su vestido negro: fue cuando la penetró bruscamente. Ella sintió que sus entrañas se les desgarraban, porque los movimientos del hombre eran violentos, mientras le pasaba su larga lengua por la cara.

Sentí mucho dolor aunque estuve drogada. Su miembro (se obviaron palabras explícitas) me hirió.

Tras varios minutos su peso cayó sobre el devastado cuerpo de Ángela por varios segundos, pronto se levantó, se abrochó el pantalón y salió corriendo. Ella permaneció tirada durante un tiempo que no recuerda muy bien y vio que sus partes sangraban. Tras arrastrase por la grama, perdió el conocimiento.

Despertó en una extraña habitación, no sabía qué hora era. Su cuerpo estaba adolorido, su cabeza estaba a punto de explotar. Tenía heridas leves y un protector vaginal.

Su amiga se le acercó y le explicó lo que había ocurrido, la abrazó y lloraron juntas. Ella dijo haber conocido a Jazz, pero aseguró desconocer de lo que era capaz. Posteriormente llegó el dueño de la gran casa lujosa y fue determinante para descubrir la trama sexual.

Yo le dije que solo era una cita y mira lo que hizo, ahora estamos en problemas. No, yo no estoy en problemas, tú y él están en problemas. Hablaron en inglés. Ángela estuvo a pocos segundos de desmayarse, pero regresó a la cama.

Tranquila, ya vamos a denunciar a la policía, primero recupérate, le insistió su amiga… La que consideraba su amiga.

Y siguió el infierno

Pronto regresaron a casa. Donde comenzaría otro infierno. Ella no informó de lo sucedido a sus familiares en Tucupita, en Puerto Ordaz, mucho menos a su abuela que vive en Caracas.

Si hablas te buscaré hasta debajo de las piedras, mald…, perr…, fueron los sucesivos WhatsApp que Ángela recibía a diario, sobre todo por las noches. Ella sabía que su amiga estaba involucrada, pero obvió darle razones por temor.

Fue una semana de amenazas. La última noche de Ángela en Trinidad y Tobago, le enviaron un WhatsApp donde le dijeron: “no denuncies, sabemos dónde estás, afuera está un carro negro”. El terror y la decisión final fue cuando lo verificó y era cierto.

Fue el momento en el que Ángela  decidió irse de Trinidad, fue una decisión firme, definitiva, gracias a Dios sigo viva. Supe que había sido víctima de una red de trata de personas, que probablemente involucraba a policías, no lo sé. Solo quería irme de ese infierno.

Ángela tiene 27 años, huyó de ese lugar por temor a ser asesinada. Ahora está en un país lejos de todo y tranquila, relató a Radio Fe y Alegría.

Ángela  está tranquila, tiene un novio de su edad que la quiere y cuida. Aunque admite haber tomado la peor decisión de irse a Trinidad y Tobago, estuvo lista para asumir su falla y recapacitar.

ACN/ Núcleo y Noticias

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