Salud y Fitness
Así actúan las vacunas contra la Covid-19 en nuestro organismo
Para entender cómo actúan las vacunas contra el Covid-19 es necesario conocer primero cómo nuestro organismo combate las enfermedades.
Cuando algún germen, como el virus que causa el Covid-19, invade nuestro organismo lo ataca y se multiplica. Esta invasión, llamada infección; es lo que causa la enfermedad.
Nuestro sistema inmunitario tiene diversas herramientas para combatir las infecciones. La sangre contiene glóbulos rojos que transportan oxígeno a los tejidos y órganos, y glóbulos blancos o inmunitarios que combaten las infecciones.
Tenemos diferentes tipos de glóbulos blancos, éstos combaten las infecciones de diferentes maneras:
- Los macrófagos son glóbulos blancos que absorben y digieren los gérmenes y las células muertas o a punto de morir. Los macrófagos dejan partes de los gérmenes invasores, llamados «antígenos». El organismo identifica los antígenos como peligrosos y estimula los anticuerpos para que los ataquen.
- Los linfocitos B son glóbulos blancos que actúan como defensa. Producen anticuerpos que atacan las partes del virus que dejaron atrás los macrófagos.
- Los linfocitos T son otro tipo de glóbulo blanco. Atacan a las células del organismo que ya están infectadas. La primera vez que una persona se infecta con el virus que causa el COVID-19; su cuerpo puede demorar varios días o semanas en desarrollar y usar todas las herramientas necesarias para combatir los gérmenes y vencer la infección. Después de la infección, el sistema inmunitario de la persona recuerda lo que aprendió sobre cómo proteger al organismo de la enfermedad.
El cuerpo conserva algunos linfocitos T, llamados ̈células de memoria ̈ que entran en acción rápidamente si el cuerpo vuelve a encontrar el mismo virus y los linfocitos B producen anticuerpos para atacarlos. En el caso del COVID, son los anticuerpos IgG e IgM.
Los anticuerpos IgM aparecen a los 7-10 días después del inicio de la infección y los anticuerpos IgG a los 18-20 días después del inicio de la infección; y en ese momento los IgM van desapareciendo hasta que llega un punto en que los IgG son positivos y los IgM negativos y ahí es cuando alcanzamos la inmunidad y ya se puede considerar que no hay carga viral contagiosa en nuestro cuerpo.
Los expertos siguen estudiando para comprender; durante cuánto tiempo estas células de memoria pueden proteger a una persona contra el virus que causa el COVID-19.
Cómo actúan las vacunas contra el COVID-19
Las vacunas contra el COVID-19 ayudan a nuestro organismo a desarrollar inmunidad contra el virus que causa el COVID-19; sin que para ello tengamos que contraer la enfermedad.
Los diferentes tipos de vacunas funcionan de diferentes maneras para ofrecer protección. Pero con todos los tipos de vacunas; el cuerpo se queda con un suministro de linfocitos T de «memoria» y linfocitos B que recordarán cómo combatir ese virus en el futuro.
Por lo general, el cuerpo tarda algunas semanas después de la vacunación en producir linfocitos T y linfocitos B.
Por consiguiente, es posible que una persona se infecte con el virus que causa el COVID-19 justo antes o justo después de vacunarse; y que se enferme porque la vacuna no tuvo suficiente tiempo para generar protección.
A veces, después de la vacunación, el proceso de generar inmunidad puede causar síntomas; por ejemplo fiebre. Estos síntomas son normales y señal de que el cuerpo está construyendo inmunidad.
Tipos de vacunas:
Actualmente, hay tres tipos principales de vacunas COVID-19 que están autorizadas y recomendadas; o que se encuentran en ensayos clínicos a gran escala (Fase 3) en los Estados Unidos y en Europa.
A continuación vemos cómo actúa cada tipo de vacuna para hacer que nuestro organismo reconozca el virus que causa el COVID-19 y nos proteja del mismo. Ninguna de estas vacunas puede hacer que nos enfermemos con el COVID-19.
- Las vacunas ARNm: contienen material del virus que causa el COVID-19; el cual instruye a nuestras células a crear una proteína inocua que es exclusiva del virus. Una vez que nuestras células copian la proteína, destruyen el material genético de la vacuna. Nuestro organismo reconoce que esa proteína no debería estar presente y crea linfocitos T y linfocitos B que recordarán cómo combatir el virus que causa el COVID-19; si nos infectamos en el futuro. En este grupo están la de MODERNA y PFIZER. Se necesitan dos dosis. Eficacia: 90-95%
- Las vacunas de subunidades de proteínas: incluyen partes inofensivas (proteínas) del virus que causa COVID-19 en lugar de todo el germen. Una vez vacunados; nuestros cuerpos reconocen que la proteína no debería estar allí y construyen linfocitos T y anticuerpos que recordarán cómo combatir el virus que causa COVID-19 si nos infectamos en el futuro.
- Las vacunas de Vector viral: contienen una versión modificada de un virus diferente al que causa COVID-19. Dentro del caparazón del virus modificado, hay material del virus que causa COVID-19. A esto se le llama «vector viral». Una vez que el vector viral está en nuestras células; el material genético les da instrucciones a las células para que produzcan una proteína que es exclusiva del virus que causa el COVID-19. Con estas instrucciones, nuestras células hacen copias de la proteína. Esto despierta en nuestro organismo una respuesta y empieza a crear linfocitos T y linfocitos B que recordarán cómo combatir el virus si nos llegamos a infectar en el futuro. En este grupo está la de JANSSEN de JHONSON & JHONSON, una sola dosis. Eficacia: 75% . Y también en este grupo está la de ASTRA ZENECA, dos dosis. Eficacia: 65% (No se recomienda en personas mayores de 55 años).
Conclusiones:
Cualquiera de las vacunas actuales, va a generar una respuesta en nuestro cuerpo que nos llevará a la inmunidad. De tal manera que una persona vacunada tendrá suficiente información en sus células para luchar contra el virus en caso de contraerlo en un futuro; ya que como hemos explicado anteriormente, con todos los tipos de vacunas, el cuerpo se queda con un suministro de linfocitos T de «memoria» y linfocitos B que recordarán cómo combatir ese virus en el futuro y no podrá desarrollar la enfermedad.
ACN/0800 Noticias
No dejes de leer: Tomás Rincón positivo a covid y viajan a Brasil 15 vinotinto emergentes
Infórmate al instante únete a nuestro canal de Telegram NoticiasACN
Salud y Fitness
El universo invisible de la piel y su papel en la salud cutánea
El cuerpo humano alberga billones de microorganismos que conviven en una relación de perfecta simbiosis, siendo la superficie cutánea uno de los hábitats más complejos y dinámicos de todo el organismo. Este ecosistema microscópico, conocido técnicamente como microbiota de la piel, está compuesto por una inmensa variedad de bacterias, hongos, virus y ácaros que desempeñan un papel fundamental en la preservación de la salud general y estética. A menudo, las personas tienden a percibir la superficie de su cuerpo como una barrera puramente física e inerte, ignorando que se trata de un tejido vivo y densamente poblado que interactúa constantemente con el entorno exterior. La precisión con la que estos microorganismos regulan las funciones biológicas del tejido es comparable a los complejos sistemas de análisis que utilizan los expertos en plataformas de apuesta futbol, donde cada variable, estadística y dato previo cuenta para anticipar un resultado con absoluta exactitud. De una manera similar, la ciencia dermatológica actual se esfuerza por descifrar cada componente de esta comunidad microbiana para predecir cómo responderá el tejido ante agresiones externas o tratamientos cosméticos específicos. Comprender la estructura de este escudo invisible nos permite desarrollar estrategias avanzadas de cuidado personal basadas en la evidencia científica y el respeto por el equilibrio biológico natural.
Composición biológica y diversidad del microbioma cutáneo
La diversidad celular que habita en el tejido cutáneo no es uniforme, sino que varía de manera drástica en función de las características fisiológicas de cada región corporal específica. Los estudios de secuenciación genética han demostrado que existen tres microambientes principales en la superficie del cuerpo humano, clasificados como zonas sebáceas, húmedas y secas. En las áreas con una alta producción de sebo, como el rostro, la espalda y el pecho, predomina de forma casi absoluta la bacteria denominada Cutibacterium acnes, la cual utiliza los lípidos del sebo como fuente primaria de energía para su metabolismo. Por el contrario, en las regiones húmedas y cálidas, como las axilas o los pliegues de los codos, se observa una mayor concentración de bacterias de los géneros Staphylococcus y Corynebacterium, que prosperan gracias a las condiciones de transpiración. Las zonas secas, representadas por los antebrazos y las piernas, albergan una mezcla mucho más heterogénea de microorganismos, incluyendo una presencia notable de hongos del género Malassezia. Esta distribución demuestra que la microbiota se adapta con una precisión asombrosa a la disponibilidad de nutrientes, la humedad y el pH del tejido, creando perfiles biológicos únicos para cada individuo.
La barrera inmunológica y los mecanismos de defensa natural
Una de las funciones más críticas de los microorganismos comensales es actuar como una línea de defensa activa frente a la colonización de patógenos externos potencialmente peligrosos. La microbiota saludable compite de forma agresiva por el espacio físico y los nutrientes disponibles en el estrato córneo, impidiendo que bacterias oportunistas como Staphylococcus aureus encuentren un lugar propicio para reproducirse y causar infecciones. Además, microorganismos como Staphylococcus epidermidis secretan de manera natural péptidos antimicrobianos que destruyen selectivamente las membranas de los patógenos invasores sin alterar las células propias del hospedador. Este proceso de exclusión competitiva se complementa con la capacidad de los microbios comensales para enviar señales químicas a las células del sistema inmunitario innato de la epidermis, como las células de Langerhans. A través de este diálogo molecular constante, la microbiota entrena y modula las respuestas inflamatorias del cuerpo, manteniendo al sistema inmunitario en un estado de alerta atenuada pero altamente eficiente, preparado para responder con rapidez ante cualquier agresión real.
Regulación del pH cutáneo y la síntesis de ácidos grasos
El mantenimiento de un entorno ligeramente ácido en la superficie de la piel, con un valor de pH que oscila idealmente entre cuatro coma cinco y cinco coma cinco, es indispensable para la integridad de la barrera cutánea. La microbiota desempeña un papel protagónico en la conservación de este manto ácido mediante la fermentación y degradación de los lípidos presentes en el sebo y el sudor segregados por las glándulas corporales. Las bacterias comensales transforman estos lípidos complejos en ácidos grasos libres de cadena corta, los cuales disminuyen el pH ambiental de la superficie del estrato córneo de forma constante. Este entorno ácido resulta letal para una gran cantidad de bacterias patógenas transitorias que prefieren ambientes neutros o alcalinos para desarrollarse adecuadamente. Asimismo, los ácidos grasos generados por el metabolismo bacteriano actúan como potentes agentes hidratantes naturales que ablandan el tejido epitelial y previenen la pérdida transepidérmica de agua. De este modo, la actividad metabólica de los microorganismos contribuye directamente a la flexibilidad, elasticidad y resistencia mecánica de toda la estructura de la piel frente a las tensiones físicas del día a día.
Disbiosis cutánea y su relación con el acné vulgar
Cuando el equilibrio cuantitativo y cualitativo de la comunidad microbiana se altera de forma significativa, se produce un fenómeno biológico denominado disbiosis, el cual está estrechamente vinculado con el desarrollo de patologías dermatológicas comunes. En el caso del acné vulgar, la medicina tradicional solía señalar a la bacteria Cutibacterium acnes como la única causante de la inflamación del folículo pilosebáceo. Sin embargo, las investigaciones contemporáneas revelan que el problema no radica en la simple presencia de esta bacteria, sino en la pérdida de diversidad entre sus diferentes cepas y el crecimiento excesivo de filotipos específicos. Cuando se produce una hiperproducción de sebo debida a cambios hormonales, las cepas más virulentas de esta bacteria proliferan de manera descontrolada, formando biopelículas densas que obstruyen el poro y desencadenan una respuesta inflamatoria severa. Este proceso demuestra que las enfermedades cutáneas crónicas suelen ser el resultado de una ruptura en la armonía del ecosistema, donde la pérdida de control de una población microbiana altera la homeostasis de todo el tejido circundante.
El papel del microbioma en la dermatitis atópica
La dermatitis atópica es otra afección crónica que ilustra de forma magistral cómo la alteración de la microbiota puede comprometer la salud y la integridad de la estructura de la piel. Los análisis clínicos de pacientes que experimentan brotes agudos de esta enfermedad muestran de manera sistemática una reducción drástica en la diversidad de su microbioma cutáneo, acompañada de una colonización masiva por parte de Staphylococcus aureus. Esta bacteria patógena aprovecha la disfunción de la barrera física de la piel para fijarse a los queratinocitos y liberar toxinas que destruyen los lípidos intercelulares y exacerban el prurito y la inflamación. La falta de bacterias beneficiosas como Staphylococcus epidermidis priva al tejido de los mecanismos naturales de control que normalmente frenarían la expansión de esta bacteria patógena. Los tratamientos modernos más prometedores para la dermatitis atópica se centran precisamente en restaurar la diversidad microbiana perdida, utilizando terapias biológicas destinadas a recolonizar el tejido con bacterias comensales capaces de neutralizar los factores de virulencia de los patógenos.
Factores externos que alteran el equilibrio microbiano
La estabilidad del ecosistema cutáneo se encuentra bajo la influencia constante de una multitud de factores ambientales, hábitos de higiene y productos de cuidado personal que aplicamos diariamente sobre nuestro cuerpo. El uso indiscriminado de jabones corporales agresivos con tensioactivos fuertes y un pH marcadamente alcalino barre de forma literal la capa lipídica superficial, eliminando tanto la suciedad como las poblaciones de bacterias beneficiosas. Del mismo modo, la aplicación excesiva de geles desinfectantes con altas concentraciones de alcohol y el uso frecuente de antibióticos tópicos destruyen el delicado tejido ecológico que tarda semanas en regenerarse por completo. La contaminación atmosférica de las grandes ciudades, la radiación ultravioleta procedente del sol y los niveles elevados de estrés psicológico crónico también alteran la composición del sudor y el sebo, modificando los nutrientes disponibles para los microorganismos. Esta combinación de agresiones externas crea un entorno hostil que debilita al escudo biológico de la piel, haciéndola mucho más susceptible al envejecimiento prematuro, la deshidratación y la aparición de irritaciones inexplicables.
Avances en cosmética basada en prebióticos y probióticos
La comprensión científica del microbioma ha revolucionado por completo la industria de la dermatología y la cosmética, impulsando el desarrollo de formulaciones avanzadas que buscan nutrir y proteger a los microorganismos aliados. Los ingredientes prebióticos, compuestos principalmente por azúcares complejos y fibras vegetales como la inulina, actúan como alimento exclusivo para las bacterias beneficiosas de la piel, estimulando su crecimiento y actividad metabólica selectiva. Por otra parte, la incorporación de probióticos, que en la cosmética actual suelen presentarse en forma de lisados bacterianos o fermentos inactivados de géneros como Lactobacillus o Bifidobacterium, aporta moléculas bioactivas que refuerzan la función barrera. Estos componentes biológicos ayudan a calmar la piel inflamada, aceleran los procesos de renovación celular y estimulan la producción propia de ceramidas por parte de los queratinocitos. Al enfocar el cuidado diario en optimizar la salud de los microorganismos residentes en lugar de intentar esterilizar la superficie cutánea, la cosmética moderna logra resultados mucho más profundos, duraderos y respetuosos con la fisiología del cuerpo.
El eje intestino piel y la influencia de la nutrición
La salud de la superficie de nuestro cuerpo no depende únicamente de los cuidados externos que le apliquemos, sino que se encuentra conectada de forma íntima con el estado del sistema digestivo a través del denominado eje intestino-piel. La comunidad científica ha comprobado que una alteración en la microbiota intestinal, provocada por una dieta rica en azúcares refinados y grasas saturadas, puede inducir un estado de inflamación sistémica de bajo grado. Esta inflamación aumenta la permeabilidad de la barrera intestinal, permitiendo que metabolitos bacterianos viajen a través del torrente sanguíneo hasta la dermis, donde alteran la producción de sebo y modifican el comportamiento de las bacterias locales. Por el contrario, una alimentación equilibrada que incluya abundantes alimentos fermentados como el kéfir y fibras solubles procedentes de verduras contribuye a mantener una microbiota intestinal saludable y diversa. Este equilibrio interno se refleja de manera directa en el rostro, manifestándose en una menor incidencia de brotes inflamatorios, una mejor retención de la humedad natural y una capacidad de cicatrización notablemente optimizada ante cualquier lesión menor.
Conclusión y pautas para el cuidado del ecosistema cutáneo
Garantizar la salud y la longevidad de nuestra piel requiere un cambio profundo de paradigma que nos lleve a considerar a este órgano como un jardín biológico delicado que debemos cultivar con paciencia y respeto. Al repasar los hallazgos científicos expuestos, queda claro que la limpieza obsesiva y la aplicación masiva de productos químicos desinfectantes son prácticas obsoletas que perjudican seriamente la diversidad celular de la epidermis. La estrategia idónea para el cuidado diario consiste en seleccionar limpiadores suaves con formulaciones que respeten el pH fisiológico y limitar la exfoliación física o química a frecuencias moderadas que no desestabilicen las colonias microbianas. Asimismo, resulta esencial proteger el tejido de la radiación solar mediante protectores solares que incluyan agentes hidratantes compatibles con la vida microbiana y mantener una rutina constante que evite los cambios bruscos de productos cosméticos. Si adoptamos un enfoque holístico que combine una nutrición adecuada, una gestión eficiente del estrés y una higiene respetuosa, lograremos que nuestra microbiota trabaje a pleno rendimiento, consolidando un escudo defensivo perfecto que mantendrá la piel radiante, elástica y saludable durante toda la vida.
-
Deportes21 horas agoAcefuc regresó a las competencias con espíritu de lucha
-
Carabobo22 horas agoGobernador Lacava y alcaldesa Niño inauguraron moderna Unidad de Hemato-Oncología Pediátrica en Hospital Dr. «Ángel Larralde»
-
Nacional22 horas agoUNIMET moviliza a más de mil voluntarios para rescate, atención y ayuda tras los sismos
-
Economía21 horas agoPrecio del dólar del 22 de julio no presenta incremento


