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¡Qué difícil unas elecciones libres y transparentes!

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¡Qué difícil unas elecciones libres y transparentes!: Por Francisco Mayorga.- El presidente Nicolás Maduro quiere salir del poder lo mejor posible; y entre los posibles anuncios, estaría convocar a elecciones para asegurar para la historia;  su condición cómo verdadero demócrata. Seguramente que las perderá,  pero un exilio “dorado” en Rusia, será su consuelo. Descartado el destierro  en Cuba;  porque el efecto dominó es la caída en la isla del régimen comunista.

La posibilidad de unos comicios con garantías democráticas y estándares internacionales;  debe sostenerse a través de una completa renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE);  y por supuesto, con la previa desocupación del control de los Poderes.

En la “victoria” de Nicolás Maduro en su reelección presidencial;  se evidenciaron diferentes acciones perjudiciales para la oposición con la ayuda del Consejo Nacional Electoral (CNE);  como impedir el registro de nuevos electores, modificación del registro de votantes; reubicación a última hora de centros de votación, eliminación del uso tinta indeleble y el captahuellas; violación de la Ley al impedir la sustitución de candidatos en el tarjetón.  Incuestionable  el ventajismo gubernamental;  sumado a la desmotivación de electores y la manipulación de cifras.

Para que las elecciones sean transparentes es necesario el cambio de las autoridades electorales;  quienes ya tienen demasiado tiempo con el régimen chavista.  Es fundamental depurar el Registro Electoral Permanente (REP) y habilitar a las organizaciones políticas que fueron anuladas por el CNE;  planteo Roberto Abdul, presidente del comité directivo de la asociación civil Súmate, ONG con experiencia tecnológica y logística en cobertura de eventos electorales.

Organizaciones como la Unión Europea y la OEA, con amplia experiencia en la observación electoral;  deben estar presente por los antecedentes de fraude electoral; así como la mayor cantidad de organismos internacionales imparciales. Miles de venezolanos con doble identidad deben ser depurados del REP;   y tomar en cuenta a todos los venezolanos que han salido del país y que tienen derecho a votar desde el exterior.

Una tarea muy compleja

Elecciones libres y transparentes conlleva la desarticulación de grupos armados;  los colectivos y  «disidencias» de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN);  las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), entre otros;  que  amedrentan y persiguen  e impiden  a los electores ejercer libremente su derecho al voto.

El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, debe exigir en las negociaciones en Barbados todas las acciones planteadas  como requisito indispensables en una medición de fuerza electoral con la participación de todos los venezolanos.

La participación del presidente de la chavista Constituyente en los comicios como un posible candidato presidencial es opcional, debido a que se trata de un presunto delincuente. Hay que recordar que EE.UU. sancionó a Diosdado Cabello por estar vinculado en la violación de los derechos humanos, el terrorismo y el narcotráfico internacional.

El despeje del chavismo de todas las esferas del poder quedaría implementado con una elecciones libres y transparentes pero queda pendiente la conformación de una fuerza de choque contra la desbandada de los grupos armados que custodiaban la dictadura, además de candidatos emergentes con una hoja de vida intachable.

Un colofón aparte, tal vez la filosofía de tu Iglesia no te convierta en un mejor ser humano ni tu respeto a  los derechos humanos tengan el signo de las Naciones Unidas, ya que está es una convicción que nace en el mismo  núcleo del ser.  Vivir en armonía con tu entorno puede ser la cuestión, porque no mancha la castidad lo que entra involuntariamente por tus ojos u oídos, sino los malos pensamientos que se albergan en el corazón.

ACN/fm

No deje de leer: «No se rindan» pide Guaidó a venezolanos

 

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¿Esto se entiende en Perú (y en Venezuela y…)?

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¿Esto se entiende en Perú (y en México y en Venezuela y en Argentina y…)?: Por Eliezer Budasoff.

Este artículo forma parte de Times Insider, una serie que retrata la vida de la redacción y la intimidad del trabajo periodístico detrás de los artículos, reportajes y columnas de opinión en The New York Times.

Desde que comenzó el proyecto de The New York Times en Español, en febrero de 2016, una de las preguntas más constantes que recibimos (dentro y fuera del Times) es cómo elegimos los artículos que traducimos. Se trata de una discusión que los editores del sitio en español mantenemos todos los días amablemente y que ha sido inseparable de otra discusión, a menudo más visceral y menos amable: ¿cómo los traducimos?

Desde Los Ángeles hasta Buenos Aires y desde las Islas Galápagos hasta Barcelona, el español que hablan nuestros lectores varía ampliamente. Solo en América Latina hay más de quince formas distintas de llamar a las palomitas de maíz (en mi ciudad natal es pororó), existen al menos trece formas de referirse a los sorbetes y hay diez maneras distintas de llamar a una vaquita de San Antonio (esos bichitos rojos con lunares negros a los que la superstición popular atribuye buena suerte), tantas como los nombres que se usan para los botines de fútbol. Un deporte que, de hecho, se escribe con acento o sin acento según el país en el que vivas, al igual que “cartel”, “panel” y “video”. La palabra coloquial que usan los venezolanos para decir que están furiosos es la misma que usan los peruanos o los colombianos para decir que están embargados por el deseo. Tenemos distintos nombres para las frutas, para los cortes de carne y para hablar de una ruptura amorosa. Y, por supuesto, todos los lectores están convencidos de que su forma de usar el idioma es la correcta.

EXPLORA NYTIMES.COM/ES

Los Cabos, un destino generoso y aventurero

Todos los editores que hacemos el Times en Español somos hispanohablantes nativos de México, Argentina y Venezuela, y varios hemos estudiado o trabajado en otros países como Perú, España, Paraguay y Estados Unidos.

The New York Times en Español publica entre cuarenta y cincuenta traducciones por semana, además de artículos de opinión y reportajes producidos originalmente en español. Incluso cuando seleccionar, traducir y editar artículos ocupa una gran parte de nuestro tiempo, el corazón de nuestra misión no es traducir textos a otro idioma, sino traducir una marca, una tradición periodística reconocida por su precisión, su imparcialidad y su calidad, a nuevos lectores.

Dar forma a la voz del Times en español implicó crear un nuevo estándar para el uso del idioma: desde el inicio nos dimos cuenta de que no podíamos traducir los textos a un español neutro —un español que no habla absolutamente nadie—, sino que debíamos encontrar maneras de reflejar la riqueza y la diversidad del idioma sin perder legibilidad. Nuestra tarea, tal como la vemos, es hacer entender a los lectores en castellano de distintas regiones que el periodismo del Times es para ellos y que les habla a ellos. Este principio atraviesa nuestro proceso de trabajo desde que elegimos los textos para traducir hasta que discutimos los titulares, y también es el origen de nuestros dilemas y aprendizajes.

Cuando no se trata de noticias de último momento, la mayoría de los artículos que decidimos publicar en español se envían a una agencia de traducción que trabaja con nosotros desde el inicio del proyecto y que ha adaptado su trabajo a nuestras decisiones de estilo. Una vez que el texto está traducido, la regla general es que pase por dos capas de edición (y, en una situación ideal, que los dos editores que trabajan un texto tengan una experiencia distinta del idioma).

Este proceso permite aprovechar nuestra propia diversidad para reducir los malentendidos. Lograr que ciertos usos o construcciones gramaticales que pueden ser naturales para un país o una región salten a la vista de un editor habituado a otros usos del español, y encontrar la solución intermedia más precisa y que mejor suene para todos. Una de las preguntas más repetidas que hacemos en la redacción, de hecho, es: “¿Esto se entiende en Perú (o en Argentina o en México o en Venezuela…)?”.

Muchas veces, resolver nuestras diferencias y dudas deriva en un proceso de investigación y consulta con libros especializados o instituciones rectoras del idioma como las academias de la lengua o Fundéu —dedicada a impulsar el buen uso del español en los medios— que lleva adelante Paulina Chavira, nuestra editora especialista en el uso y las reglas del español. Paulina es nuestra gurú del idioma y es también la responsable de actualizar nuestro manual de estilo, una tarea en elaboración y evolución permanente.

La autoridad y el entusiasmo de Paulina por el español exceden las fronteras de la redacción: su cuenta de Twitter es una fuente de consulta y asesoramiento para sus seguidores y, entre otras cosas, ha logrado que la Selección Mexicana de Fútbol corrigiera las camisetas de sus jugadores antes del Mundial de Rusia 2018 para incluir acentos en los apellidos, una omisión histórica que las hacía ortográficamente incorrectas.

En algunas ocasiones, este proceso nos ha llevado a crear reglas o incluso palabras para traducir de la mejor manera la mirada del Times. Como cuando decidimos usar “elle”, una adaptación al español de un pronombre sin marca de género (a diferencia de él/ella), para poder traducir adecuadamente este Lens sobre personas de género fluido o no binario; o cuando se decidió utilizar una regla flexible para acentuar palabras como fútbol o cártel —o no: futbol y cartel— para respetar el uso común en el país o la región a la que se refiere un artículo (lo que explica por qué los artículos sobre Pablo Escobar se refieren a su organización como “el Cartel de Medellín”, y aquellos sobre Joaquín “el Chapo” Guzmán hablan de “el Cártel de Sinaloa”).

Algunas de estas discusiones y sus soluciones, que surgen de nuestro propio trabajo o de consultas de los lectores, se han convertido de hecho en una sección de nuestro boletín (al que puedes suscribirte aquí) y en nuestra página web, donde compartimos con nuestros lectores algunas decisiones de estilo y Paulina ofrece actualizaciones que se hacen a las reglas ortográficas del español.

No existen algoritmos o diccionarios o herramientas de inteligencia artificial a prueba de errores que puedan resolver los esfuerzos de traducción que hacemos todos los días. Eso significa que dependemos de escucharnos entre nosotros y a nuestros lectores, de reconocer y valorar nuestros diferentes usos y experiencias y la pluralidad del idioma que compartimos.

El puente que hemos construido para llegar a nuestra audiencia (el puente que nosotros cruzamos cuando elegimos qué traducir y cómo hacerlo de la mejor manera), descansa en cuatro pilares básicos: no subestimamos los intereses ni la curiosidad de nuestros lectores; ofrecemos un periodismo global que ayude a entender las realidades locales; cuidamos de la riqueza del lenguaje y sus matices, y nunca dejamos de lado nuestra propia sensibilidad como lectores.

ACN/Álvaro Domínguez

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