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El que llena la barriga se olvida del que no come

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La vulnerabilidad - acn
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El que llena la barriga se olvida del que no come: Por Luis Fuenmayor Toro.- Es inaudito que hoy en Venezuela, quienes comen critiquen que quienes tienen hambre busquen cómo comer. Llaman a la gente a resistir, hablan de dignidad y fortaleza frente al régimen dictatorial, pero tienen el estómago lleno y sus necesidades satisfechas, por decir lo menos. Han vivido siempre de la renta petrolera, aunque no lo sepan o no quieran aceptarlo, pues ésta ha sido el exclusivo soporte de la vida nacional desde hace un siglo y no existe capital venezolano, ni grande ni pequeño, que no se haya hecho a la sombra de los negocios con el Estado. Quienes han gobernado han mantenido al pueblo, además de en la miseria, en la ignorancia, pues ésta no es producto del azar sino el resultado de un diseño social muy claro: dominarlo con la facilidad con la que lo han dominado. Cinco años promedio de educación formal teníamos en 1998, luego de 40 años de democracia representativa. Hoy, luego de 20 años adicionales de cacareo y robo revolucionario, la situación es similar aunque el gobierno se mienta a sí mismo.

Para quienes hacen política fuera de Venezuela, disfrutando de excelentes condiciones de vida, pues no han emigrado en la búsqueda de trabajo para sobrevivir, ni son como los exiliados políticos de Gómez y Pérez Jiménez, que subsistían con grandes esfuerzos y limitaciones, es extremadamente fácil proponer “salidas” que impliquen un mayor sufrimiento a los venezolanos, así como exigir “dignidad en la resistencia a la dictadura”. A quienes no comen, no tienen agua ni electricidad, caminan horas para trabajar por una remuneración miserable, sin medicinas para sus enfermos ni vacunas para sus hijos; en medio de la represión, del hostigamiento policial y las amenazas del hampa, es inhumano exigirles mayores sacrificios y que rechacen las ayudas gubernamentales con las que paliar sus infinitas necesidades.

Esas ayudas son iguales a las existentes en Venezuela desde 1958, para no ir más lejos. Al Plan de Emergencia de Larrazábal, luego del derrocamiento de Pérez Jiménez. Y para sólo referirnos al segundo gobierno de Caldera, diremos que tuvo 14 programas sociales: Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), Programa Alimentario Escolar (P.A.E.), de Multihogares y H.C.D., Alimentario Materno Infantil (PAMI), de Meriendas y Comedores (INN), de Dotación de Uniformes Escolares, de Capacitación y Empleo Joven, de Subsidio al Pasaje Estudiantil, de Subsidio Familiar, de Suministro de Medicamentos (SUMED), de Dotación de Ambulatorios, de Protección al Anciano, de Atención a los Pensionados y de Fortalecimiento Social.

No fue Chávez ni Maduro quienes inventaron las ayudas sociales, aunque griten que son los únicos que se han ocupado en Venezuela de los pobres y miserables. Es más, Chávez desmontó los programas sociales mencionados y dejó a la gente sin los mismos durante sus primeros 5 años. Esa es la verdad. Los retoma luego con el nombre de misiones obligado por el estancamiento político de su régimen y con un objetivo demagógico clientelar, que los anteriores programas no tenían. Tampoco es del Gobierno el dinero que se utiliza en los mismos. No es Maduro quien magnánimamente aprueba en cadena televisiva limosnas para los pobres, algo que nunca hicieron los jefes de Estado del siglo pasado. Pero allí está la maquinaria propagandística “socialista”, que más bien parece fascista, para inventar cualquier cantidad de absurdos e irrealidades.

Hoy, más del 85 por ciento de la gente es pobre. Los programas sociales deben ser extendidos a casi toda la población, y mucho más ante el paquetazo de ajustes neoliberales instrumentado por Maduro, que colocó a CAP a su izquierda. Es imprescindible la instrumentación de subsidios y quien administra los mismos decide que instrumento de control utilizará. Inaceptable y perversa es la condena hacia los pobres por utilizar el Carnet de la Patria, pues es una condición administrativa para recibir los subsidios directos que les corresponden y no son una dádiva de Maduro. Seguramente Julio Borges y otros no lo necesiten; ellos ganan en dólares y bastante y pueden pagar la gasolina de sus aviones. Pero dejen de exigirle a quienes no se han enriquecido a costillas de los demás, que no coman, que se trasladen a pie y que renuncien a lo que les corresponde.

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Confesiones de Walid Makled (I)

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Confesiones de Walid Makled (I): Por Casto Ocando.- La primera vez que supe del nombre de Fabio Zavarse Pabón fue cuando Walid Makled lo mencionó; en varios de los numerosos chats que intercambiamos a partir de fines del 2010, después de que el empresario acusado de narcotraficante; había sido capturado en Cúcuta, en un operativo organizado por la DEA y ejecutado por fuerzas de seguridad colombianas.

Makled estaba dispuesto a contar todo sobre sus vínculos con el gobierno chavista; y cómo mantenía en su nómina a más de 70 altos oficiales chavistas. En ese momento, el ahora mayor general Zavarse Pabón, integrante de la esa notable lista; no era más que un coronel recién ascendido que estaba al frente del Comando 25 de la Guardia Nacional, en Puerto Cabello.

Zavarse Pabón ya llevaba casi 5 años en el cargo, dos años más de lo usual; una anomalía que era posible debido a las poderosas conexiones del coronel.

Según me aseguró Makled, Zavarse Pabón era un protegido de dos figuras influyentes del gobierno de Hugo Chávez: la entonces presidenta de la Asamblea Nacional, Cilia Flores; y su marido el Canciller, Nicolás Maduro.

Makled tenía razones personales para denunciar; las actividades secretas del coronel comandante de la Guardia Nacional en Puerto Cabello. Zavarse controlaba un tercio de las operaciones del puerto, y actuaba con total impunidad, me dijo Makled; que por su lado controlaba los otros dos tercios de las instalaciones portuarias.

¿Cuáles eran estas actividades secretas del coronel Pabón?; “Controla la exportación de supuesta chatarra a través del puerto”, me respondió Makled.

Porque los contenedores en realidad salían en barcos cargados;  no de chatarra sino de costosas barras de hierro y aluminio que traía desde el estado Bolívar; en combinación con el entonces gobernador Francisco Rangel Gómez, y su famoso “Cartel de la Cabilla”;  que robaba abiertamente la materia prima para venderla sin ningún tipo de contraloría.

El negocio manejado por Zavarse era muy lucrativo. Las “exportaciones” de chatarra producían una no despreciable rentabilidad; alrededor de $1 millón cada semana, $4 millones al mes, casi $50 millones anuales. Las ganancias de la operación iban a parar, según Makled;  a las arcas del grupo comandado por Cilia Flores y Nicolás Maduro.

Aparentemente, Zavarse exigía además una parte de los pagos;  por no obstaculizar las “exportaciones” de estupefacientes que tenían en Puerto Cabello; el sitio de salida más activo del país, según la DEA.

Zavarse Pabón contaba con la complicidad del coronel Jesús Semprún;  en ese momento jefe de Almacenes en Puerto Cabello, otro protegido de Cilia y Nicolás;  que controlaba la salida de los contenedores de supuesta chatarra y quién sabe que otros “materiales” más.

Continuará…

ACN/CO/Redes

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