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Foro de Sao Paulo reunión de invasores

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Foro de Sao Paulo reunión de invasores: Por Luis Velázquez Alvaray.- Los foros suelen ser considerados de acuerdo a su naturaleza, una oportunidad para intercambiar ideas y experiencias.

El que ahora se reúne en Caracas es lo contrario en torno a las Ideas. Son marionetas ambulantes, animatronics antiguos, farsantes, que tienen por cerebro un muro de Berlín infranqueable.

Se autocalifican marxistas, ignorando la obsolescencia de un legado filosófico convertido en disparate, en utópica escatológica.

El materialismo dialéctico es un barco sin rumbo, por volteretas teóricas, en el océano global que impulsa hoy a reflexiones inteligentes de proyección científica universal.

El marxismo, convertido en manual de arqueología, es desconocido además, por el grupo de mercachifles, vividores y trúhanes, intoxicados del mal, manejados para destruir al compás de falsas ideologías de igualdad.

La ceguera de estos individuos alcanza niveles incalculables de incapacidad e ignorancia.  Inepcia latente sobre el papel del Estado en las sociedades globales, que requieren de sabiduría para el impulso del desarrollo económico y humano.

La herencia de los llamados marxistas a la Humanidad, es el apalancamiento del totalitarismo Comunista, comprobado fracaso histórico, que procrea el genocidio y violadores implacables de los derechos humanos.

Venezuela,  escogida como sitio de reunión, aloja en el “foro” toda clase de terroristas, ejércitos de ocupación, cárteles del narcotráfico, bajo la franquicia  del Castro-Chavismo, que ha estructurado una economía con los peores signos mundiales de retroceso, casi inédita,  por su calado destructivo   por sus frutos decadentes: hambre, miseria, inmigración o huida de un infierno.

Ni que hablar del progreso tecnológico. Los países bajo la égida del rojo sangre, del fracasado foro de Sao Paulo, han regresado a las cavernas, mientras buena parte del mundo se revoluciona industrialmente. Al país que llegan estos desvalijadores cerebrales, arranca el proceso nefasto y la muerte sobre el pueblo, arengando las consignas de los fósiles Castro-Chavistas.

Los allí reunidos, desconocen los utópicos planteamientos marxistas, superados por la historia y basan sus actuaciones bajo un supuesto anti-imperialismo, que tampoco saben que es: solo gritos de ultratumba; reducen el concepto de prosperidad a las élites familiares y clanes de aprovechadores. La famosa estructura social en su ensayo venezolano, es analizable efectivamente, en 2 clases, cuyo “paradigma infraestructural” es:

-El capital como relación social. Quienes hablan de igualdad han creado el más grande conglomerado humano, desasistido y lanzado a la pobreza sin contemplación alguna. El capital pertenece al grupo señalado que se mueve bajo la bandera de la delincuencia criminal internacional.

-El determinismo económico: errados planteamientos ejercidos a propósito, para mantener en la miseria y subyugado a 30 millones de venezolanos.

-La indeterminación de la coyuntura política. Obviamente se sustentan sobre la base del conflicto, a través de la fuerza para reinar.

El marxismo a todos los efectos ha muerto. Sus caricaturas como la cubana-venezolana, exhibe un rostro manchado de sangre, de injusticia, de tortura y de hambre.

Es la careta del usurpador, del terrorismo.

Es la careta de Adán Chávez, último representante del diente roto y emisario silencioso del mal, en el eje Caracas-Habana, que acaba de gastar millones de dólares para hospedar y alimentar malvivientes de todo el globo terráqueo.

Estos palafreneros de Ideas, los usurpadores, serán “los últimos marxistas de oro”, no por las críticas y análisis que se hacen a pensadores como Hobsbawm, sino por la riqueza que han expoliado este grupo de saqueadores universales.

La “revolución comunista” es como una penitencia, que agoniza, huyendo de la bandera del futuro.

ACN/LVA

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¿Esto se entiende en Perú (y en Venezuela y…)?

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¿Esto se entiende en Perú (y en México y en Venezuela y en Argentina y…)?: Por Eliezer Budasoff.

Este artículo forma parte de Times Insider, una serie que retrata la vida de la redacción y la intimidad del trabajo periodístico detrás de los artículos, reportajes y columnas de opinión en The New York Times.

Desde que comenzó el proyecto de The New York Times en Español, en febrero de 2016, una de las preguntas más constantes que recibimos (dentro y fuera del Times) es cómo elegimos los artículos que traducimos. Se trata de una discusión que los editores del sitio en español mantenemos todos los días amablemente y que ha sido inseparable de otra discusión, a menudo más visceral y menos amable: ¿cómo los traducimos?

Desde Los Ángeles hasta Buenos Aires y desde las Islas Galápagos hasta Barcelona, el español que hablan nuestros lectores varía ampliamente. Solo en América Latina hay más de quince formas distintas de llamar a las palomitas de maíz (en mi ciudad natal es pororó), existen al menos trece formas de referirse a los sorbetes y hay diez maneras distintas de llamar a una vaquita de San Antonio (esos bichitos rojos con lunares negros a los que la superstición popular atribuye buena suerte), tantas como los nombres que se usan para los botines de fútbol. Un deporte que, de hecho, se escribe con acento o sin acento según el país en el que vivas, al igual que “cartel”, “panel” y “video”. La palabra coloquial que usan los venezolanos para decir que están furiosos es la misma que usan los peruanos o los colombianos para decir que están embargados por el deseo. Tenemos distintos nombres para las frutas, para los cortes de carne y para hablar de una ruptura amorosa. Y, por supuesto, todos los lectores están convencidos de que su forma de usar el idioma es la correcta.

EXPLORA NYTIMES.COM/ES

Los Cabos, un destino generoso y aventurero

Todos los editores que hacemos el Times en Español somos hispanohablantes nativos de México, Argentina y Venezuela, y varios hemos estudiado o trabajado en otros países como Perú, España, Paraguay y Estados Unidos.

The New York Times en Español publica entre cuarenta y cincuenta traducciones por semana, además de artículos de opinión y reportajes producidos originalmente en español. Incluso cuando seleccionar, traducir y editar artículos ocupa una gran parte de nuestro tiempo, el corazón de nuestra misión no es traducir textos a otro idioma, sino traducir una marca, una tradición periodística reconocida por su precisión, su imparcialidad y su calidad, a nuevos lectores.

Dar forma a la voz del Times en español implicó crear un nuevo estándar para el uso del idioma: desde el inicio nos dimos cuenta de que no podíamos traducir los textos a un español neutro —un español que no habla absolutamente nadie—, sino que debíamos encontrar maneras de reflejar la riqueza y la diversidad del idioma sin perder legibilidad. Nuestra tarea, tal como la vemos, es hacer entender a los lectores en castellano de distintas regiones que el periodismo del Times es para ellos y que les habla a ellos. Este principio atraviesa nuestro proceso de trabajo desde que elegimos los textos para traducir hasta que discutimos los titulares, y también es el origen de nuestros dilemas y aprendizajes.

Cuando no se trata de noticias de último momento, la mayoría de los artículos que decidimos publicar en español se envían a una agencia de traducción que trabaja con nosotros desde el inicio del proyecto y que ha adaptado su trabajo a nuestras decisiones de estilo. Una vez que el texto está traducido, la regla general es que pase por dos capas de edición (y, en una situación ideal, que los dos editores que trabajan un texto tengan una experiencia distinta del idioma).

Este proceso permite aprovechar nuestra propia diversidad para reducir los malentendidos. Lograr que ciertos usos o construcciones gramaticales que pueden ser naturales para un país o una región salten a la vista de un editor habituado a otros usos del español, y encontrar la solución intermedia más precisa y que mejor suene para todos. Una de las preguntas más repetidas que hacemos en la redacción, de hecho, es: “¿Esto se entiende en Perú (o en Argentina o en México o en Venezuela…)?”.

Muchas veces, resolver nuestras diferencias y dudas deriva en un proceso de investigación y consulta con libros especializados o instituciones rectoras del idioma como las academias de la lengua o Fundéu —dedicada a impulsar el buen uso del español en los medios— que lleva adelante Paulina Chavira, nuestra editora especialista en el uso y las reglas del español. Paulina es nuestra gurú del idioma y es también la responsable de actualizar nuestro manual de estilo, una tarea en elaboración y evolución permanente.

La autoridad y el entusiasmo de Paulina por el español exceden las fronteras de la redacción: su cuenta de Twitter es una fuente de consulta y asesoramiento para sus seguidores y, entre otras cosas, ha logrado que la Selección Mexicana de Fútbol corrigiera las camisetas de sus jugadores antes del Mundial de Rusia 2018 para incluir acentos en los apellidos, una omisión histórica que las hacía ortográficamente incorrectas.

En algunas ocasiones, este proceso nos ha llevado a crear reglas o incluso palabras para traducir de la mejor manera la mirada del Times. Como cuando decidimos usar “elle”, una adaptación al español de un pronombre sin marca de género (a diferencia de él/ella), para poder traducir adecuadamente este Lens sobre personas de género fluido o no binario; o cuando se decidió utilizar una regla flexible para acentuar palabras como fútbol o cártel —o no: futbol y cartel— para respetar el uso común en el país o la región a la que se refiere un artículo (lo que explica por qué los artículos sobre Pablo Escobar se refieren a su organización como “el Cartel de Medellín”, y aquellos sobre Joaquín “el Chapo” Guzmán hablan de “el Cártel de Sinaloa”).

Algunas de estas discusiones y sus soluciones, que surgen de nuestro propio trabajo o de consultas de los lectores, se han convertido de hecho en una sección de nuestro boletín (al que puedes suscribirte aquí) y en nuestra página web, donde compartimos con nuestros lectores algunas decisiones de estilo y Paulina ofrece actualizaciones que se hacen a las reglas ortográficas del español.

No existen algoritmos o diccionarios o herramientas de inteligencia artificial a prueba de errores que puedan resolver los esfuerzos de traducción que hacemos todos los días. Eso significa que dependemos de escucharnos entre nosotros y a nuestros lectores, de reconocer y valorar nuestros diferentes usos y experiencias y la pluralidad del idioma que compartimos.

El puente que hemos construido para llegar a nuestra audiencia (el puente que nosotros cruzamos cuando elegimos qué traducir y cómo hacerlo de la mejor manera), descansa en cuatro pilares básicos: no subestimamos los intereses ni la curiosidad de nuestros lectores; ofrecemos un periodismo global que ayude a entender las realidades locales; cuidamos de la riqueza del lenguaje y sus matices, y nunca dejamos de lado nuestra propia sensibilidad como lectores.

ACN/Álvaro Domínguez

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