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Los frágiles acuerdos de Oslo y La Habana

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Opresión y represión - acn
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Los frágiles acuerdos de Oslo y La Habana: Por Cora Páez de Topel.- Las FARC anuncian retomar  las armas:  El video difundido en Venezuela a través de las redes sociales  por el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia  (FARC),   Iván Márquez,  el  pasado 29 de Agosto acompañado por una docena de guerrilleros armados con fusiles,  activó las señales de alarma de los gobiernos de Colombia y Venezuela, presididos sendos países por Iván Duque, del partido Frente Democrático  y por el presidente encargado Juan Guaidò, comprometidos ambos dirigentes en restaurar la paz y hacer respetar las leyes  como garantía de estabilidad política, económica y  social.  Señalan a Nicolás Maduro y a su grupo de usurpadores del poder de prestarle apoyo a esta guerrilla, al igual que al ELN que como es sabido opera desde territorio venezolano.

Juan Guaidò,  al conocerse el anuncio de Ivàn Màrquez, informó que instruyò al recién delegado  Comisionado Presidencial para Relaciones Exteriores, Julio Borges, para que se reùna con el Canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, a fin de evaluar acciones conjuntas de gobierno.  De igual manera, le manifestó al presidente de Colombia  el respaldo en la lucha armada que ha emprendido contra el terrorismo, que afecta a ambas naciones.  Diseñar estrategias políticas y acordar ideas para negociar una salida política. Colombia ha sido un gran apoyo en las difíciles circunstancias actuales  de Venezuela, al acoger a miles de refugiados que atraviesan la frontera terrestre de 2.200 kilòmetros entre ambos países en busca de trabajo y de mejores condiciones de vida.

Las FARC es el grupo guerrillero màs temible que ha conmocionado a Colombia en las últimas décadas, por lo que el anuncio de Ivan Marquez  de retomar la lucha  armada es una prueba de la frágil implementación  de los acuerdos que tuvieron lugar en Oslo y en la Habana,  expresado por el ex – presidente Alvaro Uribe tras la firma de la paz en Noviembre del 2016,  bajo el gobierno de Juan Manuel Santos.  En el plesbicito convocado en Colombia tras la firma de los acuerdos,  ganó el NO, significando que la mayoría de la poblaciòn no aprobó la falta de sanciones a los guerrilleros culpables de crímenes de guerra, narcotráfico y desalojo de millones de campesinos de sus tierras.

Los acuerdos de paz firmados en el 2016, no obstante, lograron la incorporación de unos 10.000 guerrilleros a la vida civil y quienes acordaron  dejar las armas, entre ellos Rodrigo Londoño, alias Timochenko,  dejaron a un lado las FARC para formar con esas mismas  siglas el partido político FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA del COMUN.

Què significa para Iván Márquez, Jesùs Santrich y el Paisa volver a las armas y  una nueva Constituyente,  al afirmar en el video difundido en territorio venezolano que el gobierno de Colombia traicionò los acuerdos de paz?   Serà que ellos pretenden que el país vecino derive hacia el castrocomunismo impulsado desde La Habana, tal como ha sucedido en Venezuela.  Que distinto sería que el grupo con fusiles encabezados por Marquez anunciaran, en lugar de revolución armada, llevar útiles escolares, abrir màs escuelas, cooperar con la superación de la pobreza en Colombia y en Venezuela.

La Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela sólo ha servido para promover lo contrario a  lo establecido en la Constitucion Nacional, cual es la defensa de la ley en todo su articulado.

Rochester, Septiembre del 2019.

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Esto no es normal

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Esto no es normal:  Por Moisés Naím.- ¿Qué tienen en común España, Italia, Israel y el Reino Unido? La incapacidad de formar gobiernos estables y capaces de gobernar. Y no son solo estos cuatro países los cuales, después de todo, cuentan con regímenes donde aún se respeta la división de poderes y los límites al poder del ejecutivo. Como sabemos, sobran los países donde la disfuncionalidad política es mucho más grave.

En todo el mundo, gobernar se está haciendo mas difícil y, en muchos casos, imposible. Estamos viendo cómo las elecciones ya no actúan como ancla que estabiliza la política y hace posible que el gobierno gobierne. Más bien, elecciones y referendos ahora revelan la profunda polarización del electorado, trancan el juego político y hacen imposible la toma de decisiones. Así, los resultados electorales formalizan y cuantifican la profunda fisura de la sociedad y, en algunos casos, contribuyen dificultan la convivencia civilizada entre las facciones. ¿Qué respuesta se le está dando a este problema? Convocar nuevas elecciones.

Pero gobernar no solo se le está haciendo más difícil a las democracias. Tampoco parece normal que Xi Jinping y Vladimir Putin, dos de los hombres más poderosos del mundo, tengan que estarse preocupando por protestas callejeras espontáneas protagonizadas principalmente por jóvenes desarmados. Xi y Putin ejercen un férreo control sobre sus respectivos países y quienes protestan en las calles de Hong Kong y Moscú no son una amenaza para la sobrevivencia de estos regímenes. Pero lo que sorprende es que Xi y Putin no hayan acabado antes con las protestas. Sería lo normal. Quizás la relativa tolerancia que vienen mostrando estos dos autócratas hacia estas marchas es un síntoma de cuán seguros se sienten y de la irrelevancia de las protestas. O quizás es porque no saben cómo combatirlas.

Estas protestas no tienen líderes obvios, ni jerarquías claras y la organización, coordinación y movilización de quienes participan en ellas depende de las redes sociales. En Hong Kong los líderes del gobierno pro Pekín se quejan de que, aunque quieran buscar arreglos con quienes protestan, no saben con quién negociar. Obviamente Xi y Putin podrían acabar con las protestas usando los métodos normales de las dictaduras: a sangre y fuego. Pero el uso de la fuerza siempre implica riesgos y puede hacer que en vez de acabar con las protestas las avive, convirtiéndolas en amenazas políticas más graves.

Eso pasó en Siria, por ejemplo, donde las marchas en la ciudad de Daraa en reacción al encarcelamiento y tortura de 15 estudiantes que estaban pintando grafitis en contra del gobierno, escalaron hasta convertirse en una guerra civil que lleva ocho años y se ha cobrado más de medio millón de vidas.

Pero si lo que está pasando en la política mundial no es normal, lo que está pasando en el medio ambiente lo es aún menos. Los datos son conocidos, las imágenes de todas partes del planeta mostrándonos las catástrofes producidas por incendios, lluvias torrenciales, sequías prolongadas y vientos huracanados son cotidianos. La evidencia científica es abrumadora y la inacción para atender esta amenaza lo es aún más. La parálisis para enfrentar con eficacia el cambio climático sin duda constituye el mayor peligro que enfrenta nuestra civilización.

La ineptitud de los gobiernos para responder a la emergencia climática es exacerbada por la influencia de intereses económicos. ExxonMobil y los hermanos Charles y David Koch son solo dos ejemplos de empresas y acaudalados individuos que durante décadas financiaron copiosamente “centros de investigación” y “científicos” dedicados a sembrar dudas sobre la gravedad del problema climático e impedir que los gobiernos adopten las políticas necesarias.

Que las grandes empresas influyan sobre el gobierno para evitar que tome decisiones que afecten sus ganancias no es nada nuevo. De hecho, es lo normal.

Lo que no es normal es que líderes de algunas de las empresas más grandes del mundo repudien públicamente la idea de que su objetivo primordial deba ser maximizar ganancias. Pero fue lo que ocurrió hace unas semanas cuando los jefes de 181 de las más grandes empresas estadounidenses firmaron un comunicado que mantiene exactamente eso. Estos altos ejecutivos afirman que las empresas privadas deben reconciliar los intereses de sus accionistas con los de sus clientes, empleados, proveedores y con los de las comunidades en las que operan.

Obviamente, estos titanes del capitalismo están llegando tarde a la conversación. Para muchos ya es obvio que resulta insostenible para cualquier empresa el ignorar los intereses y necesidades de los grupos de los cuales depende, además de sus accionistas. El debate es cómo hacerlo y, sobre todo, cómo garantizar que las empresas hagan lo que prometen. Hay algunos importantes líderes empresariales que tienen ideas al respecto.  Brad Smith, el presidente de Microsoft, por ejemplo, ha publicado un artículo en la revista The Atlantic intitulado «Las empresas tecnológicas necesitan más regulación».

Esto no es normal. Sin duda sorprende que el presidente de la decimosexta empresa más grande del mundo exhorte a los gobiernos a que regulen su industria. Pero esta, como las demás anomalías que hemos discutido aquí, todas sacadas de los noticieros de estos días, es tan solo un ejemplo más de cuán difícil de descifrar es el mundo en el que nos ha tocado vivir.

ACN/@moisesnaim

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