La fuerza del poder | ACN La fuerza del poder y desaliento
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La fuerza del poder

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Hacia el rescate - acn
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La fuerza del poder: Por Cora Páez de Topel.- Con desaliento sentimos que la solución pacífica para convocar elecciones libres y transparentes en Venezuela, dirigidas por el gobierno provisional  del presidente interino Juan Guaidò  nombrado el pasado 23 de Enero 2019  para conducir el proceso del “cese de la usurpación”,  no ha logrado los objetivos trazados.  El pueblo en la calle,  las múltiples manifestaciones de protesta de los estudiantes y los partidos de la oposición democrática, las sanciones económicas y diplomáticas a los dirigentes chavistas incursos en corrupción, los diálogos en la República Dominicana, Noruega o Barbados, los muertos y heridos víctimas de la dictadura chavista-madurista, la creación del Grupo de Lima, de la Unión Europea  y Norteamericana a favor del retorno de la democracia a Venezuela,  continúan siendo mecanismos fallidos para enfrentar a un régimen opresor que se niega por todos los medios a dejar el poder, apoyado por potencias mundiales como Rusia e Irán.

El pasado 30 de Abril  falló  la estrategia de la “Operación Libertad”  tratando de buscar una salida negociada.    El Día del Ejército que se celebró el 24 de Junio, el presidente interino Juan Guaidò se dirigió a las Fuerzas Armadas de Venezuela suplicándoles que se incorporen a una solución pacífica y que no se conviertan en escoltas de un dictador. El Jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de USA,  almirante Craig Faller en el inicio de una gira por Latinoamérica,  envió una carta a los militares venezolanos para estrechar los lazos entre ambos ejércitos, a pesar de las muchas diferencias que los dividen.

En la misma onda de buscar una solución pacífica,  el representante de Estados Unidos para Venezuela,  Elliot Abrams,  manifestó que hay opciones militares pero que por  ahora las presiones son diplomáticas, políticas y financieras para lograr que se respeten los derechos humanos del pueblo venezolano, considerando que la única negociación con Nicolás  Maduro es su salida del poder.   En las actuales circunstancias,  la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca – TIAR – es la estrategia más adecuada para manejar el conflicto en estos momentos, según las últimas declaraciones de importantes líderes de la región, considerando entre ellos al presidente interino Juan Guaidò, quien recientemente se  pronunció al respecto.

Cuando el poder se ejerce de forma dictatorial, quienes lo detentan no lo quieren soltar, aferrados al dominio que tienen sobre el territorio que controlan, apoyados por la fuerza de las armas dispuestas a disparar cuando el equilibrio se incline hacia el lado contrario.  El malestar económico, político y social afincado como un dolor agudo en la población venezolana,   herida en sus entrañas por la crisis humanitaria que la agobia,  no ha logrado sacudirse el yugo de la opresión.

La retórica del imperialismo en la voz de los simpatizantes de la izquierda revolucionaria se impone en los países “no alineados”, reunidos unos 500 representantes en el Foro de Sao Paulo celebrado en Caracas del 25 al 28 del mes de Julio p.p. para afianzar como una prioridad el control del gobierno de Nicolás Maduro, con el apoyo de la guerrilla armada.  En su condición de miembros de ese movimiento, arribaron los cancilleres de  Rusia, Irán y Cuba, quienes  están en la retaguardia del poder en Venezuela.

La dirigencia juvenil y el partido Primero Justicia protestaron la inversión multimillonaria en dólares para realizar el Foro, en medio de la crisis que padecen los venezolanos, denunciando que es una burla y un nuevo robo a la nación.  Sordos y ciegos a los reclamos, abierto el régimen a  los pronunciamientos de los “No Alineados”,  la situación nacional sigue complicada,  tratando de buscar una salida pacífica con países armados que sostienen que la fuerza está en el ejercicio del poder, por lo que no dejarlo perder es indispensable.

Rochester, 31 de Julio del 2019.

No deje de leer: Junta Militar asume el gobierno de Sudán(Opens in a new browser tab)

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¿Esto se entiende en Perú (y en Venezuela y…)?

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¿Esto se entiende en Perú (y en México y en Venezuela y en Argentina y…)?: Por Eliezer Budasoff.

Este artículo forma parte de Times Insider, una serie que retrata la vida de la redacción y la intimidad del trabajo periodístico detrás de los artículos, reportajes y columnas de opinión en The New York Times.

Desde que comenzó el proyecto de The New York Times en Español, en febrero de 2016, una de las preguntas más constantes que recibimos (dentro y fuera del Times) es cómo elegimos los artículos que traducimos. Se trata de una discusión que los editores del sitio en español mantenemos todos los días amablemente y que ha sido inseparable de otra discusión, a menudo más visceral y menos amable: ¿cómo los traducimos?

Desde Los Ángeles hasta Buenos Aires y desde las Islas Galápagos hasta Barcelona, el español que hablan nuestros lectores varía ampliamente. Solo en América Latina hay más de quince formas distintas de llamar a las palomitas de maíz (en mi ciudad natal es pororó), existen al menos trece formas de referirse a los sorbetes y hay diez maneras distintas de llamar a una vaquita de San Antonio (esos bichitos rojos con lunares negros a los que la superstición popular atribuye buena suerte), tantas como los nombres que se usan para los botines de fútbol. Un deporte que, de hecho, se escribe con acento o sin acento según el país en el que vivas, al igual que “cartel”, “panel” y “video”. La palabra coloquial que usan los venezolanos para decir que están furiosos es la misma que usan los peruanos o los colombianos para decir que están embargados por el deseo. Tenemos distintos nombres para las frutas, para los cortes de carne y para hablar de una ruptura amorosa. Y, por supuesto, todos los lectores están convencidos de que su forma de usar el idioma es la correcta.

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Los Cabos, un destino generoso y aventurero

Todos los editores que hacemos el Times en Español somos hispanohablantes nativos de México, Argentina y Venezuela, y varios hemos estudiado o trabajado en otros países como Perú, España, Paraguay y Estados Unidos.

The New York Times en Español publica entre cuarenta y cincuenta traducciones por semana, además de artículos de opinión y reportajes producidos originalmente en español. Incluso cuando seleccionar, traducir y editar artículos ocupa una gran parte de nuestro tiempo, el corazón de nuestra misión no es traducir textos a otro idioma, sino traducir una marca, una tradición periodística reconocida por su precisión, su imparcialidad y su calidad, a nuevos lectores.

Dar forma a la voz del Times en español implicó crear un nuevo estándar para el uso del idioma: desde el inicio nos dimos cuenta de que no podíamos traducir los textos a un español neutro —un español que no habla absolutamente nadie—, sino que debíamos encontrar maneras de reflejar la riqueza y la diversidad del idioma sin perder legibilidad. Nuestra tarea, tal como la vemos, es hacer entender a los lectores en castellano de distintas regiones que el periodismo del Times es para ellos y que les habla a ellos. Este principio atraviesa nuestro proceso de trabajo desde que elegimos los textos para traducir hasta que discutimos los titulares, y también es el origen de nuestros dilemas y aprendizajes.

Cuando no se trata de noticias de último momento, la mayoría de los artículos que decidimos publicar en español se envían a una agencia de traducción que trabaja con nosotros desde el inicio del proyecto y que ha adaptado su trabajo a nuestras decisiones de estilo. Una vez que el texto está traducido, la regla general es que pase por dos capas de edición (y, en una situación ideal, que los dos editores que trabajan un texto tengan una experiencia distinta del idioma).

Este proceso permite aprovechar nuestra propia diversidad para reducir los malentendidos. Lograr que ciertos usos o construcciones gramaticales que pueden ser naturales para un país o una región salten a la vista de un editor habituado a otros usos del español, y encontrar la solución intermedia más precisa y que mejor suene para todos. Una de las preguntas más repetidas que hacemos en la redacción, de hecho, es: “¿Esto se entiende en Perú (o en Argentina o en México o en Venezuela…)?”.

Muchas veces, resolver nuestras diferencias y dudas deriva en un proceso de investigación y consulta con libros especializados o instituciones rectoras del idioma como las academias de la lengua o Fundéu —dedicada a impulsar el buen uso del español en los medios— que lleva adelante Paulina Chavira, nuestra editora especialista en el uso y las reglas del español. Paulina es nuestra gurú del idioma y es también la responsable de actualizar nuestro manual de estilo, una tarea en elaboración y evolución permanente.

La autoridad y el entusiasmo de Paulina por el español exceden las fronteras de la redacción: su cuenta de Twitter es una fuente de consulta y asesoramiento para sus seguidores y, entre otras cosas, ha logrado que la Selección Mexicana de Fútbol corrigiera las camisetas de sus jugadores antes del Mundial de Rusia 2018 para incluir acentos en los apellidos, una omisión histórica que las hacía ortográficamente incorrectas.

En algunas ocasiones, este proceso nos ha llevado a crear reglas o incluso palabras para traducir de la mejor manera la mirada del Times. Como cuando decidimos usar “elle”, una adaptación al español de un pronombre sin marca de género (a diferencia de él/ella), para poder traducir adecuadamente este Lens sobre personas de género fluido o no binario; o cuando se decidió utilizar una regla flexible para acentuar palabras como fútbol o cártel —o no: futbol y cartel— para respetar el uso común en el país o la región a la que se refiere un artículo (lo que explica por qué los artículos sobre Pablo Escobar se refieren a su organización como “el Cartel de Medellín”, y aquellos sobre Joaquín “el Chapo” Guzmán hablan de “el Cártel de Sinaloa”).

Algunas de estas discusiones y sus soluciones, que surgen de nuestro propio trabajo o de consultas de los lectores, se han convertido de hecho en una sección de nuestro boletín (al que puedes suscribirte aquí) y en nuestra página web, donde compartimos con nuestros lectores algunas decisiones de estilo y Paulina ofrece actualizaciones que se hacen a las reglas ortográficas del español.

No existen algoritmos o diccionarios o herramientas de inteligencia artificial a prueba de errores que puedan resolver los esfuerzos de traducción que hacemos todos los días. Eso significa que dependemos de escucharnos entre nosotros y a nuestros lectores, de reconocer y valorar nuestros diferentes usos y experiencias y la pluralidad del idioma que compartimos.

El puente que hemos construido para llegar a nuestra audiencia (el puente que nosotros cruzamos cuando elegimos qué traducir y cómo hacerlo de la mejor manera), descansa en cuatro pilares básicos: no subestimamos los intereses ni la curiosidad de nuestros lectores; ofrecemos un periodismo global que ayude a entender las realidades locales; cuidamos de la riqueza del lenguaje y sus matices, y nunca dejamos de lado nuestra propia sensibilidad como lectores.

ACN/Álvaro Domínguez

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