¿Intervención militar en Venezuela? Ella dice... Él dice...
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¿Intervención militar en Venezuela?

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¿Intervención militar en Venezuela?/ Ella dice… Él dice… Por Sandy Aveledo –   Luis Eduardo Gallo.- Desde hace algunos años se vienen anunciando supuestas movilizaciones militares por parte de Colombia, Brasil y Estados Unidos, países que con el aval del Secretario General de la Organización de Estados Americanos, estarían planificando una invasión a Venezuela para deponer al presidente Nicolás Maduro.

De acuerdo a algunos analistas políticos la reciente visita del Secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson a México, Colombia, Argentina y Perú habría tenido por finalidad estrechar el cerco financiero contra el gobierno venezolano y sondear la posibilidad de intervenir militarmente en nuestro país.

El pasado 12 de Febrero el Fiscal General Tarek William Saab denunció que Colombia estaría preparando un ataque militar contra Venezuela, cosa que fue desmentida por el  general Alberto Mejía, Comandante del Ejército colombiano. Pero la reunión que el alto mando neogranadino sostuvo  hace poco con el almirante Kurt Kidd, Jefe del Comando Sur de los EE.UU, para coordinar  acciones contra el narcotráfico, ha generado más sospechas en Venezuela. ¿Se está planificando una intervención militar extranjera para deponer al presidente Maduro? ¿Contaría semejante aventura con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la comunidad internacional?

ELLA DICE…

Mucho se ha dicho sobre la intervención militar en Venezuela ¿Será cierto? ¿Y si la OEA o la ONU lo permiten, puede producirse una intervención militar extranjera en nuestro país?

Lo que sabemos hasta ahora es que hace tiempo se habla de brindar ayuda humanitaria a Venezuela y voceros del gobierno como el Ministro de la Defensa Padrino López han respondido que se trata de un escenario intervencionista montado por Estados Unidos, negando la crisis  y haciendo ver al mundo que 19 elecciones en 23 años convalidan la democracia en Venezuela, mientras la escasez, la inseguridad  y la miseria castigan al pueblo.  Si me preguntan,  para mí no habrá intervención militar por parte de Estados Unidos pero si serán más contundentes las sanciones hacia dirigentes del gobierno de Maduro, incluso si se celebran las elecciones pues está claro que con éste CNE, ninguna elección sería reconocida por la comunidad internacional.

Volviendo a la intervención, creo que este problema lo resolveremos los venezolanos, sin necesidad intervenciones militares de otros países que podrían agravar más nuestras penurias. Una transición podría ser la vía. Llegó la hora de plantearse escenarios reales ante la situación tan grave que vivimos. A quiénes esperan invasiones les digo, como se dice popularmente, que no es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar. No habrá intervención militar de ningún país y Dios mediante nosotros mismos saldremos adelante @[email protected] @SandyAveledoL

Él  DICE…

Por diversas razones el gobierno venezolano teme una intervención militar liderada por Estados Unidos.  Más allá del altisonante discurso antiimperialista con el que Maduro y los altos mandos militares aseguran que “defenderán la patria rodilla en tierra,” el miedo a una invasión norteamericana que los desaloje del poder es real. Es un temor sustentado además  en antecedentes relativamente recientes en la historia del continente.  Entre estos precedentes están la intervención de los Marines en República Dominicana en 1965, el apoyo a golpe de estado de Pinochet en Chile en 1973, la ocupación de Grenada en 1983, la invasión a Panamá en 1989 para deponer al general Noriega y la “invasión humanitaria” de Haití en 1994 durante el gobierno de Bill Clinton. La amenaza de una intervención militar extranjera existe y en un país en crisis muchos venezolanos la apoyan mientras que el gobierno de Maduro trata de sacar provecho político de dicha amenaza.

El asunto de las intervenciones militares de “carácter humanitario” y el derecho a intervenir en los asuntos internos de países en crisis como Venezuela se ha convertido en tema de discusión permanente en organizaciones internacionales como la ONU y la OEA. Muchas de esas intervenciones han terminado por agravar la situación de los países intervenidos como ocurrió en los casos de Libia, Siria, Iraq y Afganistán. Diálogo, elecciones transparentes y un difícil pero todavía posible proceso de reconciliación nacional constituyen la vía que tenemos que transitar para salir de esta crisis. No creo que la OEA ni la ONU apoyen una intervención militar en Venezuela. Yo tampoco la apoyo. @LuisEGalloG.

No deje de leer: El chavismo y sus delirios de invasión desde Colombia

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¿Esto se entiende en Perú (y en Venezuela y…)?

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¿Esto se entiende en Perú (y en México y en Venezuela y en Argentina y…)?: Por Eliezer Budasoff.

Este artículo forma parte de Times Insider, una serie que retrata la vida de la redacción y la intimidad del trabajo periodístico detrás de los artículos, reportajes y columnas de opinión en The New York Times.

Desde que comenzó el proyecto de The New York Times en Español, en febrero de 2016, una de las preguntas más constantes que recibimos (dentro y fuera del Times) es cómo elegimos los artículos que traducimos. Se trata de una discusión que los editores del sitio en español mantenemos todos los días amablemente y que ha sido inseparable de otra discusión, a menudo más visceral y menos amable: ¿cómo los traducimos?

Desde Los Ángeles hasta Buenos Aires y desde las Islas Galápagos hasta Barcelona, el español que hablan nuestros lectores varía ampliamente. Solo en América Latina hay más de quince formas distintas de llamar a las palomitas de maíz (en mi ciudad natal es pororó), existen al menos trece formas de referirse a los sorbetes y hay diez maneras distintas de llamar a una vaquita de San Antonio (esos bichitos rojos con lunares negros a los que la superstición popular atribuye buena suerte), tantas como los nombres que se usan para los botines de fútbol. Un deporte que, de hecho, se escribe con acento o sin acento según el país en el que vivas, al igual que “cartel”, “panel” y “video”. La palabra coloquial que usan los venezolanos para decir que están furiosos es la misma que usan los peruanos o los colombianos para decir que están embargados por el deseo. Tenemos distintos nombres para las frutas, para los cortes de carne y para hablar de una ruptura amorosa. Y, por supuesto, todos los lectores están convencidos de que su forma de usar el idioma es la correcta.

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Los Cabos, un destino generoso y aventurero

Todos los editores que hacemos el Times en Español somos hispanohablantes nativos de México, Argentina y Venezuela, y varios hemos estudiado o trabajado en otros países como Perú, España, Paraguay y Estados Unidos.

The New York Times en Español publica entre cuarenta y cincuenta traducciones por semana, además de artículos de opinión y reportajes producidos originalmente en español. Incluso cuando seleccionar, traducir y editar artículos ocupa una gran parte de nuestro tiempo, el corazón de nuestra misión no es traducir textos a otro idioma, sino traducir una marca, una tradición periodística reconocida por su precisión, su imparcialidad y su calidad, a nuevos lectores.

Dar forma a la voz del Times en español implicó crear un nuevo estándar para el uso del idioma: desde el inicio nos dimos cuenta de que no podíamos traducir los textos a un español neutro —un español que no habla absolutamente nadie—, sino que debíamos encontrar maneras de reflejar la riqueza y la diversidad del idioma sin perder legibilidad. Nuestra tarea, tal como la vemos, es hacer entender a los lectores en castellano de distintas regiones que el periodismo del Times es para ellos y que les habla a ellos. Este principio atraviesa nuestro proceso de trabajo desde que elegimos los textos para traducir hasta que discutimos los titulares, y también es el origen de nuestros dilemas y aprendizajes.

Cuando no se trata de noticias de último momento, la mayoría de los artículos que decidimos publicar en español se envían a una agencia de traducción que trabaja con nosotros desde el inicio del proyecto y que ha adaptado su trabajo a nuestras decisiones de estilo. Una vez que el texto está traducido, la regla general es que pase por dos capas de edición (y, en una situación ideal, que los dos editores que trabajan un texto tengan una experiencia distinta del idioma).

Este proceso permite aprovechar nuestra propia diversidad para reducir los malentendidos. Lograr que ciertos usos o construcciones gramaticales que pueden ser naturales para un país o una región salten a la vista de un editor habituado a otros usos del español, y encontrar la solución intermedia más precisa y que mejor suene para todos. Una de las preguntas más repetidas que hacemos en la redacción, de hecho, es: “¿Esto se entiende en Perú (o en Argentina o en México o en Venezuela…)?”.

Muchas veces, resolver nuestras diferencias y dudas deriva en un proceso de investigación y consulta con libros especializados o instituciones rectoras del idioma como las academias de la lengua o Fundéu —dedicada a impulsar el buen uso del español en los medios— que lleva adelante Paulina Chavira, nuestra editora especialista en el uso y las reglas del español. Paulina es nuestra gurú del idioma y es también la responsable de actualizar nuestro manual de estilo, una tarea en elaboración y evolución permanente.

La autoridad y el entusiasmo de Paulina por el español exceden las fronteras de la redacción: su cuenta de Twitter es una fuente de consulta y asesoramiento para sus seguidores y, entre otras cosas, ha logrado que la Selección Mexicana de Fútbol corrigiera las camisetas de sus jugadores antes del Mundial de Rusia 2018 para incluir acentos en los apellidos, una omisión histórica que las hacía ortográficamente incorrectas.

En algunas ocasiones, este proceso nos ha llevado a crear reglas o incluso palabras para traducir de la mejor manera la mirada del Times. Como cuando decidimos usar “elle”, una adaptación al español de un pronombre sin marca de género (a diferencia de él/ella), para poder traducir adecuadamente este Lens sobre personas de género fluido o no binario; o cuando se decidió utilizar una regla flexible para acentuar palabras como fútbol o cártel —o no: futbol y cartel— para respetar el uso común en el país o la región a la que se refiere un artículo (lo que explica por qué los artículos sobre Pablo Escobar se refieren a su organización como “el Cartel de Medellín”, y aquellos sobre Joaquín “el Chapo” Guzmán hablan de “el Cártel de Sinaloa”).

Algunas de estas discusiones y sus soluciones, que surgen de nuestro propio trabajo o de consultas de los lectores, se han convertido de hecho en una sección de nuestro boletín (al que puedes suscribirte aquí) y en nuestra página web, donde compartimos con nuestros lectores algunas decisiones de estilo y Paulina ofrece actualizaciones que se hacen a las reglas ortográficas del español.

No existen algoritmos o diccionarios o herramientas de inteligencia artificial a prueba de errores que puedan resolver los esfuerzos de traducción que hacemos todos los días. Eso significa que dependemos de escucharnos entre nosotros y a nuestros lectores, de reconocer y valorar nuestros diferentes usos y experiencias y la pluralidad del idioma que compartimos.

El puente que hemos construido para llegar a nuestra audiencia (el puente que nosotros cruzamos cuando elegimos qué traducir y cómo hacerlo de la mejor manera), descansa en cuatro pilares básicos: no subestimamos los intereses ni la curiosidad de nuestros lectores; ofrecemos un periodismo global que ayude a entender las realidades locales; cuidamos de la riqueza del lenguaje y sus matices, y nunca dejamos de lado nuestra propia sensibilidad como lectores.

ACN/Álvaro Domínguez

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