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La Autoridad moral de la conferencia episcopal

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Por: Cora Paez de Topel

La Conferencia Episcopal Venezolana es una institución de carácter permanente, de acuerdo al Concilio Vaticano II,  constituída oficialmente en el año 1997  por los obispos y arzobispos de la Iglesia Católica,  con la finalidad de  ejercer funciones pastorales respecto de los fieles de su  territorio, para promover el  bien común y la justicia social.   La Junta Directiva  se reúne cada trienio para nombrar los cargos que la conforman, por lo que en el mes de Enero 2022 quedaron constituídos Mons. Jesús González de Zarate como Presidente, Mons. Raúl Biord Castillo, Vicepresidente y Mario Del Valle, Secretario, para el período 2022  – 2025.

La Comisión Permanente, en ocasión de reunirse en esa oportunidad,  expresó una vez más  su preocupación frente a la prepotencia política de una minoría enquistada en el poder  y la apatía interna de la mayoría del pueblo venezolano, lo que ha llevado a la fractura de muchas opciones políticas partidistas, por lo cual  le piden a  los ciudadanos no quedarse en la diatriba y el conflicto, sino encararlos y trabajar para superarlos, en aras de un bien mayor, que es un presente y un futuro más digno, pidiendo trascender a lo comunitario en el conjunto de la realidad político social.

¨Compete a cada ciudadano la decisión de participar o no, para saber que ganamos o que perdemos como pueblo.  El bien común, norte de la política, implica un respeto y un diálogo permanente con las comunidades e instituciones sociales, inclusive si piensan distinto, o son de un partido diferente al gobernante.¨    Con fervor cristiano, apoyados por la Doctrina Social de la Iglesia,  continúan manifestando los obispos que Venezuela como nación está herida en su estructura humana, social e institucional, en gran medida como consecuencia de un modelo político autorreferencial, de vocación totalitaria  que, reiteradamente ha caracterizado como  ¨moralmente inaceptable¨ por su irrespeto, internacionalmente reconocido, de los derechos humanos, la destrucción de la estructura productiva y un empobrecimiento inédito de las grandes mayorías.
La Conferencia  Episcopal dice No al sistema comunal, que debilitará y probablemente eliminará las funciones de las gobernaciones, alcaldías y el poder local, además de las competencias efectivas de sus autoridades, con la finalidad de instaurar un poder hegemónico, contraviniendo lo estipulado en la Constitución Nacional.   De una manera clara y precisa, sin politiquería ni palabras altisonantes, el Episcopado se pronunció una vez más, exigiendo resguardar la integridad física de todos quienes luchan por los derechos humanos, por lo que piden la liberación de los presos políticos.

El sistema educativo en Venezuela está muy afectado, porque los docentes son víctimas de la crisis humanitaria, con un salario deficiente y el mal estado de las aulas escolares.  Asimismo, llama a equipar los hospitales y centros clínicos, para atender la salud del pueblo.

La Conferencia Episcopal convoca a deponer intereses particulares y buscar con acciones concretas el bienestar de todos, haciendo un llamado a la solidaridad, afirmando que ¨Sólo si nos unimos podremos sacar al país adelante y refundar nuestra Nación¨.

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La guerra de Ucrania

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Por: Cora Paez de Topel

Quienes seguimos las noticias internacionales día a día, lo que está pasando en el mundo más allá de nuestras fronteras, visto a través de los medios de comunicación, la televisión, el internet, no podemos menos de estar pendientes de lo que está sucediendo en Ucrania tras la invasión por parte de Rusia de ese país,  poco nombrado por nosotros hasta ahora desde que comenzó la guerra el 24 de Febrero pasado,  cuando la tragedia que aflige a su población  acapara la atención mundial, puesto que las imágenes de las ciudades, pueblos y  edificios destruídos por los misiles y bombas lanzados desde el espacio aéreo, arrasando con todo lo que encuentren a su paso,  son desgarradoras, con la mira puesta en la capital Kiev.

Seis millones de refugiados han dejado el país huyendo de la guerra, dejando sus casas y todas sus pertenencias para buscar asilo en otros países, generalmente fronterizos, en los que destaca Polonia por la buena acogida que les ha brindado a los ucranianos que  tratan de salvar sus vidas y las de sus hijos, cargando consigo el equipaje más elemental.   Otros  van para Alemania y muchos incluso se dirigen hacia América del Norte.    Miles de desplazados pasan semanas enteras escondidos  en los bunker, con muy poca alimentación y una sensación de angustia y dolor, al no saber cuando acabará ese terrible atropello, llorando la pérdida de sus bienes materiales y de sus seres queridos.

Destaca en todo este drama humano la valiente actitud del  presidente  Volodomir Zelensky  y de los soldados ucranianos, al igual que los cientos de miles de ciudadanos que no han bajado la guardia ante las agresiones del ejército ruso, dirigido por el presidente Wladimir Putin, quien inició esa mortífera guerra en procura de apoderarse de Ucrania, apoyado por el Jefe de la Diplomacia rusa Serguei Lavrov, esgrimiendo una excusa tan absurda como acabar con el nazismo, descartando el hecho que Zelensky es judío, lector de la Biblia, al igual que la mayoría de los ucranianos que son cristianos ortodoxos y humanitarios,  por lo que rechazan el antisemitismo de una manera contundente.

Lo que Wladimir Putin está ejecutando en Ucrania es un crimen de lesa humanidad, producto de la apetencia intervencionista similar a la vivida en la época del comunismo en  la Unión Soviética,  para expandir su poder militarista contra un país libre y soberano, que después de la caída del Muro de Berlín en el año 1989, logró su independencia y gobierno propio.  A semejanza de Joseph  Stalin,  Wladimir Putin es un político opresor del estado militarista,  dictador que no acepta a los líderes de la oposición,  que cuando se acerca la fecha de las elecciones los envía a la cárcel, tal como sucedió con  Aleksei Navalni, quien fue envenenado y continúa tras las rejas.

Los países de la Unión Europea apoyan la democracia ejercida en Ucrania por Zelensky, al igual que lo hace el Reino Unido, Canadá y los Estados Unidos, en tanto la China y su régimen comunista, al igual que Corea del Norte,  mantienen  una posición neutral.  El poder la OTAN se ejerce desde la esfera atlántica procurando la paz en el planeta tierra,  conociendo los riesgos de desatar la III Guerra Mundial.  Es aleccionador ver como los   principales líderes  de los países democráticos han roto relaciones económicas y políticas con la Rusia dominada por Putin, como una forma de sancionar su política intervencionista.   La reciente noticia de que tanto Finlandia como Suecia, que estaban renuentes a incorporarse a la OTAN,  ahora decidieron hacerlo para fortalecer la ayuda militar en caso de una invasión.

Ucrania posee importantes yacimietos de hierro y grandes instalaciones hidroeléctricas.  Es una región agrícola e industrial, productora de trigo, carbón y acero.  La guerra desatada en su territorio repercute en la economía mundial que ya de por sí estaba azotada por la pandemia del Coronavirus, empobreciendo aún más a muchos desplazados en una época de tantas convulsiones políticas, sociales y económicas.  La ayuda prestada a ese país por parte de los Estados Unidos, Canadá  y la Unión Europea,  para combatir a un agresor tan poderoso como  Rusia,  ha demostrado que en la unión está la fuerza, por lo que Wladimir Putín  tarde o temprano se verá obligado a retirarse.

Seguiremos pendientes de las noticias internacionales en la era de la globalización, cuando lo que pasa en otros lugares, por muy lejanos que sean, nos afectan a todos.  Ucrania se resiste a ser intervenida por Rusia que, al  pretender dividirla la debilitaría,  haciéndole perder su soberanía.  En tanto la guerra continúa, la tensión mundial está puesta en la Europa Oriental.

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