Opinión
La depresión en los presos políticos
La depresión en los presos políticos: Por Nasbly Kalinina.- “No hay peor castigo para un preso político que el olvido” (Gonzalo Himiob) Son las 3 de la mañana, me he despertado con muchas ganas de llorar sin razón aparente, la soledad en estás cuatro paredes se hace más profunda cuando me siento enferma y el deseo de ver a mi familia me envuelve. Escucho unas gotas de lluvia a través de la ventana y el olor a tierra mojada penetra mi cuerpo como recordándome que soy libre a pesar de la distancia y de que desde hace cuatro años no he podido volver a casa. “Soy libre”, repito en mi mente, mientras mi corazón se siente preso al no poder estar con los seres que más amo.
Hace algunos años sufrí una depresión severa producto de un estrés emocional. En aquel entonces me explicaron los diferentes tipos de depresiones existentes y al parecer la mía se debía a un desequilibrio en los químicos cerebrales y necesitaría tomar una pequeña dosis de antidepresivos para dejar de sentirme triste, lo cual no sonaba del todo mal hasta que me dijeron que sería de por vida.
No podía creerlo, luego de todo lo que había estudiado y de las veces que me había ido de casa cómo era posible que me dijeran que algo estaba mal en mi cerebro. Tenía que ser un error, un gigantesco y macabro error. Para mí, la doctora era una paranoica a quien debía de complacer para la tranquilidad de mi mamá, así que por un tiempo me tomé mi pastilla diaria hasta que me sentí mejor y las dejé. Desafortunadamente, las ganas de llorar volvieron una y otra vez que trataba de abandonarlas, por lo que terminé resignándome a no poder vivir sin ellas.
En el 2014 me vi obligada a emigrar a los Estados Unidos y en los primeros años me tocó vivir varios eventos traumáticos que me hicieron desear la muerte un par de veces al sentir que era la única forma de salir de aquella pesadilla. Por suerte y con la bendición de Dios logré recibir la ayuda médica necesaria y cuando me sentí emocional y psicológicamente estable comencé a estudiar todo lo referente a la depresión hasta dar con una fórmula para dejar los antidepresivos para siempre.
Para la fecha, llevo casi un año sin ellos, aunque no niego que en varias oportunidades me he sentido tentada por el estrés de estar lejos de mi familia y sola en un país donde cada quien vive su vida sin importarle lo que pase con el otro. Me he juramentado como Defensora Activa de los Derechos Humanos de la mano del Foro Penal y desde entonces me he ido involucrando con diferentes presos y familiares de ellos quienes han tocado mi corazón como nadie.
El ayudar a mis semejantes ha estado en mí, creo que desde que nací, y aunque siempre he estado envuelta directa o indirectamente en diferentes organizaciones no gubernamentales ninguna otra me había llenado tanto como el de abogar por los presos políticos. Cuando escuché que Boris Quiñones, un joven médico intentó quitarse la vida, sentí como si una lanza cruzaba mi alma y en un acto de total desesperación al identificarme con el dolor de aquel hermano encabecé una campaña mediática por su liberación con la ayuda del Foro Penal y todo su equipo partiendo desde mis compañeros aquí en Miami hasta Caracas con el apoyo de su director presidente Alfredo Romero quien al apiadarse de mis ruegos aprobó nuestra iniciativa, omitiendo todo el protocolo preliminar, dada la emergencia de aquel muchacho.
Desde aquello han pasado varios meses y con gran gratitud hacia el Foro Penal, sus directores y a todas las personas que se abocaron en este caso celebro que Boris hoy esté excarcelado. Sin embargo, al reflexionar sobre la depresión y los presos políticos, vienen a mi mente personas como Lorent Saleh, Kamel Salame, Luis Alejandro Mogollón, José Alberto Marulanda, Conrado Cifuentes, Ruperto Sánchez, Raúl Baduel, Williams Aguado, Antonio Garbi, Juan David Poletti, Rosa González y el resto de los inocentes que permanecen secuestrados por el régimen únicamente por pensar diferente.
Sueños para protegerlos de la depresión
En la soledad de mi habitación y el frío de la noche mi corazón vuela hacia ellos, se posa en sus camas y cuida sus sueños para protegerlos de la depresión que llega a atacarlos sorpresivamente como una fiera salvaje para robarles toda esperanza al sentirse olvidados. A ellos mi mensaje de amor y por ellos revelo mi historia para que entiendan que aun estando libres podemos ser presa de aquella alimaña.
No hay nada de qué avergonzarnos, somos hijos de Dios, frágiles y sensibles quienes en su momento hemos vivido diferentes grados de sufrimiento que nos han quebrado pero que no nos han vencido, ni lo harán mientras que estemos atentos y listos para defendernos.
En nuestra sociedad la depresión es un tabú y aún en países tan desarrollados como en el que vivo existe un nivel muy alto de personas que luchan día a día contra ella sin decirlo por miedo al desprecio público y así es cuando se ven casos de famosos como Robín Williams y Anthony Bourdain quienes a pesar de tener fama, dinero y amigos en un momento de desolación optaron por el suicidio.
Ni ustedes en esas rejas, ni nadie quien esté haciendo atacado por la depresión, están totalmente solos. Dios siempre está con nosotros y basta con que creamos de verdad para que nos mande un ángel a salvarnos, bien sea a través de la forma de un amigo, un ser querido o hasta un desconocido. Dios nos cuida pero es nuestra decisión aferrarnos a él, mientras los Defensores Activos seguimos unidos y apoyando a sus abogados hasta verlos en libertad, pues como dice el doctor Romero: “No hay que hacer justicia con propia mano, pero está en nuestras manos que se haga justicia”
#LiberenATODOSlosPresosPolíticos – @nasbly
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Opinión
Activos en el Activismo: El motor de la transición ciudadana en Venezuela
Por: Luis Junior Vivas
Valencia, junio de 2026
El activismo político no es una fuerza estática ni un simple registro de reclamos en papel; es el tejido vivo de la historia democrática. A lo largo de los siglos, los grandes giros de la humanidad —desde las sufragistas británicas hasta el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King— no nacieron en los despachos institucionales, sino en las calles, impulsados por ciudadanos comunes decididos a desafiar el statu quo.
En Venezuela, esta herencia es profunda. La identidad republicana del país se forjó bajo el fuego de un activismo civil y militar que rompió las cadenas coloniales, y se redefinió en el siglo XX con la Generación del 28, aquellos estudiantes que plantaron cara a la dictadura gomecista y sembraron las semillas de la era democrática. Hoy, esa necesidad de participación vuelve a ser el epicentro de la realidad nacional.
En el panorama contemporáneo, la figura de María Corina Machado ha redefinido el concepto de activismo en Venezuela. Su propuesta, enmarcada en un liberalismo popular y un férreo compromiso libertario, transformó la tradicional forma de hacer política en el país.
Machado ha demostrado que el activismo no se limita a las dinámicas de los partidos tradicionales; se trata de una lucha ética, de resistencia y de organización de base. Desafiando inhabilitaciones, bloqueos de carreteras y persecución, su presencia en cada rincón del territorio nacional y fuera de el ,despertó una fuerza ciudadana que parecía dormida, convirtiendo la causa de la libertad venezolana en un movimiento civil sin precedentes en la historia reciente de la región.
»Activos en el Activismo»: El eco que nace en Carabobo
Es precisamente en este contexto de movilización permanente donde nacen las ideas que guían la acción. Desde la Coordinación Regional de Activismo de Vente Carabobo, se acuñó una frase que hoy resuena como un mantra para miles de ciudadanos: «Activos en el Activismo».
Más que un eslogan de campaña, este término nació en tierras carabobeñas como un llamado a la acción consciente y permanente. Significa entender que la libertad no se espera pasivamente, sino que se construye a diario a través de la formación, la movilizació y la presencia en las comunidades. El estado Carabobo, históricamente vinculado a las gestas libertarias del país, vuelve a ponerse a la vanguardia conceptual de la resistencia civil con esta premisa.
El activismo venezolano se encuentra hoy en su encrucijada más crítica y determinante. En el marco de una compleja transición política, el objetivo inmediato está firmemente trazado: confluir y presionar por un proceso electoral presidencial con plenas garantías democráticas.
Los desafíos para quienes nos mantenemos «Activos en el Activismo» son monumentales:
Organización y defensa del voto: Estructurar y seguir fortaleciendo redes ciudadanas capaces de movilizar a millones de electores y cuidar cada sufragio en condiciones adversas en un inevitable proceso electoral que más temprano que tarde se realizará en nuestro país.
Vencer la censura: Convertir a cada ciudadano en un canal de información veraz ante el bloqueo de los medios de comunicación tradicionales, la persecusión y el amedrentamiento que aunque ha disminuido aún persiste por parte de las fuerzas del régimen.
Mantener la ruta pacífica y constitucional: Resistir las provocaciones que buscan desmovilizar a la población, manteniendo el foco en la vía electoral como el mecanismo legítimo para el cambio.
El camino hacia la transición presidencial no será sencillo, pero la historia demuestra que cuando una sociedad civil se organiza bajo un propósito claro, no hay estructura que pueda detenerla. El activismo en Venezuela ha dejado de ser una opción; hoy es el deber ciudadano que define el futuro de la República.
Abg. Luis Junior Vivas
Coordinador Regional de Activismo
Vente Carabobo
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