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Las «puñaladas» de Bachelet y Pepe Mujica

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Las “puñaladas” de Bachelet y Pepe Mujica: Por Javier Antonio Vivas Santana.- Las pragmáticas y metafóricas palabras de Nicolás Maduro en relación con el informe que Michelle Bachelet presentó ante la Organización de Naciones (ONU) sobre las múltiples violaciones de derechos humanos que desde Miraflores se ejecutan contra millones de venezolanos y que las consideró como «una puñalada»¹, y aunque más allá de intentar tapar la realidad organizando una comparsa con más de un millar dizque de «intelectuales internacionales», con un mal llamado «foro» de Sao Paulo, cuando ni siquiera estuvieron presentes de manera oficial representantes del Partido de los Trabajadores de Brasil – fundadores de esta Asamblea -, y menos las más importantes voces de la izquierda en América Latina, revela el fracaso de tal «reunión política» que terminó convertida en bazofia discursiva.

Así será el pueril y vacuo discurso que hubo en las diferentes intervenciones que hasta Diosdado Cabello – quien jamás ha escrito ni un artículo de opinión – se atrevió a decirle a la bradifrenia que tenía en semejante auditorio que debían tener «vocación de poder»² ¿Y qué habrá querido decir el presidente de la ilegal e ilegítima «constituyente» con tal frase? ¿Será acaso que se debe defender a ultranza a los grupos paramilitares, es decir, al margen de la ley, por el hecho que digan públicamente que ellos defienden una «revolución», como el caso de Valentin Santana y el colectivo armado «La Piedrita» a pesar de que éstos son criminales confesos? ¿O es qué «vocación de poder» implica convertirse en el principal defensor de órganos como las denominadas Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), las cuales Bachelet pidió en su informe su disolución ante las múltiples pruebas que existen contra tal grupo que actúa por órdenes del madurismo?

Y es que cuando Maduro y Cabello en conjunto hablan en semejantes términos suponemos que consideran erróneo que se diga que en Venezuela existe hiperinflación, hambre, miseria, asesinatos de inocentes – como el caso de las siete personas masacradas en Puerto Ordaz -, colapso de los servicios públicos, un desbordante éxodo de venezolanos, y por supuesto corrupción.

¡Claro! Si a la «vocación de poder» anexamos que en esa misma intervención Cabello dice que en «Venezuela estamos en una transición al socialismo» es porque niños, mujeres, hombres y ancianos tenemos que vivir tales calamidades para llegar a la «tierra prometida», cuando ellos como cúpula «socialista» viven en sendas mansiones, tienen cualquier cantidad de camionetas blindadas y de lujo a su disposición, sus hijos estudian en los afamados y más costosos colegios, o universidades del exterior, – esta aberración que aún no logro entender – almuerzan y cenan en exóticos restaurantes acompañados del respectivo «mayor de edad», mientras sus consortes y barraganas usan carteras, vestidos y zapatos de Carolina Herrera y similares. En otras palabras, lo que nos dice Cabello es que vivamos en el infierno, y que ellos desde el «cielo» nos llevarán al «paraíso», pero debemos entender que antes de ello, debemos pagar por nuestros pecados ¡Desgraciadas e infelices declaraciones!

Maduro: Bachelet nos metió “una puñalada” ¿Y “Pepe” Mujica? Pues, les atravesó la espada

Fue tal el fracaso del «foro» de Sao Paulo que Maduro tuvo que llamar a Díaz-Canel, el «presidente» de Cuba para que lo acompañara en la clausura del evento ante la ausencia de figuras importantes que pudieran darle mínima relevancia a una «asamblea» que concluyó con más pena que gloria, al punto que fue realizada el día del natalicio de Hugo Chávez buscando algún impacto mediático. No obstante, desde el exterior José «Pepe» Mujica simplemente destrozó lo que pudieron haber dicho unos panegíricos del madurismo, así como dejar desnudos en lo político a los autodenominados «hijos de Chávez, cuando el ex – guerrillero uruguayo dijo: «En Venezuela hay una dictadura» ³, sin obviar que el candidato presidencial del Frente Amplio y el ministro de Economía de Uruguay también hablaron en los mismos términos del líder izquierdista.

Ya vendrán los ataques contra «Pepe Mujica» tildándolo de «loco», «senil», «traidor», o cualquier epíteto, incluyendo el de «corrupto» que lo vincule con el imperialismo, aunque después de haber sido presidente continúe viviendo en su modesta casa y siga manejando su viejo Volkswagen.

En síntesis, y esto se lo decimos tanto a Maduro como a Cabello, si Michelle Bachelet les metió «una puñalada», no tengo dudas que «Pepe Mujica» les acaba de atravesar la espada por delante y hasta los intestinos de la política, porque si hubiese sido por la retaguardia, también lo estarían acusando de violencia de «género». A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

No deje de leer: José «Pepe» Mujica reconoció dictadura en Venezuela(Opens in a new browser tab)

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¿Esto se entiende en Perú (y en Venezuela y…)?

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¿Esto se entiende en Perú (y en México y en Venezuela y en Argentina y…)?: Por Eliezer Budasoff.

Este artículo forma parte de Times Insider, una serie que retrata la vida de la redacción y la intimidad del trabajo periodístico detrás de los artículos, reportajes y columnas de opinión en The New York Times.

Desde que comenzó el proyecto de The New York Times en Español, en febrero de 2016, una de las preguntas más constantes que recibimos (dentro y fuera del Times) es cómo elegimos los artículos que traducimos. Se trata de una discusión que los editores del sitio en español mantenemos todos los días amablemente y que ha sido inseparable de otra discusión, a menudo más visceral y menos amable: ¿cómo los traducimos?

Desde Los Ángeles hasta Buenos Aires y desde las Islas Galápagos hasta Barcelona, el español que hablan nuestros lectores varía ampliamente. Solo en América Latina hay más de quince formas distintas de llamar a las palomitas de maíz (en mi ciudad natal es pororó), existen al menos trece formas de referirse a los sorbetes y hay diez maneras distintas de llamar a una vaquita de San Antonio (esos bichitos rojos con lunares negros a los que la superstición popular atribuye buena suerte), tantas como los nombres que se usan para los botines de fútbol. Un deporte que, de hecho, se escribe con acento o sin acento según el país en el que vivas, al igual que “cartel”, “panel” y “video”. La palabra coloquial que usan los venezolanos para decir que están furiosos es la misma que usan los peruanos o los colombianos para decir que están embargados por el deseo. Tenemos distintos nombres para las frutas, para los cortes de carne y para hablar de una ruptura amorosa. Y, por supuesto, todos los lectores están convencidos de que su forma de usar el idioma es la correcta.

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The New York Times en Español publica entre cuarenta y cincuenta traducciones por semana, además de artículos de opinión y reportajes producidos originalmente en español. Incluso cuando seleccionar, traducir y editar artículos ocupa una gran parte de nuestro tiempo, el corazón de nuestra misión no es traducir textos a otro idioma, sino traducir una marca, una tradición periodística reconocida por su precisión, su imparcialidad y su calidad, a nuevos lectores.

Dar forma a la voz del Times en español implicó crear un nuevo estándar para el uso del idioma: desde el inicio nos dimos cuenta de que no podíamos traducir los textos a un español neutro —un español que no habla absolutamente nadie—, sino que debíamos encontrar maneras de reflejar la riqueza y la diversidad del idioma sin perder legibilidad. Nuestra tarea, tal como la vemos, es hacer entender a los lectores en castellano de distintas regiones que el periodismo del Times es para ellos y que les habla a ellos. Este principio atraviesa nuestro proceso de trabajo desde que elegimos los textos para traducir hasta que discutimos los titulares, y también es el origen de nuestros dilemas y aprendizajes.

Cuando no se trata de noticias de último momento, la mayoría de los artículos que decidimos publicar en español se envían a una agencia de traducción que trabaja con nosotros desde el inicio del proyecto y que ha adaptado su trabajo a nuestras decisiones de estilo. Una vez que el texto está traducido, la regla general es que pase por dos capas de edición (y, en una situación ideal, que los dos editores que trabajan un texto tengan una experiencia distinta del idioma).

Este proceso permite aprovechar nuestra propia diversidad para reducir los malentendidos. Lograr que ciertos usos o construcciones gramaticales que pueden ser naturales para un país o una región salten a la vista de un editor habituado a otros usos del español, y encontrar la solución intermedia más precisa y que mejor suene para todos. Una de las preguntas más repetidas que hacemos en la redacción, de hecho, es: “¿Esto se entiende en Perú (o en Argentina o en México o en Venezuela…)?”.

Muchas veces, resolver nuestras diferencias y dudas deriva en un proceso de investigación y consulta con libros especializados o instituciones rectoras del idioma como las academias de la lengua o Fundéu —dedicada a impulsar el buen uso del español en los medios— que lleva adelante Paulina Chavira, nuestra editora especialista en el uso y las reglas del español. Paulina es nuestra gurú del idioma y es también la responsable de actualizar nuestro manual de estilo, una tarea en elaboración y evolución permanente.

La autoridad y el entusiasmo de Paulina por el español exceden las fronteras de la redacción: su cuenta de Twitter es una fuente de consulta y asesoramiento para sus seguidores y, entre otras cosas, ha logrado que la Selección Mexicana de Fútbol corrigiera las camisetas de sus jugadores antes del Mundial de Rusia 2018 para incluir acentos en los apellidos, una omisión histórica que las hacía ortográficamente incorrectas.

En algunas ocasiones, este proceso nos ha llevado a crear reglas o incluso palabras para traducir de la mejor manera la mirada del Times. Como cuando decidimos usar “elle”, una adaptación al español de un pronombre sin marca de género (a diferencia de él/ella), para poder traducir adecuadamente este Lens sobre personas de género fluido o no binario; o cuando se decidió utilizar una regla flexible para acentuar palabras como fútbol o cártel —o no: futbol y cartel— para respetar el uso común en el país o la región a la que se refiere un artículo (lo que explica por qué los artículos sobre Pablo Escobar se refieren a su organización como “el Cartel de Medellín”, y aquellos sobre Joaquín “el Chapo” Guzmán hablan de “el Cártel de Sinaloa”).

Algunas de estas discusiones y sus soluciones, que surgen de nuestro propio trabajo o de consultas de los lectores, se han convertido de hecho en una sección de nuestro boletín (al que puedes suscribirte aquí) y en nuestra página web, donde compartimos con nuestros lectores algunas decisiones de estilo y Paulina ofrece actualizaciones que se hacen a las reglas ortográficas del español.

No existen algoritmos o diccionarios o herramientas de inteligencia artificial a prueba de errores que puedan resolver los esfuerzos de traducción que hacemos todos los días. Eso significa que dependemos de escucharnos entre nosotros y a nuestros lectores, de reconocer y valorar nuestros diferentes usos y experiencias y la pluralidad del idioma que compartimos.

El puente que hemos construido para llegar a nuestra audiencia (el puente que nosotros cruzamos cuando elegimos qué traducir y cómo hacerlo de la mejor manera), descansa en cuatro pilares básicos: no subestimamos los intereses ni la curiosidad de nuestros lectores; ofrecemos un periodismo global que ayude a entender las realidades locales; cuidamos de la riqueza del lenguaje y sus matices, y nunca dejamos de lado nuestra propia sensibilidad como lectores.

ACN/Álvaro Domínguez

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