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¿Latinos flemáticos?

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¿Latinos flemáticos?: Por Josué D. Fernández.- Muy atrás quedó la hora de hombres, y de muchas mujeres, latinoamericanos por excelencia, que sirvieron de patrón para identificar la vorágine a principios del siglo XX, entendida como la “pasión desenfrenada” según la cartilla regidora de la lengua española. Claramente, todo lo opuesto al ser flemático e imperturbable.

La actriz mexicana María Félix encarnaría a una de esas indomables mujeres, hace 75 años, en la película Doña Bárbara.  Testimonios clave de la vorágine también perdurarían en las obras del colombiano José Eustasio Rivera (1889-1928), “La Vorágine” de 1924; Doña Bárbara (1929), del venezolano Rómulo Gallegos (1884-1969), y Don Segundo Sombra (1929), del argentino Ricardo Güiraldes (1886-1927).  De la que sería temeraria y típica estirpe, de los últimos sobrevivientes de ficción se nombrarían a Justo Brito y Juan Tabares, “dos hombres de pelo en pecho como no pare otra madre”, quienes merecerían el repudio de Hugo Chávez acusados de “drogados,  borrachos, de machismo…”. Quizás una, de las últimas frases chavistas, para decir lo opuesto a lo que rondaba su cabeza, y a seis meses de su muerte, tal vez en busca de redención fuera de tiempo.

El tema del “hombre nuevo”, gastado cliché de las revoluciones comunistas,  término del que se desprendieron días atrás en la Constitución Cubana, pero destinada de manera invariable al control social, vendría al caso con la censura a Justo Brito y Juan Tabares, porque revelaría la promoción oficial abierta y descarada de la requerida sumisión del pueblo, forzada condición flemática conveniente al régimen, para imponer la esclavitud Siglo XXI.

Ampliaciones de los lamentables estragos se conocieron esta semana en el  Índice Global de Esclavitud 2018, de la Walk Free Foundation de Australia, donde se define la esclavitud como una “situación de explotación a la que una persona no puede negarse debido a amenazas, violencia, coerción, abuso de poder o engaño”.

En el “Índice Global de Esclavitud 2018 se cuenta que  174.000 personas sufren esa situación en territorio venezolano con una tasa de 5,6 por cada 1.000 habitantes. Proporción similar a la de Haití, donde unas 59.000 personas serían víctimas de dicho flagelo. A las incidencias de esclavitud moderna, también se suman República Dominicana, Cuba y Honduras, a pesar de que sus números no alcanzan las cifras de Venezuela”.

Ahora habría que decirle adiós al mito de  Justo Brito y Juan Tabares, o de Florentino que no se amilanó ni con el propio diablo, aunque ellos cobrarían supuestamente vida temporal con la explosión popular o sacudón conocido con el nombre de “caracazo”, del 27 de febrero al 8 de marzo de 1989. Sin muchos respiros en las condiciones peores de la actualidad, va en son nostálgico el poema de los dos personajes de pelo en pecho, como se le escuchó al “Tricolor de Venezuela”, Víctor Morillo,  fallecido en 2016. De la increíble e inducida “flema latina”, siguen comentarios luego…

Lo cierto es que por selección natural, exterminios de clases, o disuasión a la fuerza desde distintos flancos, por cansancio o vejez, resulta evidente la aniquilación de los seres dispuestos a jugarse la vida por desaires o percibidas ofensas, en el país gobernado por Nicolás Maduro que no solo se destaca por ser la nación con la inflación más alta del mundo y los salarios más bajos de la región, sino igualmente por ser uno de los que mantiene en vigencia la esclavitud.

Parece que una emergente corriente de latinos flemáticos anti natura se habría instalado en el territorio bolivariano, donde se hace visible la tolerancia e imperturbabilidad por la falta continuada de luz, de servicios telefónicos y de conexiones a Internet por robos de cables e incapacidad para detener actos de vandalismo, y a lo que hay que añadir la proliferación de moscas y demás transmisores de enfermedades en las calles que sufren por semanas el abandono de la basura urbana sin recolección, y se agravan epidemias por falta de medicinas y alimentación deficitaria.  Los latinos flemáticos sí tendrían a su cargo a otros gobiernos de la zona, entre ellos Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Uruguay en veremos, y el añadido reciente de México, quienes prefieren lavarse las manos ante la tremenda crisis humanitaria que envuelve a Venezuela.

De década anterior a la del furor de la película Doña Barbara, en Europa se escuchaba “No hay novedad”, en España en respuesta a la señora Baronesa; y en Francia a la “Tout va trés bien Mme. la Marquise”, reproducida de seguida en versión española de la radio orquesta Topolino. Chao.

Audio completo del suplemento «Experiencias Mayores», en la voz del autor, Josué D. Fernández –  https://youtu.be/_ioTOlf-mVw

El artículo adosado forma parte de “Experiencias Mayores”, encartado del programa “Estamos en el Aire”, a las 4:30 de la tarde, cada sábado. Breve espacio editorial ligero, canal de catarsis del desconcierto de su autor, con música a propósito del asunto que trata, entrevista y  gotas de humor.  Por http://www.radiorumbos670am.com.ve/, en cuya discusión los interesados pueden tomar parte por los teléfonos +58 212 284.04.94 y 285.27.35, o mediante mensajes directos por Twitter, a Josué Fernández, @jodofeal, por canal personal de YouTube, o aquí en  www.comunicadorcorporativo.blogspot.com

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Antonio Garbi, doble secuestro

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Antonio Garbi, doble secuestro: Por José Luis Centeno S.-

La pena de prisión sin condena que cumple Antonio José Garbi González viene a ser; en la dialéctica revolucionaria, sombría expresión del chantaje judicial; hecho a la sociedad venezolana que, inoculado en la administración de justicia; dio al traste en nuestro país con el sistema adversarial acusatorio; “que murió hace tiempo y nadie ni siquiera le prendió una vela”, según el jurista Leonardo Pereira Meléndez.

Primero fue el padre de este joven preso político; lo secuestran y desaparece entre exigencias de sus captores, un doloroso episodio; acentuado por efectivos militares que no dieron con su paradero después de recibir ingentes sumas de dinero; requeridas para garantizar el éxito de un rescate trastocado en timo; al igual que la causa penal iniciada contra Garbi González en Carabobo; radicada en Aragua -la “guillotina judicial”- y en veremos en la Sala de Casación Penal del TSJ.

El infortunio vuelve a perturbar la tranquilidad del hogar de Antonio José; cuando más de veinte efectivos policiales protagonizan otro secuestro, el suyo; un hecho irrefutable desde que dormía pegado al techo en un calabozo del CICPC; superando la sarna con medicina para perros y extorsiones continuadas en la cárcel de Tocuyito; sumadas a riesgos de muerte y enfermedades tan preocupantes; como las anomalías procesales que lo han mantenido tras las rejas por más de cinco años.

Secuestros con precedentes

De ambos secuestros existen precedentes, cada día más; no obstante, las causas y efectos se desvanecen en la cotidianidad de calamidades; surgidas de la situación país, que en el área penal son mayores con las Salas del TSJ publicando decisiones; incluso enfrentándose entre sí, violando su propia resolución No. 001-2020;  tocante a la suspensión de los procesos judiciales, mientras expedientes como el de Garbi espera en Sala Penal decisión del avocamiento solicitado por el Ministerio Público.

Si en cinco años el Poder Judicial en Fase del Juicio Oral; la de “mayor relevancia del proceso penal”, ha sido incapaz de materializar;  “plenariamente la prueba” que dice tener en contra de este muchacho; y de concretar principios como los de la “contradicción y de igualdad procesal”; notoriamente estamos ante un secuestro, cuyos responsables, a diferencia del sufrido por su padre; están identificados e insisten en prologar el cautiverio con violaciones de derechos humanos.

Decir secuestro, suena alarmante, aunque no causa el impacto emocional de otros tiempos; menos cuando las trasgresiones a las garantías procesales parecieran ser norma consuetudinaria; con la tendencia a ser admitidas como tales por la sociedad venezolana, implicando el peligro; de olvidar a quienes se les afecta el bien jurídico de la libertad; en un entramado judicial con más aristas políticas que jurídicas.

En este contexto, el secuestro de Antonio José Garbi González, como el de tantos presos políticos; es un atropello judicial, parte de aberraciones procesales adversadas con la solidaridad y tesón; en exigir libertad para los encarcelados por motivaciones políticas, algo que sin duda surte efectos positivos pese al desgaste propiciado por la putrefacción del Poder Judicial.

ACN/@jolcesal

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