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Leonel Sánchez, prisión, persecución y exilio (I)

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Leonel Sánchez, “prisión, persecución y exilio” (I): Por José Luis Centeno S.- Vino tarde a nuestro encuentro. Desconocía aquella ciudad donde esperaba una conexión aérea internacional para viajar con su madre, tras burlar la prohibición de salida de Venezuela y el cerco policial que seguía restringiendo su libertad después de aparentemente recuperarla al cesar su encarcelamiento en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) de El Helicoide.

Estaba en Cúcuta de paso, como millares de venezolanos. “¡Hermano!” Gritó al vernos, lleno de alegría. Si bien le resultaba difícil ocultar angustias y desvelos, su entusiasmo, lejos de sorprender, confirmaba su recio temple; la ausencia de justicia, la dolorosa prisión, la persecución y el hostigamiento lo llevaron al exilio sin hacer mella en su buen estado de ánimo, menos en su determinación.

A comienzos del año 2014, el ex preso político Leonel Eduardo Sánchez Camero se dedicó a cotizar en el mercado de divisas Forex por la vía online. Se despertaba temprano para empezar a cotizar en la bolsa europea a las 3 am. Para alternar el tiempo mientras cotizaba, crea una cuenta en Twitter orientada a dar información económica. Esa cuenta se llama @anonymuswar.

“Desde esa cuenta empecé hacer análisis económicos y los publicaba. Soy Economista y estoy claro que este sistema comunista, corrupto y autoritario es inviable. Desde esa cuenta era muy criticado y acosado por lo que serían los colectivos cibernéticos llamados la #tropa”.

Adelantó Leonel, antes de delinear el curso de hechos de altísimos riesgos, incluso implícitos en el exilio que apenas comenzaba atrincherado en la frontera con Colombia:

«El día 12 de febrero del año 2014, estalla lo que sería el comienzo de la lucha por la libertad en Venezuela. Empieza un proceso de protestas en la calle que se denominaron Guarimbas. Desde el punto de vista informativo ya se sentía un veto mediático, es entonces cuando mis seguidores empiezan a solicitarme que publicara información de esos acontecimientos, en vista que los canales de TV no sacaban nada.

Las redes sociales, sobre todo Twitter, empiezan a tener gran importancia en Venezuela. A mi cuenta llegaba mucha información de toda Venezuela, fotos, audios, videos y los publicaba a petición de los ciudadanos. Esa cuenta pasó de tener cientos de seguidores a miles de seguidores en muy poco tiempo, más de 100.000 seguidores y más de 5000 RT por cada TEEWS que publicaba. La cuenta tomó un liderazgo notorio en la red Twitter.

Esa fuerza la captó el régimen y empezaron a monitorear la cuenta, tanto los colectivos cibernéticos, patriotas cooperantes y los organismos de seguridad del régimen como el Sebin. En el programa con el Mazo dando salía siempre y Diosdado Cabello la consideraba una amenaza.

Un día hackean todas las web-site del régimen: Ejército, Guardia Nacional, Policía Nacional Bolivariana, Sebin, Dgcim y pare de contar, también los correos de Diosdado Cabello, usándolos la legión Anonymous expone todas las conversaciones de Diosdado con los colectivos. Esa información me la pasan y la publico en la cuenta @anonymuswar.

Desde ese momento Diosdado tiene una obsesión con mi persona. Empiezan a investigarme, y no daban con mi paradero ni quien era yo. Duraron 5 meses buscándome y ubicándome. La Ong Espacio Público divulgó un documento que filtró Nelson Bocaranda, donde el jefe del Sebin le pide al director de Conatel que ubique la cuenta @anonymuswar. Ante el acoso que tenía por Twitter di mi nombre y ellos metieron presos a 8 Leonel Sánchez en Venezuela. Hasta que dieron conmigo por una cuenta bancaria que tenía en el Banco Bicentenario.

Desde ese banco me hicieron un trabajo de inteligencia ofreciendo créditos. Me localizan al tiempo y mandan agentes del Sebin, vestidos de trabajadores de Corpoelec, para que entren a mi casa ubicada en Alto Barinas, en la ciudad de Barinas. Allí me llega el día 19 de agosto del año 2014, a las 12 de la noche, un grupo comando del Sebin, encabezado por la fiscal acusada y sancionada por violadora de derechos humanos, Katherine Harrintong, Fiscal Nacional número 20, encargada de meter preso a todo agitador y enemigo del régimen de Maduro. Diosdado Cabello mencionó muy contento mi captura en su programa televisivo.

Esa misma fiscal imputó a María Corina, Antonio Ledezma y muchos más casos políticos de alto perfil. Me llevan a la base del Sebin en Barinas y me trasladan en avión a la sede principal de ese organismo en Plaza Venezuela, a la cárcel de máxima seguridad llamada La Tumba. Ahí duré 50 días incomunicado y me trasladan a El Helicoide, donde estuve tres años y medio privado de libertad injustamente.»

La prisión adquirió otro aspecto, el otorgamiento de medida cautelar sustitutiva de la privativa de libertad a Leonel Sánchez ciertamente hizo a un lado las rejas, no así efectos perjudiciales al derecho consagrado en el Artículo 44 constitucional, tácitos en la falaz causa penal iniciada contra él, comprometiendo su dignidad e integridad personal y motivando la búsqueda de asilo en otras latitudes.

[email protected] o por mi cuenta en twitter @jolcesal

No deje de leer: El misterio rodea entrega del cadáver del capitán de corbeta asesinado(Opens in a new browser tab)

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¿Esto se entiende en Perú (y en Venezuela y…)?

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¿Esto se entiende en Perú (y en México y en Venezuela y en Argentina y…)?: Por Eliezer Budasoff.

Este artículo forma parte de Times Insider, una serie que retrata la vida de la redacción y la intimidad del trabajo periodístico detrás de los artículos, reportajes y columnas de opinión en The New York Times.

Desde que comenzó el proyecto de The New York Times en Español, en febrero de 2016, una de las preguntas más constantes que recibimos (dentro y fuera del Times) es cómo elegimos los artículos que traducimos. Se trata de una discusión que los editores del sitio en español mantenemos todos los días amablemente y que ha sido inseparable de otra discusión, a menudo más visceral y menos amable: ¿cómo los traducimos?

Desde Los Ángeles hasta Buenos Aires y desde las Islas Galápagos hasta Barcelona, el español que hablan nuestros lectores varía ampliamente. Solo en América Latina hay más de quince formas distintas de llamar a las palomitas de maíz (en mi ciudad natal es pororó), existen al menos trece formas de referirse a los sorbetes y hay diez maneras distintas de llamar a una vaquita de San Antonio (esos bichitos rojos con lunares negros a los que la superstición popular atribuye buena suerte), tantas como los nombres que se usan para los botines de fútbol. Un deporte que, de hecho, se escribe con acento o sin acento según el país en el que vivas, al igual que “cartel”, “panel” y “video”. La palabra coloquial que usan los venezolanos para decir que están furiosos es la misma que usan los peruanos o los colombianos para decir que están embargados por el deseo. Tenemos distintos nombres para las frutas, para los cortes de carne y para hablar de una ruptura amorosa. Y, por supuesto, todos los lectores están convencidos de que su forma de usar el idioma es la correcta.

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Los Cabos, un destino generoso y aventurero

Todos los editores que hacemos el Times en Español somos hispanohablantes nativos de México, Argentina y Venezuela, y varios hemos estudiado o trabajado en otros países como Perú, España, Paraguay y Estados Unidos.

The New York Times en Español publica entre cuarenta y cincuenta traducciones por semana, además de artículos de opinión y reportajes producidos originalmente en español. Incluso cuando seleccionar, traducir y editar artículos ocupa una gran parte de nuestro tiempo, el corazón de nuestra misión no es traducir textos a otro idioma, sino traducir una marca, una tradición periodística reconocida por su precisión, su imparcialidad y su calidad, a nuevos lectores.

Dar forma a la voz del Times en español implicó crear un nuevo estándar para el uso del idioma: desde el inicio nos dimos cuenta de que no podíamos traducir los textos a un español neutro —un español que no habla absolutamente nadie—, sino que debíamos encontrar maneras de reflejar la riqueza y la diversidad del idioma sin perder legibilidad. Nuestra tarea, tal como la vemos, es hacer entender a los lectores en castellano de distintas regiones que el periodismo del Times es para ellos y que les habla a ellos. Este principio atraviesa nuestro proceso de trabajo desde que elegimos los textos para traducir hasta que discutimos los titulares, y también es el origen de nuestros dilemas y aprendizajes.

Cuando no se trata de noticias de último momento, la mayoría de los artículos que decidimos publicar en español se envían a una agencia de traducción que trabaja con nosotros desde el inicio del proyecto y que ha adaptado su trabajo a nuestras decisiones de estilo. Una vez que el texto está traducido, la regla general es que pase por dos capas de edición (y, en una situación ideal, que los dos editores que trabajan un texto tengan una experiencia distinta del idioma).

Este proceso permite aprovechar nuestra propia diversidad para reducir los malentendidos. Lograr que ciertos usos o construcciones gramaticales que pueden ser naturales para un país o una región salten a la vista de un editor habituado a otros usos del español, y encontrar la solución intermedia más precisa y que mejor suene para todos. Una de las preguntas más repetidas que hacemos en la redacción, de hecho, es: “¿Esto se entiende en Perú (o en Argentina o en México o en Venezuela…)?”.

Muchas veces, resolver nuestras diferencias y dudas deriva en un proceso de investigación y consulta con libros especializados o instituciones rectoras del idioma como las academias de la lengua o Fundéu —dedicada a impulsar el buen uso del español en los medios— que lleva adelante Paulina Chavira, nuestra editora especialista en el uso y las reglas del español. Paulina es nuestra gurú del idioma y es también la responsable de actualizar nuestro manual de estilo, una tarea en elaboración y evolución permanente.

La autoridad y el entusiasmo de Paulina por el español exceden las fronteras de la redacción: su cuenta de Twitter es una fuente de consulta y asesoramiento para sus seguidores y, entre otras cosas, ha logrado que la Selección Mexicana de Fútbol corrigiera las camisetas de sus jugadores antes del Mundial de Rusia 2018 para incluir acentos en los apellidos, una omisión histórica que las hacía ortográficamente incorrectas.

En algunas ocasiones, este proceso nos ha llevado a crear reglas o incluso palabras para traducir de la mejor manera la mirada del Times. Como cuando decidimos usar “elle”, una adaptación al español de un pronombre sin marca de género (a diferencia de él/ella), para poder traducir adecuadamente este Lens sobre personas de género fluido o no binario; o cuando se decidió utilizar una regla flexible para acentuar palabras como fútbol o cártel —o no: futbol y cartel— para respetar el uso común en el país o la región a la que se refiere un artículo (lo que explica por qué los artículos sobre Pablo Escobar se refieren a su organización como “el Cartel de Medellín”, y aquellos sobre Joaquín “el Chapo” Guzmán hablan de “el Cártel de Sinaloa”).

Algunas de estas discusiones y sus soluciones, que surgen de nuestro propio trabajo o de consultas de los lectores, se han convertido de hecho en una sección de nuestro boletín (al que puedes suscribirte aquí) y en nuestra página web, donde compartimos con nuestros lectores algunas decisiones de estilo y Paulina ofrece actualizaciones que se hacen a las reglas ortográficas del español.

No existen algoritmos o diccionarios o herramientas de inteligencia artificial a prueba de errores que puedan resolver los esfuerzos de traducción que hacemos todos los días. Eso significa que dependemos de escucharnos entre nosotros y a nuestros lectores, de reconocer y valorar nuestros diferentes usos y experiencias y la pluralidad del idioma que compartimos.

El puente que hemos construido para llegar a nuestra audiencia (el puente que nosotros cruzamos cuando elegimos qué traducir y cómo hacerlo de la mejor manera), descansa en cuatro pilares básicos: no subestimamos los intereses ni la curiosidad de nuestros lectores; ofrecemos un periodismo global que ayude a entender las realidades locales; cuidamos de la riqueza del lenguaje y sus matices, y nunca dejamos de lado nuestra propia sensibilidad como lectores.

ACN/Álvaro Domínguez

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