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No todo lo que brilla es oro

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Venezuela en el listado de la BBC - acn
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No todo lo que brilla es oro: Por María Auxiliadora Dubuc P.- Esta semana específicamente, el domingo pasado, en un acto de Gobierno con políticos y empresarios en Caracas, transmitido en cadena nacional, Nicolás nos hace un nuevo anuncio, explicó que estuvo preparando personalmente este mecanismo junto al Banco Central (BCV), de manera que la sorpresa no se hizo esperar, ahora a Nicolás se le ocurrió la maravillosa idea de vender lingotes de oro, lingoticos, como un incentivo para promover el ahorro en Venezuela, así que a partir del 11 de septiembre empezará la venta de pequeñas láminas de oro al venezolano, se trata de otra acción de su Gobierno para hacer frente a la severa crisis económica nacional, en un país donde la hiperinflación anula toda posibilidad de inversión o ahorro, haciéndolo virtualmente un tema inexistente e inviable.

Esta  nueva idea va dirigida a los pensionados, jubilados y trabajadores, ya que según Nicolás, mediante la venta de pequeños lingotes o lingoticos de oro de 1,5 gramos y de hasta 2.5 gramos que estarán certificados por el Banco Central de Venezuela (BCV), se coadyuvara a estimular el ahorro para paliar la crisis.

En este orden de ideas, el lingote de 2.5 gramos tendrá un costo de 6.300 bolívares soberanos, unos $95.86 a la tasa oficial del mecanismo de subasta, DICOM que ahora es la única tasa de cambio oficial. En tanto, la pieza de 1.5 gramos se venderá en 3,780 bolívares soberanos, es decir, unos $57.51. Asimismo, su precio variará de acuerdo al peso de cada lámina. Los lingotes de oro provienen de Guayana, la zona del país de mayores reservas del oro, donde el Banco Central de Venezuela (BCV) viene comprándolo a la pequeña minería.

Afirmo Maduro que  la nueva opción de ahorro y de inversión, ya está casi lista y la  activará en los próximos días. Y aseguro: “Se trata del ‘petro oro’, aquí está, físicamente aquí la tenemos, esta sí va a tener existencia física, el petro oro, para que usted pueda ahorrar” y prosiguió: “Ha llegado el momento de ahorrar en oro, tengo dos modalidades de ahorro, podrán adquirir los lingotes en oro con bolívares soberanos, aquí les presento el lingote de 1,5 gramos y de 2,5 gramos de oro que podrán ser adquiridos, la idea es que el ciudadano pueda tener acceso a ese dinero cuyo valor se sostendría en el tiempo, para una cuota inicial de un apartamento, para comprar un carro, para un negocio, como debe ser. Usted podrá invertir en bolívares, en criptomoneda o en divisas convertibles, en su oro convertible, usted podrá comprarlo, y la inversión le queda sólida”.

Por otro lado, el Presidente del Banco Central de Venezuela (BCV), explicó que no habrá limitación para la compra de oro cuyo valor se regirá por el precio internacional de modo que próximamente saldrán a la venta al público estos mini lingotes de oro, todo lo cual permitirá a la población respaldar sus activos funcionando como un mecanismo de ahorro.

Las láminas estarán “selladas y clasificadas”, y se expenderán con una etiqueta que muestra, entre otros detalles, con la firma del Libertador venezolano, Simón Bolívar, saldrán al mercado el próximo  11 de septiembre  en forma de certificados de ahorro en oro, estos papeles tendrán vigencia de 1 año, pero podrán monetizarse también en 3 meses; además afirmó que los certificados serán vendidos a los trabajadores, pensionados y jubilados, en la seguridad que este mecanismo conjurará la crisis que abate al país.

El vicepresidente del área económica, Tareck El Aissami, por su parte dijo que por cada pequeño lingote se emitirán 10 certificados electrónicos, pero no dio más precisiones.

Esta iniciativa de ahorro en oro también forma parte del  nuevo plan económico ideado por el propio Maduro, el cual está destinado a enfrentar la hiperinflación que nos azota,  la merma de los ingresos del gobierno y la debacle económica, en la que nos encontramos.

Como ya sabemos, en Venezuela rige un férreo control de cambios y precios desde el 2003, hace más de una década, pero la tasa de cambio en el mercado negro, donde la divisa estadounidense se negociaba a casi diez veces al valor de la tasa del DICOM,  se ha convertido en el referente de los precios de numerosos productos, con sus tristes consecuencias en el bolsillo del venezolano. En este sentido son mínimas las alternativas de inversión que la población tiene para protegerse de las devaluaciones de la moneda venezolana.

Lo cierto es que ahora para paliar la crisis el gobierno de Venezuela en medio del caos económico, comenzará a vender láminas de oro, lo curioso es que no se entregaran las láminas como tal, es decir, el venezolano no tendrá en su poder el lingotico que adquiera, como ocurre en otros países, en su lugar, obtendrá  un certificado electrónico de ahorro con una duración de un año y que podrá venderse en el mercado a los tres meses de su adquisición. Certificado este que obtendrá de manos de un gobierno en el que ya nadie cree porque no ha generado confianza en el venezolano ya que es el principal responsable del caos en el que nos encontramos.

No se trata entonces de buscar salidas o ideas novedosas a la crisis o buscar distraer la atención de los venezolanos que sumidos en nuestra desgracia personal no hacemos más que intentar subsistir, todos los días. Ideas estas que pudieran funcionar en otro contexto y con otras condiciones, no es el caso.

La crisis lo hemos repetido en otras entregas, solo se resuelve con medidas económicas estudiadas y una planificación económica acorde a la situación, en manos de expertos en el área, de tal modo que en este orden la reconversión no funcionara,  los controles ayudan ni ayudaran a salir de la crisis,  así que señores amárrense los pantalones, pongan los pies sobre la tierra y no crean en cuentos de camino, porque no todo lo que brilla es oro y este paliativo no es más que un nuevo invento, el cual déjenme decirles, no merece ningún análisis más allá del peligro que se anuncia en el orden que este país ya desangrado y herido, me atrevo a asegurar que pronto también se quedara sin sus riquezas naturales.

María Auxiliadora Dubuc P. – @mauxi1

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Virus de la incertidumbre ataca mercados financieros

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El virus de la incertidumbre: Por José Manuel Muñoz Puigcerver .- La crisis de Wuhan muestra la velocidad con la que el miedo se extiende por la economía real y permea las empresas. Ningún virus se propaga tan rápido como la incertidumbre

La pandemia del coronavirus que se ha cobrado hasta la fecha casi 2.000 vidas y ha afectado a, prácticamente, otras 73.000 personas en todo el mundo es una muestra evidente de la infalibilidad de una de las máximas más certeras de la ciencia económica y de la que bien pueden dar cuenta los profesionales del sector financiero: la incertidumbre es la peor de las consejeras en lo que a negocios se refiere.

En el año 2002, el psicólogo estadounidense Daniel Kahneman fue galardonado con el premio Nobel de Economía (en un más que meritorio intento de integrar ambas disciplinas científicas para adoptar un enfoque holístico del procedimiento por el cual los individuos eligen entre diversas alternativas), precisamente, por demostrar que en presencia de incertidumbre los agentes económicos tienden a exacerbar su aversión al riesgo y a tomar decisiones distintas de las que, asumiendo el principio básico de racionalidad, llegarían a predecir los diferentes modelos econométricos.

La pandemia ataca mercados financieros

Tal y como señalamos, los mercados financieros son campo abonado para este tipo de teorías: en numerosas ocasiones, un falso rumor, una reacción exagerada a noticias negativas o, sencillamente, el temor a actuar al margen de las maniobras ejercidas por los principales actores pueden desencadenar el desplome del valor de los activos involucrados. No por casualidad, Charles P. Kindleberger, al escribir el que muy posiblemente sea el mejor libro de finanzas de todos los tiempos, juzgó oportuno brindarle el elocuente título de Manías, pánicos y cracs.

Sin embargo, en ocasiones como la que nos atañe, la incertidumbre se extiende por la economía real y el contagio llega a permear la práctica totalidad del tejido empresarial. En ese caso, si la crisis se expande globalmente, la economía mundial puede llegar a absorber dicho impacto a corto plazo gracias a las inercias que su propio dinamismo genera. Aun así, su prolongación en el tiempo puede comportar problemas mucho más serios no tanto por la amenaza real de infección alrededor del mundo, sino por la inseguridad generada acerca de su evolución. En una primera fase, cuando a finales del pasado mes de enero la Organización Mundial de la Salud decretó la emergencia sanitaria internacional, el fantasma de colapso económico planeaba sobre la ciudad china de Wuhan. No obstante, y a pesar de que la propia OMS ha insistido en que el brote presenta un índice de mortalidad inferior al que se originó en 2003 con el SARS y, a pesar también de su oposición reiterada a las restricciones tanto comerciales como turísticas a China, dicha amenaza ha dejado de ser una mera advertencia genérica para materializarse en una inquietud mucho más tangible.

Sin ir más lejos, España acaba de experimentar una afectación más que notoria: la cancelación del Mobile World Congress, tras la renuncia a participar de empresas de la relevancia de Intel, Facebook, McAffee, Orange, Nokia, LG, Ericsson, Amazon o Sony, ha dejado a Barcelona huérfana de un evento que cada año genera unos 500 millones de euros y crea alrededor de 14.000 puestos de trabajo temporales. Además, el Ibex35, arrastrado por las dudas imperantes en el resto de plazas (Apple ha anunciado que su volumen de ventas será inferior al previsto también como consecuencia del coronavirus) empieza ahora a recuperarse de la acometida sufrida a principios de año. Aun con todo, los organismos internacionales prevén que España saldrá prácticamente ilesa de estas dificultades.

Como es obvio, el país que más se está resintiendo es la propia China, y eso, cuando nos estamos refiriendo a una potencia que copa el 17% del PIB mundial, significa que la desaceleración global es casi inevitable. De hecho, JPMorgan ha corregido sus predicciones sobre el crecimiento chino en el primer trimestre de 2020 desde el 6,3% a tan solo el 1%. De cumplirse dicho pronóstico, la economía mundial podría ralentizarse a un ritmo mucho más acelerado que las cuatro décimas estimadas por Bloomberg Economics, en cuya opinión la tasa de crecimiento del PIB de China para los primeros cuatro meses de este año descendería tan solo del 6% al 4,5%.

El turismo sector más afectado

Por sectores, el turístico es, quizás, el que de manera más directa está padeciendo los efectos más negativos: ciudades enteras en cuarentena que totalizan varias decenas de millones de habitantes, vuelos cancelados, recomendaciones de países como Estados Unidos de no viajar a China (contraviniendo las recomendaciones de la OMS) o, incluso, la prohibición de entrada a ciudadanos chinos por parte de Rusia, son algunos de los ejemplos más destacados.

Mención aparte merece, también, el sector de materias primas por sus efectos sobre las cadenas de valor globales, ya que China es el principal consumidor de este tipo de productos. Países como Brasil, Sudáfrica o Australia han experimentado devaluaciones de sus monedas (con las consiguientes tensiones inflacionistas que ello comporta) debido al descenso de sus exportaciones con destino a China. El precio del cobre, principal termómetro de la economía mundial, ha descendido un 8%, perjudicando gravemente a Chile y a Perú, y ni siquiera Arabia Saudí sale indemne de la actual coyuntura, al tratarse del principal importador de petróleo del país asiático.

No cabe duda de que la gestión de esta crisis resultará crucial para apaciguar el temor que induce a los agentes económicos a paralizar inversiones y a posponer decisiones de consumo. Por supuesto, un elemento crucial para su óptimo desenlace será el descubrimiento de una vacuna efectiva que prevenga la enfermedad en el futuro. Y, aunque mientras tanto, el miedo al contagio seguirá rigiendo buena parte de la actividad económica internacional, podemos estar seguros de que la ciencia médica terminará por hallar un tratamiento efectivo. Por el contrario, no será tan sencillo refrenar la naturaleza humana: la vacuna contra el miedo irracional a la incertidumbre deberá esperar mucho más tiempo.

ACN/El Páis/jmmp

*José Manuel Muñoz Puigcerver  es Profesor de Economía Internacional en la Universidad Nebrija  

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