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Nuevo dispositivo ayudará a científicos a detectar materia oscura
Un nuevo dispositivo, llamado «Cámara de bola de nieve», puede ayudar a los científicos a detectar finalmente la materia oscura.
Al subenfriar el agua, muy por debajo de su punto de congelación, los investigadores esperan detectar interacciones de materia oscura que hacen que el líquido se convierta rápidamente en hielo.
Si te gusta ver videos en Internet, es probable que ya hayas visto el fenómeno conocido como superenfriamiento (supercooling). Básicamente, el proceso consiste en tomar agua ultrapura y colocarla en un recipiente limpio y suave que no tenga defectos estructurales.
Si las condiciones son las adecuadas, cuando intente congelar dicha agua bajando su temperatura a menos de 0 grados Celsius (32 grados Farenheit), sorprendentemente permanecerá en estado líquido.
Esto se debe a que, para que se forme hielo, necesita una base sobre la cual crecer, llamado sitio de nucleación. Normalmente, el hielo se forma primero alrededor de partículas de polvo o puntos ásperos en la superficie de un contenedor.
Agua superenfriada
Pero, si no hay un sitio de nucleación desde donde el hielo se pueda esparcir, el agua continuará bajando de temperatura mientras permanece en forma líquida.
Luego, cuando se agrega un sitio de nucleación al agua superenfriada, ya sea introduciendo una imperfección o agitando vigorosamente el recipiente, el líquido enfriado se solidificará en hielo casi espontáneamente.
Es este extraño comportamiento del agua superenfriada, lo que los investigadores ahora esperan explotar para ayudarles a buscar la sustancia esquiva conocida como materia oscura, que representa aproximadamente el 85 por ciento de la masa total del universo, aunque solo interactúa débilmente con la materia normal.
Según una nueva investigación presentada el 14 de abril en una reunión de la American Physical Society (APS) en Denver, Colorado, los científicos han demostrado, por primera vez, que el agua superenfriada no necesita un sitio de nucleación macroscópica para convertirse repentinamente en hielo.
En cambio, los investigadores descubrieron que la introducción de partículas subatómicas, a saber, los neutrones; también puede hacer que el agua superenfriada se congele rápidamente.
Nuevas propiedades del agua
«Logramos descubrir una nueva propiedad de agua superenfriada», dijo el autor principal Matthew Szydagis; físico de la Universidad de Albany en Nueva York, en un comunicado de prensa.
«Para nuestra gran sorpresa, encontramos que algunas partículas (neutrones) pero no otras (rayos gamma) provocan la congelación», añadió.

Un nuevo dispositivo, llamado «Cámara de bola de nieve», puede ayudar a los científicos a detectar finalmente la materia oscura. Foto: fuentes.
Con estos nuevos resultados, llega una posibilidad tentadora: los astrofísicos pronto podrán usar esta nueva propiedad del agua superenfriada; para ayudarlos en su interminable búsqueda de uno de los enigmas más grandes de la naturaleza.
«No solo tenemos un nuevo detector de partículas fundamentales», dijo Szydagis; «sino también la materia oscura porque se cree que los neutrones la emulan».
Bolas de nieve de materia oscura
Los investigadores han denominado al nuevo detector «cámara de bola de nieve»; un nombre propuesto por la esposa de Szydagis, el lingüista Kel Szydagis. La cámara de bola de nieve; refleja los nombres de otros dispositivos comúnmente utilizados en la física de partículas.
Estos incluyen la cámara de nubes y la cámara de burbujas, que utilizan vapor supersaturado y líquido sobrecalentado, respectivamente; para rastrear los movimientos de partículas cargadas dentro de un recipiente.
La cámara «bola de nieve» en acción. Video cortesía del canal Youtube: Astronomy magazine
Pero; debido a que el agua dentro de la cámara de una bola de nieve no se congela espontáneamente cuando las partículas cargadas, como los electrones, la perturban; el estudio dice que el detector es «potencialmente ideal para búsquedas de materia oscura en busca de retroceso nuclear solo».
ACN/Astronomy magazine/@AstronomyMag
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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