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Peluqueros callejeros cobran lo que el cliente pueda pagar

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Las peluquerías callejeras son cada vez más numerosas;  en las esquinas y espacios de Caracas. Es su manera de prosperar ante la situación del país, señalan los peluqueros. Los barberos callejeros cobran lo que el cliente pueda pagar.

Las aceras han sido tomadas, en distintos sectores de la ciudad;  por prestadores de servicios informales, entre los cuales resaltan las peluquerías callejeras. Donde quiera que haya un espacio con facilidad de acceso a la electricidad;  «instalamos nuestros emprendimientos, como una forma;  de hacerle frente a la crisis que se vive en el país», expresó el estilista Rodrigo Escobar, en Caricuao.

En el centro de la ciudad, a un costado de la avenida Bolívar;  en los espacios de un conjunto residencial de la Misión Vivienda, dos jóvenes recuperaron parte del lugar para poder ofrecer sus servicios. Relataron que «fuimos peluqueros en la Candelaria. Sin embargo, para trabajar en esa peluquería;  teníamos que pagar la mitad de las ganancias a los propietarios, es decir, trabajábamos a perdida»;  razón por la que decidieron independizarse.

Aseguraron que «aquí prestamos un servicio más económico;  un corte cuesta solo Bs. 10.000», y hasta un poco menos, a diferencia de los comercios formales;  en los cuales puede alcanzar hasta los 45 mil bolívares.

Bajo el puente de la avenida Fuerzas Armadas;  el estilista independiente Alejandro García ofrece cortes de cabello;  al precio que sus clientes puedan pagar. «No les pongo un precio, acepto lo que traigan y no les niego la atención»;  expresó. Aseguró que durante un día puede «atender hasta 50 personas».

Se estima que el incremento de su clientela «se debe a que las peluquerías formales cobran en dólares». También se realiza el mantenimiento de los espacios para prestar su servicio.

Peluqueros de la calle buscan sobrevivir a la crisis

Bajo un puente o en un mercado callejero de Caracas, peluqueros se ganan la vida con una rasuradora, un espejo, una mesita y una silla plástica, acicalando a quienes no pueden pagar un salón de belleza por la crisis económica.

Hace poco más de un año, Gilbert Arteaga instaló bajo el céntrico puente Fuerzas Armadas la «Barbería Bolívar». El rótulo está pintado en un mural con un rapero y un Simón Bolívar a caballo.

Lo que ganaba como empleado en una peluquería no le rendía. Tampoco podía alquilar un salón por el alto costo.

“En un local hay que pagar servicios, acá no. La luz (para conectar el secador de pelo) la sacamos de una alcantarilla y el agua nos la regalan”, cuenta Gilbert, barbero profesional de 27 años.

Por un corte cobra 100.000 bolívares -lo que cuesta un huevo- si el pago es en efectivo, severamente escaso; y 150.000 si es con tarjeta de débito, para lo cual usa un dispositivo de pago electrónico que le prestan en un local vecino.

Recibe 15 clientes diarios. “La mitad de la ganancia se va en comida y el resto en pasajes. Vivo en un ranchito, a tres horas de acá, pero le echo bolas (ganas)”, dice.

Gilbert cuenta que algunos usuarios le agradecen haber recuperado la tradición de las peluquerías de calle y reivindica que su barbería le quitó un escondrijo a la delincuencia.

Menos clientes

En una esquina del sector popular de El Valle, Franklin Aguilera, de 28 años, también resiste a la grave crisis haciendo degradados con hojilla y arreglando barbas y cejas.

Bajo un desgastado toldo amarillo, cuenta que llegó allí después de que quebró su negocio en un centro comercial.

“Entre cinco barberos arrendamos un local, pero nunca nos rindió, estaba muy escondido y tuvimos que cerrar. Adentro (en un salón) no se puede trabajar, es muy caro”, relata.

Franklin se queja de que sus clientes disminuyen por la falta de dinero en efectivo, del que depende pues no puede comprar un dispositivo de pago electrónico.

Los billetes escasean por los altos montos que genera la inflación, proyectada por el FMI en 13.800% para 2018.

Trabajo todos los días, pero no es suficiente Antes recibía de 15 a 20 clientes, ahora la mitad porque no hay efectivo”; relata este padre de cinco niños.

Según la organización empresarial privada Consecomercio, un tercio de los negocios del país cerró en el último año por la debacle.

Una ganga

Cortarse el pelo en la calle cuesta diez veces menos que en un salón promedio. Luis Guerrero, cliente de Gilbert y empleado en una tienda de ropa, se beneficia de la ganga.

“Ya no se puede ir a un local, sale muy caro”, dice el joven de 26 años. En un negocio formal tendría que desembolsar 40% de un ingreso básico.

También saca provecho María Castillo, quien hizo peluquear a su sobrino por 200.000 bolívares en efectivo en un mercado a cielo abierto de Catia, donde los estilistas conviven con ruidosos vendedores ambulantes.

Como el banco solo entrega 100.000 bolívares diarios, tuvo que madrugar dos días para hacer fila.

“Lo llevábamos a una peluquería infantil, pero le subieron el doble”, cuenta María, de 29 años, quien sin ser experta le corta el pelo a su padre para ahorrar dinero.

Los precarios ingresos de los barberos de calle los tientan a seguir el camino de miles de venezolanos que emigran por la situación.

Gilbert ha recibido propuestas y el socio de Franklin ya se fue a Colombia. Pero, por ahora, han decidido quedarse

ACN/AFP/diarios

Economía

Cuesta arriba sustitución del Bolívar por Petros

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Afirma el analista económico y político Luis Vicente León que es muy dificultoso sustituir el Bolívar por Petros y «Tener o no divisas no divide a la población entre ricos y pobres».

“El gobierno trata de sustituir el bolívar por petros, con la dificultad que representa la falta de confianza en su capacidad para garantizar el valor de esa moneda», sostiene el Economista Luis Vicente León.

«Tener o no divisas no divide a la población entre ricos y pobres. Eso depende de la cantidad de recursos que cada persona tenga y las diferencias son monumentales” afirma el analista.

«La masificación del uso de divisas en Venezuela es un fenómeno imparable y difícil de revertir, sin que se produzcan cambios dramáticos en el modelo político y económico del país y se recupere la confianza en las autoridades monetarias». Así lo aseguró el influyente analista venezolano, Luis Vicente León, a través de un post en su cuenta de instagram.

El economista señala que la explicación es obvia.  “El bolívar perdió casi todas sus funciones básicas”.

Estas son, señala León:

1) Intercambio: la gente no lo quiere, ni lo consigue fácilmente.

2) Reserva de valor: ahorrar en bolívares es una torpeza, pues pierde su capacidad de compra rápidamente.

3) Mecanismo de cuenta: no es posible entender el valor de las cosas, ni registrar la evolución de los negocios en esa moneda.

«Esto obliga a la población a buscar alternativas como divisas y oro;  mientras que el gobierno trata de sustituir el bolívar por petros;  con la dificultad que representa la falta de confianza;  en su capacidad para garantizar el valor de esa moneda», agrega León.

De acuerdo con las estimaciones del director de Datanálisis; «alrededor de 38% de la población tiene o recibe divisas directamente de sus fuentes generadoras; vinculadas a las remesas, repatriaciones de ahorro, compensaciones salariales; y exportaciones legales e ilegales, contrabando, minería, narcotráfico (este último difícil de proyectar).

Pero el efecto cascada, producido por los pagos de servicios y bienes en moneda extranjera por parte de los receptores o tenedores primarios a personas que no tienen acceso directo, eleva el número de la población con tenencia de divisas a cifras cercanas a la mitad de la población y en pleno crecimiento».

Se utilizan hoy divisas en un porcentaje superior al 55% de las transacciones (aumenta contra el número de personas con acceso pues los grandes consumidores compran en divisas) y se espera que ese número supere el 70% este año. La penetración es más elevada aún en la economía privada que en la pública, donde todavía se realizan grandes transacciones en bolívares y petros.

En opinión de León: «Tener o no divisas no divide a la población entre ricos y pobres. Eso depende de la cantidad de recursos que cada persona tenga y las diferencias son monumentales, aclarando que incluso una parte de la población más pobre suele ya tener algo de divisas en efectivo para facilitar sus transacciones. Pero tener o no divisas si define la independencia o no al control social por subsidios».

La Inflación del 2019 fue de más de 9.000% según el Banco Central de Venezuela (BCV)

ACN/lvl

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