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Pendientes cuando las ratas abandonen el barco que se hunde

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Pendientes cuando las ratas abandonen el barco que se hunde: Por Adolfo P. Salgueiro.- Ya hemos comentado cómo el cerco se cierra cada vez más en torno de quienes hoy manejan los hilos del gobierno venezolano. Las sanciones van teniendo efecto, los sancionados van quedando aislados con pocas o nulas posibilidades de poder disfrutar un futuro cómodo o lujoso una vez que Venezuela haya retomado el camino de la razón y la economía se resiente causando mayor angustia a un pueblo ya escéptico.

Estén pendientes, en días pasados el presidente de Estados Unidos firmó una orden en la que prohíbe a los estadounidenses toda transacción que involucre el petro o cualquier otra criptomoneda emitida o aupada por el gobierno de Caracas. Paralelamente, amplió la lista de sancionados que ahora ya comienza a alcanzar a los segundones que se suman a los peces gordos de las listas anteriores. Cada día que pasa vuelve a tomar cuerpo en Washington la idea de impedir la exportación de gasolina desde Estados Unidos hacia Venezuela, de tal suerte que bien pudiera ocurrir que ello se concrete y termine de derrumbar la producción de gasolina y otros productos esenciales para la vida de nuestra nación.

No está demás recordar que a partir del año pasado Estados Unidos se ha convertido en autosuficiente en materia energética y hasta ha reiniciado su rol de exportador neto de energía. La amenaza venezolana de cortar el suministro será recibida pues con sonora trompetilla, que desnudaría nuestro completo estado de dependencia de un cliente que lejos de estar de rodillas más bien ha tomado el control del ritmo del juego para sorpresa de aquellos que aún creen que Venezuela y/o la OPEP dominan ese mercado. La dramática verdad es que hoy sobra petróleo y faltan clientes, lo cual está transformando radicalmente el cuadro geopolítico mundial en perjuicio de quienes creían que tendrían a papá Dios agarrado por las chivas hasta la eternidad.

Mientras tanto, y sigan pendientes,  la investigación preliminar iniciada por la Corte Penal Internacional, las acusaciones y exhortaciones de Acnur (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) y la recientísima acción de los ministros de Finanzas del G-20, reunidos esta semana en Buenos Aires, van apretando las clavijas y cerrando una a una las puertas de escape de quienes creyeron que su mandato era imprescriptible.  Hasta Pdvsa tuvo que sacar real de donde podía con el fin de medio pagar la deuda que tiene con la rusa Rosneft, garantizada con las acciones de nuestra otrora gallina de los huevos de oro. Ecuador  avisó que no seguirá financiado Telesur, Uruguay está en la misma onda y tan solo los compañeros de ruta del Alba aún dan declaraciones retóricas de apoyo, cuyo valor es apenas tan grande como la influencia y economía de sus devaluados miembros, muchos de los cuales parecen prestos a saltar la talanquera tan pronto aparezca una oferta económica alternativa que les provea de comer. Es cierto que Rusia y China aún mantienen apoyo, pero no hay que creer que son “aliados estratégicos” como nos lo pintan los próceres bolivarianos, son grandes potencias que aspiran al incremento de su hegemonía poniendo un pie en América Latina para sus intereses, no para consolidar ninguna revolución bolivariana. Sin embargo, Estados Unidos en la era Trump luce verbalmente más vociferante pero visto está que, salvo las hipótesis teóricas de movilización militar, ellos tienen otras prioridades de mayor envergadura.

Así pues, el frente externo se le presenta a Miraflores en el máximo deterioro de toda su gestión de casi veinte años y ello se combina con la ya pública fractura de lo que exhibían como su más preciado logro: la verticalidad unitaria de la Fuerza Armada, hoy horadada por múltiples detenciones no solo de altos jerarcas generales de escritorio, sino también de oficiales de jerarquía menor pero con mando de tropa. Parece que en esos círculos la palabra La Haya causa alergia como fue el caso de aquel ultrachavista y obeso general Manuel Rosendo, quien  el 11-A de 2001 se negó a aplicar el famoso Plan Ávila que debía masacrar la histórica manifestación de aquel día.

Es en este marco que se plantea la VIII Cumbre de las Américas, donde Nicolás espera robarse el show ya sea yendo o no yendo a Lima con tal de agitar las aguas intentando pescar algo en ese río revuelto.

Por todo lo anterior y por todo lo demás que ya es dramáticamente cotidiano es que este columnista se atreve a opinar que el colapso está cercano y que la fantochada electoral que se ha anunciado no tendrá la potencialidad de evitar la ruptura del dique que ya exhibe varias fracturas simultáneas. Solo falta estar atento para ver cuáles ratas saltan primero del barco, que las habrá y muy pronto. Estén pendientes…

Adolfo P. Salgueiro – @apsalgueiro1

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La guerra de Ucrania

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Por: Cora Paez de Topel

Quienes seguimos las noticias internacionales día a día, lo que está pasando en el mundo más allá de nuestras fronteras, visto a través de los medios de comunicación, la televisión, el internet, no podemos menos de estar pendientes de lo que está sucediendo en Ucrania tras la invasión por parte de Rusia de ese país,  poco nombrado por nosotros hasta ahora desde que comenzó la guerra el 24 de Febrero pasado,  cuando la tragedia que aflige a su población  acapara la atención mundial, puesto que las imágenes de las ciudades, pueblos y  edificios destruídos por los misiles y bombas lanzados desde el espacio aéreo, arrasando con todo lo que encuentren a su paso,  son desgarradoras, con la mira puesta en la capital Kiev.

Seis millones de refugiados han dejado el país huyendo de la guerra, dejando sus casas y todas sus pertenencias para buscar asilo en otros países, generalmente fronterizos, en los que destaca Polonia por la buena acogida que les ha brindado a los ucranianos que  tratan de salvar sus vidas y las de sus hijos, cargando consigo el equipaje más elemental.   Otros  van para Alemania y muchos incluso se dirigen hacia América del Norte.    Miles de desplazados pasan semanas enteras escondidos  en los bunker, con muy poca alimentación y una sensación de angustia y dolor, al no saber cuando acabará ese terrible atropello, llorando la pérdida de sus bienes materiales y de sus seres queridos.

Destaca en todo este drama humano la valiente actitud del  presidente  Volodomir Zelensky  y de los soldados ucranianos, al igual que los cientos de miles de ciudadanos que no han bajado la guardia ante las agresiones del ejército ruso, dirigido por el presidente Wladimir Putin, quien inició esa mortífera guerra en procura de apoderarse de Ucrania, apoyado por el Jefe de la Diplomacia rusa Serguei Lavrov, esgrimiendo una excusa tan absurda como acabar con el nazismo, descartando el hecho que Zelensky es judío, lector de la Biblia, al igual que la mayoría de los ucranianos que son cristianos ortodoxos y humanitarios,  por lo que rechazan el antisemitismo de una manera contundente.

Lo que Wladimir Putin está ejecutando en Ucrania es un crimen de lesa humanidad, producto de la apetencia intervencionista similar a la vivida en la época del comunismo en  la Unión Soviética,  para expandir su poder militarista contra un país libre y soberano, que después de la caída del Muro de Berlín en el año 1989, logró su independencia y gobierno propio.  A semejanza de Joseph  Stalin,  Wladimir Putin es un político opresor del estado militarista,  dictador que no acepta a los líderes de la oposición,  que cuando se acerca la fecha de las elecciones los envía a la cárcel, tal como sucedió con  Aleksei Navalni, quien fue envenenado y continúa tras las rejas.

Los países de la Unión Europea apoyan la democracia ejercida en Ucrania por Zelensky, al igual que lo hace el Reino Unido, Canadá y los Estados Unidos, en tanto la China y su régimen comunista, al igual que Corea del Norte,  mantienen  una posición neutral.  El poder la OTAN se ejerce desde la esfera atlántica procurando la paz en el planeta tierra,  conociendo los riesgos de desatar la III Guerra Mundial.  Es aleccionador ver como los   principales líderes  de los países democráticos han roto relaciones económicas y políticas con la Rusia dominada por Putin, como una forma de sancionar su política intervencionista.   La reciente noticia de que tanto Finlandia como Suecia, que estaban renuentes a incorporarse a la OTAN,  ahora decidieron hacerlo para fortalecer la ayuda militar en caso de una invasión.

Ucrania posee importantes yacimietos de hierro y grandes instalaciones hidroeléctricas.  Es una región agrícola e industrial, productora de trigo, carbón y acero.  La guerra desatada en su territorio repercute en la economía mundial que ya de por sí estaba azotada por la pandemia del Coronavirus, empobreciendo aún más a muchos desplazados en una época de tantas convulsiones políticas, sociales y económicas.  La ayuda prestada a ese país por parte de los Estados Unidos, Canadá  y la Unión Europea,  para combatir a un agresor tan poderoso como  Rusia,  ha demostrado que en la unión está la fuerza, por lo que Wladimir Putín  tarde o temprano se verá obligado a retirarse.

Seguiremos pendientes de las noticias internacionales en la era de la globalización, cuando lo que pasa en otros lugares, por muy lejanos que sean, nos afectan a todos.  Ucrania se resiste a ser intervenida por Rusia que, al  pretender dividirla la debilitaría,  haciéndole perder su soberanía.  En tanto la guerra continúa, la tensión mundial está puesta en la Europa Oriental.

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