Rosneft pierde $3.5 billones por sanciones de EE.UU.
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Rosneft pierde $3.5 billones por sanciones de EE.UU.

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Rosneft pierde $3.5 billones por sanciones de EE.UU.
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Debido a las sanciones impuestas este martes por EE.UU., la empresa petrolera rusa Rosneft recibió pérdidas mil millonarias, que estarían por el orden de los $3.5 billones.

Es este sentido, el representante de la comisión de finanzas de la Asamblea Nacional, Carlos Paparoni, describió las inmensas pérdidas económicas por Rosneft, por su apoyo logístico y económico al gobierno de Nicolás Maduro.

Paparoni señaló lo siguiente: «A colaboradores de Maduro, veanse en este espejo: Hace 2 horas Rosneft valía $77,6 billones. Después de sanciones sus acciones cayeron. La cuenta es sencilla: 77,6(valor)*4,5%(la caída)= 3,492 billones. La dictadura le costó a Rosneft $3.500 millones 2 horas. El crimen no paga».

Pérdidas mil millonarias

Por su parte, la periodista de Bloomberg, Helen Robertson, publicó un tuit describiendo el escenario económico de la empresa petrolera rusa, ante las sanciones impuestas desde Washington.

«Las acciones de Rosneft se desplomaron cuando Estados Unidos sancionó a una unidad comercial de la petrolera rusa por mantener lazos con el gobierno de Nicolás Maduro y la empresa petrolera estatal PDVSA», tuiteó Robertson.

A la hora de cierre de esta nota informativa, las perdidas económicas de la empresa rusa se multiplicabaron, en tanto el mercado petrolero se mantenía inestable y expectante.

Con información de: ACN|Redes

No dejes de leer: EE.UU sanciona petrolera rusa por comercios con Venezuela

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Herido de muerte sistema alimentario con el coronavirus

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Sistema alimentario herido de muerte con el coronavirus

El modelo alimentario actual lleva demasiado tiempo fallando;  a consumidores y productores y necesita una transformación profunda. Nuestros representantes políticos tienen una oportunidad de oro para ser valientes;  y cambiar un sistema herido de muerte, que está destrozando el planeta, nuestra salud y la vida de miles de millones de animales.  Es el momento de iniciar una transición proteica que reduzca considerablemente el número de animales explotados para consumo humano y apueste por la proteína alternativa.

La pandemia condena a miles de animales al sacrificio;  para mantener los precios. Durante el confinamiento  ha crecido la compra;  de legumbres, frutas y verduras.

“Por una vez, los animales ganan”. Es la frase que se podía leer en una viñeta sobre la cancelación de los encierros de San Fermín 2020. La pandemia ha paralizado la temporada alta taurina. Esto nos ha llevado a pensar que este año se salvarían cientos de toros. Pero no es así, ya que si no acaban en las plazas son enviados al matadero. Seguir criándolos no es rentable para las ganaderías de lidia y deben deshacerse de ellos.

Comer animales, ¿hasta cuándo?

Como ocurre con los astados, los animales considerados de granja tampoco ganan con la pandemia. Ellos también se han convertido en una carga para sus ganaderos. Desde el principio del confinamiento, el cierre de bares y restaurantes hizo saltar las alarmas entre las asociaciones ganaderas.

Especialmente en el sector ovino, que destina más del 60% de su producción a hostelería y restauración. Los corderos lechales suelen venderse con 20 días de vida. Después de ese tiempo, mantenerlos no es económicamente sostenible. No hay espacio en las granjas para ellos y no hay dinero para alimentarlos, solo generan pérdidas.

Al descenso de la demanda se le suman mataderos y salas de despiece;  funcionando a medio gas debido a las nuevas medidas de seguridad y al gran impacto del coronavirus entre sus trabajadores.  Así, la cantidad de animales “listos para el sacrificio” no hace más que aumentar, sin poderles dar salida.

Existe un riesgo real de colapso de las granjas, que podrían llegar a superar el 20% de su capacidad de comercialización. Y mientras los animales esperan su tercio de muerte, sus condiciones de vida son peores que antes, pudiendo sufrir un hacinamiento aún mayor.

Animales sacrificados en las  granjas terminan  en la basura

El propietario de una lechería me contó que ganaba más dinero por las subvenciones que por la leche que vendía

Si el drama de los ganaderos de toros de lidia es que sus reses acaben en un matadero y no en una plaza, el de los granjeros es “retirar” animales. “Retirar” es un eufemismo que se usa para explicar que cientos de miles de animales serán sacrificados en las mismas granjas y acabarán en la basura, sin pasar a formar parte del suministro alimentario.

Los datos evidencian la precaria situación de un sistema alimentario que pide ayuda a gritos desde hace tiempo. En Cataluña, la Generalitat ha pedido al Ministerio de Agricultura que “retire” del mercado mil toneladas de carne de ave para evitar una caída de precios debido a la sobreproducción.

Lo mismo ocurre con el sector porcino, que se plantea sacrificar uno de cada cinco lechones de cerdos ibéricos. Los ganaderos quieren acabar ya con un 20% de los animales para no llegar a Navidad con un sector del ibérico devaluado. En definitiva, hablamos de un exorbitante número de vidas animales arrebatadas exclusivamente para mantener los precios y no para alimentar a alguien. Mientras, durante el confinamiento, la demanda en el Banco de Alimentos se ha disparado un 30%.

El drama que está viviendo ahora el sector ganadero es solo la punta del iceberg de un modelo alimentario desfasado, que subsiste a base de ayudas creadas para garantizar el abastecimiento de una Europa de posguerra cuyas necesidades nada tienen que ver con las de hoy. La pandemia simplemente ha evidenciado la ineficiencia de nuestro sistema de producción de alimentos y la necesidad de cambiarlo.

Hace años, el propietario de una lechería me contó que ganaba más dinero por las subvenciones que recibía que por la leche que vendía. Me dijo, apenado, que en ocasiones se veía obligado a tirar leche y que ni siquiera le permitían donarla a bancos de alimentos.

Un modelo alimentario sostenible

Nada parece haber cambiado desde entonces. Las ayudas asistencialistas implementadas para paliar los efectos de la pandemia tampoco tratan el problema de raíz: una sobreproducción de alimentos que destroza la vida de millones de animales, daña el planeta y no empodera a los ganaderos, que probablemente preferirían ayudas para adaptar sus explotaciones a las necesidades de un modelo alimentario sostenible.

Afortunadamente, existen ganaderos que apuestan por transformar sus producciones. Es el caso de Mike Weaver, ex propietario de una granja de pollos que actualmente cultiva cáñamo gracias a la ayuda del proyecto Transfarmation. Como Mike, otros granjeros están renovando sus negocios de la mano de diferentes organizaciones sin ánimo de lucro. Otro ejemplo son Jennifer y Rodney Barrett, que han hecho la transición al cultivo de hongos con la ayuda del programa Rancher Advocacy. Y Jay Wilde, un antiguo ganadero que ahora se dedica a cultivar verduras y cuya historia está plasmada en el cortometraje 73 Cows. Incluso compañías como la marca de leche de avena Oatly colaboran con granjeros para que prioricen el cultivo de avena destinada a la producción de leche vegetal en vez de la explotación de vacas.

Transformar la producción sin consolidar el sistema actual

Algunos ganaderos parecen dispuestos a cambiar y no les sirve solo con el respaldo de empresas y organizaciones. Necesitan subvenciones que les ayuden a salir de esta crisis transformando su producción, no consolidando el sistema actual que ignora la otra gran crisis a la que nos enfrentamos, la emergencia climática. Precisan una Política Agrícola Común que les haga partícipes de la evolución hacia un nuevo sistema alimentario, alejado de la ganadería industrial. Les hacen falta representantes políticos que se atrevan a dejar de incentivar la producción y el consumo de carne y favorezcan el desarrollo y el consumo de proteína alternativa, con investigaciones en el campo científico y campañas de concienciación ciudadana.

La sociedad también está lista para afrontar un cambio de modelo alimentario. Durante el confinamiento, en España ha crecido la compra de legumbres, frutas y verduras. Además, tres de cada 10 españoles afirma haber consumido más alternativas vegetales. La pandemia parece favorecer el consumo de proteína vegetal en todo el mundo. Según un reciente estudio de MarketsandMarkets, el mercado de la carne vegetal en EE. UU. crecerá un 17% para 2021. Esta inercia del consumo debe ser respaldada con medidas como un impuesto de carbono sobre la carne y los lácteos y la reducción del IVA de las alternativas vegetales.

El modelo alimentario actual lleva demasiado tiempo fallando a consumidores y productores y necesita una transformación profunda. Nuestros representantes políticos tienen una oportunidad de oro para ser valientes y cambiar un sistema herido de muerte, que está destrozando el planeta, nuestra salud y la vida de miles de millones de animales. Es el momento de iniciar una transición proteica que reduzca considerablemente el número de animales explotados para consumo humano y apueste por la proteína alternativa.

La crisis brinda una oportunidad de reinventar nuestra relación con la naturaleza. La bici y los pájaros se convierten en símbolos de resistencia.

ACN/diarios/redes

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