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Abandonan «la revolución» con tricolor a cuesta

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ACN MIGRANTES VENEZOLANOS
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Pequeños puntos tricolor se visualizan a lo lejos. Son bolsos, marcas de una supuesta revolución que acompañan a los venezolanos que caminan a un costado de las vías; por donde avanzan en grupos de 5 a 10 personas para protegerse mutuamente.

Son mujeres embarazadas, adultos mayores y niños que esperan atravesar el país; en 2 o 3 semanas desde Cúcuta, para ir hacia el sur del continente.

Única comunicación por teléfono

Recuerda, que su única comunicación con ellos era por vía telefónica; y que todos los días les preguntaba si tenían algo qué comer. La respuesta siempre era positiva, cuando la realidad aquejaba y golpeaba a sus seres queridos.

“Yo llamaba a mi mamá todos los días para preguntarle si tenían qué comer; ella me decía que me quedara tranquilo, que todo estaba bien. Pero cuando preguntaba a los vecinos, ellos me decían que no era así. Ellos no tenían nada que comer”.

Caminando hasta Ecuador

Fueron las palabras del ex funcionario, que decidió empacar sus pocas pertenencias en su bolso gubernamental; para emprender un viaje caminando desde tierras colombianas hacia Ecuador.

Cuando pidió la entrevista, Camacho solicitó no ser grabado por miedo a represalias contra su familia; que todavía se encuentra en Venezuela. Es joven, con dos hijos que alimentar y vivía en un país que se derrumba a pedazos.

Añadió, que la primera noche después de que cruzó la frontera a veces lo vencían el cansancio y la rabia contenida.

Familias pasan hambre y militares disparan contra protestantes

El militar retirado, aseguró que las familias pasan hambre mientras que los funcionarios disparan contra los venezolanos que protestan y alzan su voz.

En su caso, prefirió pedir la baja antes de apuntar contra su pueblo. “Pedí la baja y huí de Venezuela porque no podía cumplir la orden de disparar contra el pueblo. No podría alzar mi fusil cuando hay personas que están sufriendo la crisis. No tienen qué comer y por eso se mantienen en las calles”, afirmó Camacho.

Agradece cada gesto de colombianos

A miles de kilómetros de Venezuela, agradece cada gesto de los colombianos en el camino. A un costado de la vía hacia Pamplona, en Cúcuta, se encuentra un muro con historias; agradecimientos y billetes de venezolanos que se aferran a la esperanza.

Refugio de Martha Alarcón

Un techo de zinc, da entrada al humilde refugio de Martha Alarcón, quien todos los días da cobijo a 60 migrantes; entre hombres y mujeres que huyen de Venezuela y entran a Colombia en busca de mejores oportunidades de vida.

“Ellos me escriben todos los días, me dicen que han conseguido trabajo. ‘En cualquier momento volvemos para saludarla’; le dicen y ella lo cuenta con orgullo.

Comentó que «he hablado con algunos que están en Argentina, Ecuador y Perú. Yo siempre les digo que cuando todo esto acabe y vuelvan a Venezuela; que me inviten a conocer las playas”.

El muro, conocido anteriormente como «Muro de los Lamentos», contiene historias variopintas, agradecimientos; deseos, piezas de distintos conos monetarios que ahora no compran nada y carnets de la patria.

Cada uno de los caminantes que llega a Cúcuta deja un mensaje, una historia que es vista por todos aquellos que visitan el refugio, ubicado en La Garita, al Norte de Santander. Entre ellos, quedará guardado el mensaje de Cristian Camacho; quien decidió cambiar su uniforme para velar por la vida de su familia.

ACN/El Nacional/Foto: EN

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Niños y niñas victimas de la esclavitud del siglo XXI

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Una realidad invisible de secuestros, maltratos y desapariciones de niños y niñas. La infancia es la protagonista de la cara oculta de la trata de personas, llamada la esclavitud de siglo XXI.

 Los rostros de la trata de personas

“Soy rumana y vivo en Figueres, tengo una niña de 8 meses y mi novio me obliga a prostituirme. No me deja estar con la niña, me pega, está violento físicamente y psicológicamente. Ya no puedo aguantar más;  no tengo a dónde ir porque no me deja salir de casa. Por favor, de corazón, ayudadme”.

Este es el texto del correo que Selene, una joven rumana de 22 años, envió a la Policía Nacional solicitando ayuda. Había sido captada en su pueblo natal por un supuesto novio, quien la convenció para venir juntos a España. Una vez aquí la obligó a prostituirse, pero ella nunca se consideró una víctima de trata de seres humanos. España protagoniza esta cara oculta de la trata de personas.

La esclavitud del siglo XXI o el abuso del poder

La trata, también llamada la esclavitud del siglo XXI, tiene como fin la explotación de una persona mediante engaño, amenazas, uso de la fuerza o abuso de poder. Selene aguantó vejaciones, palizas y explotación hasta que sintió miedo. No por ella, que creía seguir en una relación sentimental que lo justificaba todo, sino por su hija.

La historia de Selene aparece en el informe Son niños y niñas, son víctimas. Situación de los menores víctimas de trata en España, elaborado por UNICEF Comité Español y el Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (Universidad Pontificia Comillas).

Este informe busca mostrar que los niños y las niñas no son un complemento accesorio en el intrincado delito de la trata de seres humanos. Pocas veces aparecen en las estadísticas oficiales o en los planes de atención a víctimas, pero su presencia es constante en los distintos ámbitos de la trata. Pueden ser explotados directamente (adolescentes prostituidas, niños obligados a mendigar), o utilizados como medio de extorsión para sus madres. En el caso de Selene, su hija fue el motivo para intentar escapar.

La vcitimas no constan en ningún registro

Los hijos de las víctimas que están en nuestro país no constan en ningún registro. Algunos llegan a nuestras costas en pateras o lanchas y desaparecen a los pocos días con sus madres, reclamadas por la red que las ha traído. Otros no han tenido que atravesar ninguna frontera, incluso han nacido aquí. Todos ellos dependen de que alguien se dé cuenta de su situación, o de que su madre un día venza el terror, se reconozca a sí misma como víctima de trata, y decida colaborar en una investigación contra sus explotadores.

La hija de Selene tuvo suerte. En el año 2011 una reforma de la Ley de Extranjería extendió a los hijos de las mujeres víctimas de trata de seres humanos que denuncian a su explotador la protección que ellas reciben. Así, ambas pudieron ser derivadas a un centro donde recibieron asistencia y protección.

Uno de los recorridos más frecuentes de esta extorsión ha quedado reflejado en una reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Pontevedra, que recoge el caso de dos mujeres nigerianas y sus hijos. Ellas fueron introducidas en España y enviadas, a Almería y Francia respectivamente, a ejercer la prostitución. Tuvieron que dejar a sus hijos con los tratantes. La sentencia cuenta cómo el tratante “durante su estancia en Francia la llamaba de forma continua reclamando esa cantidad y la deuda adquirida (…), amenazando con causar un daño a su hijo si no abonaba dichas cantidades”. Finalmente, y tras una larga investigación, los bebés fueron rescatados por la Brigada Central de Extranjería, que los encontró solos, en estado de desnutrición, y atados a la cama. Uno de ellos presentaba además quemaduras y cicatrices.

La violencia contra la infancia

Las organizaciones que atienden a víctimas de trata, la Fiscalía y el Defensor del Pueblo, alertan desde hace tiempo de la existencia de estos niños, de los que se pierde el rastro. En palabras del propio Defensor, “desde el año 2013 han desaparecido entre 130 y 180 mujeres y pequeños en esta situación”. Cruz Roja habla de 141 menores atendidos en sus centros durante 2015 que presentaban indicios de trata, “de los cuales 113 están en paradero y situación desconocida”.

Almudena Olaguibel: Especialista en políticas de infancia de UNICEF Comité Español. Licenciada en Derecho y Master en Necesidades y Derechos de la Infancia, forma parte del equipo de Incidencia Política y Estudios de UNICEF Comité Español como especialista en protección.

Es portavoz de la organización y ha participado en publicaciones y conferencias sobre la violencia contra la infancia y la trata de menores de edad.

Aunque estos niños, si son rescatados, tienen derecho a ser atendidos y protegidos, no son considerados como víctimas directas de trata de seres humanos. Las directrices internacionales de UNICEF solicitan que sí se haga. El motivo es, además de reconocer su historia y sufrimiento, que esos niños y niñas cuenten. Que cuenten en los registros, cuenten para calcular las penas de los explotadores, y cuenten para destinar los esfuerzos y recursos necesarios para su protección.

La bebé de Selene no forma parte de ninguna estadística sobre trata de seres humanos. Quién sabe si lo hará algún día.

ACN/El Páis

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