Sucesos
«Mi amiga me vendió» La historia de una venezolana violada en Trinidad y Tobago
Una joven venezolana viajó Trinidad y Tobago en marzo de 2020. La que dijo ser su amiga la convenció de llevar una vida diferente en la vecina isla.
Su amiga la convenció y se marchó, sin saber que viviría una trágica experiencia.
La joven embarcó clandestinamente en un puerto de Tucupita con destino a Trinidad y Tobago. Era de madrugada, hacía mucho frío. Jamás había sentido el sereno marino. Era una niebla espesa, pero que por fortuna significaba, según la tripulación del bote, que no habría olas en el camino, relató.
La historia de una venezolana violada en Trinidad y Tobago
Un 7 de marzo de 2020, aproximadamente a las 5 de la mañana fueron lanzados al mar a orillas de una playa. Ella en compañía de otras chicas tuvieron que nadar “un pedazo grande” para llegar a tierra.
Allí fueron buscadas en camionetas por trinitarios desconocidos, aunque ellos mencionaron a quienes ellas sí conocían. Una notica que alivió a Ángela.
De este modo, Ángela llegó sin problema alguno hasta Princess Town. Una de las personas que la llevaba le ofreció dinero a unos oficiales de la policía, entonces supo que algo no andaba bien. Pero intentó calmarse.
El auto que la trasladó finalmente la dejó en casa de la amiga, una que conoció en Caracas y la convenció de viajar hasta allá. Ya iban a ser las 8 de mañana. Ella estaba cansada, aunque sin sueño, llegó llena de arena, estaba empapada.
Su amiga le había preparado arepa con huevos, “para que me sintiera como en casa” y tras contarle lo vivido, le hablaron de un trabajo en un bar. Tras la pandemia del coronavirus estaba a punto de clausurar todo.
Ángela relata que estuvo dispuesta a trabajar en el bar. Sabía que era “lo más rápido” en ese país, también admite que sabía que debía vestir “sexy” para los clientes. “Pero hasta allí”, le insistió a su amiga.
“No chica, tranquila, cómo crees, yo no ando en eso”, es la frase que Ángela recuerda claramente, porque sería lo que la decepcionaría más luego.
Con el comercio cerrado y Ángela apenas recién llegada a Trinidad y Tobago, su amiga le propuso trabajar a escondidas en otro bar, propuesta que ella no aceptó. Lo vio muy arriesgado.
Otro horizonte
A finales de marzo la invitaron a un compartir con unos amigos trinitarios; lo vio como una oportunidad para socializar y de pronto acceder a otro tipo de trabajo que no fuera el de exhibirse.
Eran las 9 de la noche. Lloviznaba, Ángela, que sabe hablar inglés, porque sus padres fueron docentes de este idioma en Venezuela, estaba lista para sorprender. A lo lejos vio una gran casa lujosa. Era blanca, tenía un gran garaje, piscinas, área verde, ventanas de vidrios y acabados caros.
Su amiga, Ángela, dos trinitarias y tres hombres de piel oscura, se sentaron en la sala de estar. Sirvieron champán y comenzó la fiesta. Ya eran las 11 de la noche. Uno de los hombres la miraba con mucha intensidad.
“Desde que llegué me comenzó a bucear” ( miradas penetrantes intenciones sexuales).
Su amiga dijo conocerlo y que se lo presentaría. Y así ocurrió. Él dijo llamarse Jazz Mohamed y que vivía unos metros más adelante. Ángela aún no sacaba su arma secreta, que a la postre la salvaría: su inglés estadounidense.
Ya estaba mareada. Había tomado bastante y dejó de hacerlo, pero seguía cerca de Jazz, quien le hablaba “un español cruzado”, es decir que apenas lo “machucaba”. Entonces, él la invitó a dar una vuelta por el jardín. Era el momento oportuno para respirar aire puro.
Intentaron comunicarse fluidamente durante media hora, sin éxito. Tras un trago más que él trajo, diez minutos fueron suficientes para que Ángela se sintiera muy somnolienta.
Estaba como con mucho sueño y me daba vuelta la cabeza, estaba muy débil, no veía bien. Entonces supo que había sido drogada.
“Corrí , pero me caí, el me agarró, me agarró muy duro, yo intentaba huir, gritar, pero apenas podía gemir”.
Comenzó la pesadilla
Ángela explica que todo transcurrió como literalmente una pesadilla, porque quería moverse con todas su fuerzas, pero no podía. Él rompió su vestido negro: fue cuando la penetró bruscamente. Ella sintió que sus entrañas se les desgarraban, porque los movimientos del hombre eran violentos, mientras le pasaba su larga lengua por la cara.
Sentí mucho dolor aunque estuve drogada. Su miembro (se obviaron palabras explícitas) me hirió.
Tras varios minutos su peso cayó sobre el devastado cuerpo de Ángela por varios segundos, pronto se levantó, se abrochó el pantalón y salió corriendo. Ella permaneció tirada durante un tiempo que no recuerda muy bien y vio que sus partes sangraban. Tras arrastrase por la grama, perdió el conocimiento.
Despertó en una extraña habitación, no sabía qué hora era. Su cuerpo estaba adolorido, su cabeza estaba a punto de explotar. Tenía heridas leves y un protector vaginal.
Su amiga se le acercó y le explicó lo que había ocurrido, la abrazó y lloraron juntas. Ella dijo haber conocido a Jazz, pero aseguró desconocer de lo que era capaz. Posteriormente llegó el dueño de la gran casa lujosa y fue determinante para descubrir la trama sexual.
Yo le dije que solo era una cita y mira lo que hizo, ahora estamos en problemas. No, yo no estoy en problemas, tú y él están en problemas. Hablaron en inglés. Ángela estuvo a pocos segundos de desmayarse, pero regresó a la cama.
Tranquila, ya vamos a denunciar a la policía, primero recupérate, le insistió su amiga… La que consideraba su amiga.
Y siguió el infierno
Pronto regresaron a casa. Donde comenzaría otro infierno. Ella no informó de lo sucedido a sus familiares en Tucupita, en Puerto Ordaz, mucho menos a su abuela que vive en Caracas.
Si hablas te buscaré hasta debajo de las piedras, mald…, perr…, fueron los sucesivos WhatsApp que Ángela recibía a diario, sobre todo por las noches. Ella sabía que su amiga estaba involucrada, pero obvió darle razones por temor.
Fue una semana de amenazas. La última noche de Ángela en Trinidad y Tobago, le enviaron un WhatsApp donde le dijeron: “no denuncies, sabemos dónde estás, afuera está un carro negro”. El terror y la decisión final fue cuando lo verificó y era cierto.
Fue el momento en el que Ángela decidió irse de Trinidad, fue una decisión firme, definitiva, gracias a Dios sigo viva. Supe que había sido víctima de una red de trata de personas, que probablemente involucraba a policías, no lo sé. Solo quería irme de ese infierno.
Ángela tiene 27 años, huyó de ese lugar por temor a ser asesinada. Ahora está en un país lejos de todo y tranquila, relató a Radio Fe y Alegría.
Ángela está tranquila, tiene un novio de su edad que la quiere y cuida. Aunque admite haber tomado la peor decisión de irse a Trinidad y Tobago, estuvo lista para asumir su falla y recapacitar.
ACN/ Núcleo y Noticias
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Sucesos
En Venezuela murió un preso cada dos días durante el 2025, dice informe de OVP
En Venezuela murió un preso cada dos días durante 2025. El sistema penitenciario en el país se consolida como una fosa común de impunidad y tortura, situación que fue expuesta por el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP)este martes 2 de junio en la presentación de su Informe Anual 2025 titulado “En Venezuela es preferible estar muerto que vivir el horror tras las rejas”.
“El problema de las cárceles en el país tiene décadas, no es algo nuevo, pero lo que sí es nuevo es la magnitud de la indiferencia. En 27 años bajo la Constitución de 1999, el Estado venezolano ha tenido todas las oportunidades para construir un sistema penitenciario serio, humano y respetuoso, donde quien ingresa por haber cometido un delito salga al menos con las herramientas para reinsertarse en la sociedad. Eso no ha ocurrido por una razón que puede resumirse en una sola frase: falta de voluntad política”, manifestó Humberto Prado, director del OVP.
En ese sentido, recalcó que la crisis penitenciaria es un problema multifactorial y el resultado de la inacción de cinco instituciones. “La Defensoría del Pueblo, el Ministerio Público y el Poder Judicial en la realidad venezolana funcionan de la siguiente manera: Uno no ve, el otro no oye y el otro no habla. Mientras tanto las personas privadas de libertad continúan muriendo en las cárceles de Venezuela”.
En Venezuela murió un preso cada dos días durante 2025
Durante el último año, desde el OVP hemos documentado el fallecimiento de 181 privados de libertad en cárceles y calabozos policiales; es decir, que un preso murió cada dos días. 158 reclusos fallecidos en centros penitenciarios y 151 por falta de asistencia médica, lo que representa el 95.57 % de las muertes que se registraron durante el 2025, cifras que se traducen en muertes por negligencia del Estado; mientras que en los calabozos policiales murieron 23 internos.
Desde el año 2015 hasta el 2025, han fallecido 26 presos políticos de los cuales 4 fueron en 2025; entre ellos está la muerte de Víctor Quero Navas, cuyo caso consternó al país por la crueldad con la que trataron a su madre. Al respecto, el Ministerio solo anunció que iniciaría una investigación, pero hasta la fecha desde el día de la exhumación no hay datos concretos ni responsables.
De la misma forma y tras años de investigación del OVP, tenemos que desde el año 1999 hasta el año 2025 hemos documentado la muerte de 8.111 privados de libertad fallecidos en cárceles y un total de 17.965 presos heridos.

Períodos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro
Para el período presidencial de Hugo Chávez (1999-2012) fueron 5.657 las muertes que se registraron, mientras en el gobierno de Nicolás Maduro (2013 – 2025) fueron 2.454 las víctimas. En nuestros registros también tenemos como desde el año 2017 hasta 2025 murieron 1.356 personas, de los cuales 711 fueron por condiciones de salud, convirtiéndose en la principal causa de muerte en los centros penitenciarios de Venezuela.
Ahora bien, en Venezuela existen 52 penales, pero tan solo 39 están operativos desglosados en 35 centros exclusivos para hombres, una cárcel para mujeres, un internado judicial masculino destinado para mujeres y 11 cárceles con anexos femeninos.
Tenemos registrada una población penitenciaria de 26.694, que sobreviven en espacios diseñados para apenas 15.096, alcanzando un hacinamiento crítico que alcanza el 176,83%. En 2025, tal como ha sucedido durante años, hubo opacidad de información y no existió un registro sobre las cárceles que realmente estaban operativas.
75% de privados de libertad sin sentencia firme
De la totalidad de privados de libertad, solo 6.427 reclusos tienen una sentencia firme, más de 75 % se encuentra en condición de procesados. Asimismo, tenemos que, de la cantidad de privados de libertad, 24.149 son hombres y 2.545 mujeres, lo que equivale al 9.53 % de la población.
En nuestro informe también desglosamos las incidencias que se registraron durante el año 2025. En las cárceles hubo 12 personas heridas, 9 fueron en un motín y 3 presos que en distintas situaciones se intentaron suicidar. Asimismo, hubo una huelga de hambre colectiva, mientras en los calabozos policiales hubo 4 motines y una huelga de hambre.
Por otra parte, en los centros penitenciarios registramos un total de 21 fugas, pero solo 14 personas las recapturaron. En centros de detención preventiva, hubo 39 presos fugados y la mayoría ocurrieron en el recinto.
La cárcel como sentencia de sufrimiento
El informe de OVP desnuda la realidad de los privados de libertad que se encuentran recluidos en cárceles y centros de detención preventiva, donde la vida cotidiana es una lucha contra la desnutrición. La dieta se limita a granos y harinas; no existe un menú balanceado, lo poco que comen los internos lo proveen sus familiares al momento de la visita o cuando llevan paquetes.
Los presos tampoco tienen acceso a agua potable, viven en condiciones insalubres, no tienen acceso a atención médica y especializada, y vemos con preocupación como el derecho a la salud en los centros de reclusión no es garantizado en ninguna de sus etapas: prevención, diagnóstico, atención oportuna, tratamiento, seguimiento y rehabilitación.
En el 2025, observamos como el aislamiento y la incomunicación fueron usados para agravar deliberadamente la salud mental de las personas privadas de libertad. “El Estado les niega incluso saber si su familiar está vivo. La fe de vida no es un privilegio, es un derecho y convertirla en incertidumbre es una forma de tortura psicológica, tanto para quien está adentro como para sus familiares”, destacó el director de OVP.

Humberto Prado
Sobre presos políticos
De igual manera, es particularmente grave la situación de los presos políticos, víctimas de tratos crueles, inhumanos y degradantes. Algunos de los hechos documentados fueron cortes eléctricos focalizados, colgamientos y la aplicación del sistema Sippenhaft (represión extendida a sus familias), una práctica de herencia nazi, castigos en celdas de encierro, restricciones de las visitas.
De la misma forma, desde el OVP documentamos que las visitas en el Internado Judicial Rodeo I se realizaban bajo condiciones intimidatorias, sin privacidad y sin contacto directo entre la persona privada de libertad y su familiar, así como tratos humillantes, donde encapucharon a los familiares para guiarlos a la visita y la realización de operativos violentos en presencia de sus seres queridos.
Durante la presentación del informe, Humberto Prado reflexionó en cuanto al trato de los presos políticos y se preguntó: ¿por qué esta gente es tan cruel con los presos políticos?. Al mismo tiempo, recordó que los militares detenidos tras el intento de golpe de Estado encabezado por Hugo Chávez afirmaron que, durante su reclusión, no fueron víctimas de violaciones a sus derechos humanos dentro de los recintos penitenciarios.
“Esto solo tiene una respuesta: esta gente disfruta con el dolor que infringen”, expresó Prado, quien además indica que todos los presos políticos tienen que estar en libertad, se tiene que aplicar verdad, justicia, reparación y no repetición.
Grupos vulnerables
Dentro de lo que se califica como población más vulnerable se encuentran las mujeres privadas de libertad, personas LGBTIQ+ y adolescentes.
En cuanto a las mujeres, el informe del 2025 de OVP señala la deficiencia en la atención médica especializada, alimentación, acceso a agua potable y servicios sanitarios, espacios para maternidad y cuidado de hijos, así como acceso a programas educativos y recreativos, contribuyendo al deterioro de sus condiciones de detención, y al deterioro físico, emocional y mental de cada una de ellas.
En este punto es importante mencionar que de la totalidad de las 158 muertes que se registraron en cárceles, 5 de las víctimas eran mujeres que fallecieron por condiciones de salud por falta de atención médica oportuna.
Población LGBTIQ+ tampoco no existen garantías mínimas…
En ese orden de ideas, para la población LGBTIQ+ tampoco no existen garantías mínimas de respeto a su dignidad, identidad, seguridad personal ni personal capacitado para brindar un trato adecuado. Es por ello que desde OVP nos atrevemos a asegurar que dentro de los centros de reclusión persisten prácticas de discriminación, subordinación y explotación contra quienes son identificados como homosexuales o forman parte de la población sexodiversa.
Por otra parte, persiste una opacidad en la información oficial sobre adolescentes privados de libertad que impidió a OVP dimensionar con claridad su situación. Sin embargo, se pudo evidenciar que sus condiciones de reclusión continuaron siendo igualmente deficientes, marcadas por el abandono estatal e institucional.
Para concluir, el Observatorio Venezolano de Prisiones recomienda que el Estado venezolano debe rescatar el mandato constitucional y edificar una política penitenciaria de enfoque humanista, centrada en la descentralización y la reinserción social efectiva.
Este cambio requiere, de forma obligatoria, devolver la autonomía a las instituciones de justicia para que actúen sin sesgos políticos en defensa de los derechos humanos. Solo así se podrá garantizar a los internos una vida digna basada en el acceso real a alimentación, salud y agua potable, además de un trato respetuoso hacia sus familias que permita visitas con contacto directo y libre de procedimientos degradantes.

ACN/MAS/Prensa OVP
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