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Venezuela y la peste militar

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Venezuela y la peste militar: Por Jesús Alfonso Sánchez.-  La FANB es la clave para mantener con vida artificial el régimen dictatorial de Maduro, el usurpador. Por ahora parecen incondicionales, pero en los cuarteles reina un ambiente de desconfianza y nadie se fía de nadie por el espionaje del G2 cubano.

¿Cuándo se volteará la FANB contra el usurpador? es la gran pregunta que se hacen los venezolanos. Los militares corruptos están y controlan la administración pública nacional, pero ahora las arcas de la nación están vacías. ¿Están dispuestas las fuerzas armadas a inmolarse por él?

La Asamblea Nacional, dominada por la oposición desde 2015, ha ofrecido una amnistía a los funcionarios que “colaboren en la restitución del orden constitucional” y desconozcan al usurpador Maduro, proclamado presidente tras las elecciones fraudulentas del 20 de mayo 2018. La FANB y narco guerrillas son eslabones fundamentales del régimen, darle la espalda a Maduro implica perder las inmensas cuotas de poder político y económico que han acumulado en estos 20 años del chavismocubano.

Desde 1999, el golpista Hugo Chávez abrió la caja chica de Miraflores.  Nombro a dedo cientos de militares activos para ocupar cargos en la Administración pública. Las botas militares con soberbia tomaron como moscas, oficinas de ministerios, instituciones, empresas públicas y nacionalizadas. Los burócratas uniformados comenzaron administrar  presupuestos millonarios sin control previo y sin transparencia como ocurrió con el PLAN BOLIVAR 2000 primer enriquecimiento ilícito de militares al mando del general “el gordo Rosendo por cierto desaparecido del país”; en otras áreas clave como: Tesorería Nacional, recaudación tributaria, administración de las divisas, importaciones estatales, banca pública, construcción de obras, el transporte aeroterrestre, marítimo de pasajeros y carga, compañías de seguros, los puertos y aeropuertos, el servicio de energía eléctrica, de alimentación, minería, gas e industria petrolera, etc.

Y como si fuera poca cosa, el mandamás de Miraflores Chávez designo a generales activos y retirados como candidatos partidistas que se convirtieron en gobernadores, alcaldes y diputados. El mandatario creó también una estructura con nuevas autoridades militares en todo el país: las Regiones Estratégicas de Defensa Integral (REDI), subdivididas en Zonas de Defensa Integral y estas, a su vez, en Áreas de Defensa Integral, donde muchos jefes se comportan como caporales o caciques del régimen comunista.

El chavismo cubano militar fue más lejos. Creó una milicia con adoctrinamiento ideológico   por el G2 en la academia militar y cuarteles del país. Impuso la consigna maligna “Patria, socialismo o muerte” como saludo oficial. La proclamación de las fuerzas armadas como antiimperialistas y chavistas: el caudillo las transformó en un Ejército de partido único. El usurpador Maduro ha repetido en los cuarteles una consigna diabólica de Chávez: “La revolución bolivariana es militar”

El poder económico de los militares incluye, además, actividades ilícitas que van desde el soborno y la extorsión a los productores del campo agropecuario hasta el contrabando de gasolina, minería, productos del mar y el narcotráfico, de acuerdo con denuncias de la prensa nacional e internacional.

El ministro de Defensa Vladimir Padrino asegura que en las fuerzas armadas hay una “unidad monolítica”. Pero el Alto Mando hace jurar a los soldados “lealtad absoluta” a Maduro. En los cuarteles adentro hay un ambiente de cacería de brujas al estilo del G2 cubano y nadie se fía de nadie. Ni siquiera el propio ministro.

Está claro que los cuarteles no son ajenos al malestar que existe en el país ni tampoco inmune a la peor debacle económica que haya vivido el país en 20 años de dictadura.

Hoy por hoy lo que está en juego es la maldita herencia del poder militar que va más allá del régimen castrense del usurpador Maduro. Durante 150 años, los hombres de uniforme y armas de la República han dominado en Venezuela. El destacado historiador-articulista de opinión política, Manuel Caballero hablaba de “la peste militar”, es una enfermedad como el cáncer, “en la que unas células al principio normales empiezan a crecer sin control alguno, matando o dañando las células sanas del organismo”. El historiador sostenía que el único remedio para este mal es una vacuna civil “porque una militar sería como curar una hemorragia con una sangría”. El mayor reto que tiene el gobierno de transición de Guaidó es la desmilitarización y recomposición de las fuerzas armadas. ¿Volverán los militares a los cuarteles?

¿Cómo reinstitucionalizar el partido único FANB? reformar la Constitución Nacional y ley Orgánica de las FAN. Volver a la Obediencia absoluta al Poder Civil Democrático, FAN No deliberantes en asuntos político-partidistas  ni a cargos públicos de libre elección popular.

Hay que realizar elecciones libre y transparente “YA” en Venezuela. liberar a los presos políticos y exiliados, rehabilitar partidos políticos, reformar el REP, garantizar el voto universal, directo y secreto de la gran diáspora de venezolanos (más de 3 millones de ciudadanos en los países del mundo), y elegir un nuevo CNE bajo estricto baremo de ciudadanos probos.

Más del 95% de la población rechaza al usurpador Maduro en la ineludible convocatoria del día 23F, plazo para que entre la ayuda humanitaria por las fronteras del país que envían naciones amigas al pueblo desasistido por el gobierno militar que se niega con terquedad dejar entrar a los cientos de miles de voluntarios bajo juramento constitucional dispuestos a sacrificar si es posible su vida para llevar al destino cierto la ayuda humanitaria. ¡Ojala! militares, milicias, fanáticos y colectivos reflexionen, decidan con conciencia para que la ayuda humanitaria llegue a enfermos, moribundos y hambrientos en cada hogar y lechos de los más necesitados.

El Jesuita venezolano Arturo Sosa el “Papa negro” el superior general de la Compañía de Jesús de la Iglesia Católica se pronunció desde  Roma por unas «elecciones políticas» legítimas en Venezuela y dijo: “Espero que la sociedad venezolana encuentre un camino para llegar a una solución pacífica que lleve a unas elecciones políticas que todos sientan como legítimas y como posibilidad de futuro” continuo diciendo que lamenta la “crítica situación” de Venezuela generada por una grave crisis “social, política y económica”, la peor de su historia, así como las enormes carencias que tiene la población, que han empujando a millones de personas a abandonar al país en busca de un mejor futuro.

Asimismo, recordó la postura de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), que “ha dicho claramente que piensa que hace falta otro Gobierno y llegar a elecciones” libres y transparentes para que los venezolanos puedan elegir su próximo presidente.

Por último, afirmó Arturo Sosa que: “El Santo Padre Francisco ha señalado varias veces que la voz de los obispos de Venezuela es la suya”  y que “el Papa está muy atento a Venezuela, está bien informado y mantiene una relación muy estrecha con el episcopado”.

Hoy en Venezuela continúa la ansiedad por el desenlace de una situación insostenible. La presión sigue y el próximo sábado 23F se convierte en una fecha ultimátum, “si o si” con el anuncio de la entrada de la ayuda humanitaria.

El pulso de la oposición democrática y del gobierno usurpador se mide en este momento con el tema de la ayuda humanitaria, ya el tiempo se agotó y las cartas están echadas.

Negarle a un paciente un tratamiento de diálisis es igual a “ahorcar a una persona hasta morir. Eso está ocurriendo en este momento con 11 mil personas en Venezuela, por un gobierno  al que no le importa la salud de los ciudadanos”. Eso lo expresó el director de Codevida, Francisco Valencia, desde la OEA, durante la Cumbre Mundial sobre la crisis en Venezuela el pasado jueves 14F/2019.

La dramática descripción hecha por Valencia recoge uno de los puntos esenciales que pusieron en evidencia ante el mundo el verdadero talante y la más oscura esencia, de cómo la ambición de una élite de poder criminal puede llevar a la muerte, sin ningún pudor, a sus compatriotas venezolanos. La tragedia del país es la atención de la mayoría de los países democráticos en el mundo. De 193 países de la ONU sólo 10 siguen apoyando a Nicolás Maduro, 54 reconocen a Guaidó, basados en la necesidad de una salida libre y electoral y el resto se mantiene en la expectativa de cómo se desarrollará el conflicto.

Hasta ahora la presión internacional se ha centrado en exigir que Maduro acepte el ingreso de la ayuda humanitaria y que acceda a unas elecciones libres en Venezuela. Ambas demandas parecen ser inaceptables para las dos figuras que ostentan el poder en Venezuela: Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

El cerco internacional va a profundizarse y la alianza de Cuba y Rusia, podría quebrarse en cualquier momento cuando, los efectos de la disponibilidad de dólares del gobierno madurista, no sea suficiente para satisfacer las razones económicas de esa alianza. Ambos gobiernos, el de Cuba y el de Rusia, han demostrado que el pragmatismo económico está por encima de cualquier consideración ideológica. Para ambos, sus intereses en el juego geopolítico es lo fundamental.

Hoy Venezuela y la peste militar están vigiladas por los 4 puntos cardinales. La amplia frontera terrestre, el espacio aéreo, ríos, lagos y el inmenso Mar Caribe por fin están controlados por el voluntariado, y no existe posible escapatoria de los criminales de lesa humanidad.  Así de las cosas.

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Antirracismo machista

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Antirracismo machista: Por Najat El Hachmi.- Las sociedades occidentales, y sus sistemas más o menos laicos, permiten que cualquier ciudadano tenga derecho a criticar las religiones. Eso no sucede en países donde la apostasía sigue siendo delito

Las mujeres nos dimos cuenta muy pronto de la diferencia abismal que existe entre la sociedad marroquí de la que procedemos y las sociedades europeas a las que nos fuimos incorporando. Aunque se tratara de un país como España, que no hacía tanto que había dejado atrás una dictadura, aunque emigráramos a ciudades pequeñas o entornos provincianos, aunque nos instaláramos en barrios periféricos o pasáramos a engrosar las filas de las clases sociales con menos recursos, lo cierto es que no se nos escapó el avance enorme que supuso la emigración, una especie de atajo que acortaba de un modo importante nuestro avance hacia la libertad, la igualdad y, sobre todo, la esperanza en la posibilidad de disfrutar de una vida más digna que la de nuestras madres y abuelas. Es una verdad incontestable que llevamos inscrita en la carne: nada tiene que ver una sociedad legalmente igualitaria a una que no lo es. Por eso, uno de nuestros mayores temores fue y ha sido siempre que nos llevaran a Marruecos y nos dejaran allí. De hecho, era una amenaza nada insólita entre muchos padres de familia que no estaban dispuestos a permitir que sus mujeres e hijas se liberaran tal como habían hecho esas libertinas cristianas.

Así que, sí, no tardamos en disfrutar de los avances conquistados por las mujeres de este país y pasamos a sentirnos extranjeras donde nacimos. Algo que, por otro lado, también les pasaba a las tías y abuelas que no habían salido del pueblo. La condición de extranjeras les venía dada por su sexo en una sociedad que las consideraba personas de segunda. Cabe aquí recordar las diferencias por si alguien, en esta epidemia de relativismo que lo está infectando todo, sufre de cierta desmemoria: hemos pasado de tener que esconderte cuando llega un invitado hombre ajeno a la familia a compartir pupitre con chicos de tu edad, con quienes incluso puedes entablar amistad; de ser considerada un cuerpo capaz de desencadenar el caos con su sola presencia a poder llevar pantalones ajustados o minifalda (a pesar de que sonara la cancioncita de Manolo Escobar); de que tu educación sea algo discrecional que dependa de los designios del jefe de familia a que la escolarización de las niñas sea obligatoria por ley; de que esté normalizada la violencia y se considere justificada cuando tu comportamiento no ha sido el correcto a que… bueno, es verdad, con el número de víctimas de violencia machista es difícil defender que la sociedad española es igualitaria, pero tengan en cuenta que es un enorme progreso no tener que partir de cero a cada momento para desmontar los discursos que la justifican. En fin, que no es lo mismo vivir en un país donde el matrimonio infantil o forzoso es habitual a hacerlo en uno donde se vea como una aberración.

A menudo se persigue y se intenta silenciar a las feministas en nombre de la lucha contra la islamofobia

Entre las numerosas diferencias que existen entre una sociedad musulmana y una europea hay dos ejes fundamentales que han supuesto un cambio de primer orden para las hijas de la inmigración: por un lado, la secularización de la sociedad de acogida y, por otro, las condiciones para la libertad de expresión. En el arduo camino de la toma de conciencia feminista llega un momento en el que resulta imposible eludir el análisis y la confrontación con el poder religioso, que forma parte indisociable del entramado estructural que configura nuestro patriarcado. Muy a menudo se intenta separar el islam de lo que son costumbres, tradiciones y valores que, nos dicen, nada tienen que ver con el primero. Se ha difundido así (y con éxito) la idea de que el contenido misógino de la religión es el resultado de una interpretación patriarcal de los textos originales, que serían incluso feministas. Una propuesta difícil de validar teniendo en cuenta la carga machista de muchos pasajes del Corán o hadices del profeta Mahoma. Así que una reivindicación a favor de la igualdad de la mujer en este contexto no puede evitar la confrontación con el islam. Este no es un paso fácil, pero es necesario si lo que queremos defender es una libertad sin concesiones, que las mujeres podamos decidir y hacer como adultas de pleno derecho lo que nos venga en gana, que no tengamos que supeditarnos a esa otra forma de patriarcado, el religioso, que es capaz de mantener su influencia sobre nosotras incluso cuando hemos conseguido vencer al padre, el hermano, el primo, el marido o el vecino o nos hemos alejado del entorno que pretendía coartar nuestra independencia.

Si algo hemos interiorizado con la educación democrática recibida es que la secularización de las sociedades occidentales y sus sistemas más o menos laicos, permiten que cualquier ciudadano tenga derecho a criticar las religiones sin que ello comporte castigos de ningún tipo. Algo que no sucede en países donde la apostasía sigue siendo delito y se persigue cualquier opinión que cuestione el orden religioso.

La secularización y la libertad de expresión son las grandes diferencias entre una sociedad musulmana y una europea

Así que las mujeres nacidas en familias musulmanas instaladas en Europa nos tomamos la libertad de manifestar públicamente nuestras opiniones críticas sobre la religión de nuestros padres. Alzamos la voz para denunciar la discriminación y afirmamos que el islam contiene dosis nada desdeñables de machismo. Esperábamos que las reprimendas por este tipo de posiciones feministas vinieran de nuestras familias más directas, pero no estábamos preparadas para el extraño fenómeno que viene dándose en los últimos tiempos en redes sociales, espacios de opinión de lo más variopintos, instituciones públicas e incluso cátedras universitarias. Que las críticas a nuestros postulados a favor de la igualdad entre hombres y mujeres vengan de personas que dicen conocer el islam mejor de lo que lo conocemos nosotras, que mujeres feministas no musulmanas nos digan que todas nuestras quejas son infundadas porque en realidad no entendimos lo que es el “verdadero islam”, que expertos analistas defensores de los derechos de los musulmanes afirmen que nuestro testimonio no es representativo y que hombres de nuestra misma procedencia nos acusen de islamófobas y, al fin, algo en lo que coinciden todos: nos manden callar.

Como si ese patriarcado del que escapamos por los pelos nos persiguiera hasta aquí y volviera a ejercer, o por lo menos lo intenta, el mismo poder que practica en las sociedades donde nadie lo ha puesto en duda. Forma parte este fenómeno de la reacción virulenta del islamismo y nada tiene que ver con la defensa de la libertad religiosa. Se persigue y se intenta silenciar a las feministas en nombre de la lucha contra la islamofobia y se sofoca cualquier crítica a la religión al considerarla la expresión del racismo. Como si, por otro lado, nosotras no hubiéramos sufrido discriminación por nuestro origen.

Lo sorprendente es que quienes usan la lucha antirracista como mordaza para el feminismo no son solamente los hombres musulmanes, muchos de ellos islamistas, sino organizaciones lideradas por hombres españoles que nos cuentan a nosotras, mujeres nacidas musulmanas e hijas de inmigrantes, cuál es en realidad nuestra discriminación y cómo tenemos que expresarla. Y no se cansan de hablar por nosotras y de pedir que se veten nuestras charlas o presencia en los medios públicos. Se demuestra así que para nosotras la susodicha interseccionalidad se convierte en una encrucijada donde no nos queda otra que escoger entre defender nuestra igualdad o conformarnos con el machismo si queremos ser antirracistas. Se repite que el feminismo será antirracista o no será, pero nadie le dice al antirracismo que será feminista o no será.

*Najat el Hachmi es escritora.

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