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¡Feliz Día del Periodista!

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Todo ciudadano crítico y pensante es de alguna manera un periodista en ciernes;  aunque no ejerza el oficio, porque el ser periodista no es simplemente una carrera universitaria;  es una forma de ver la vida. Es hurgar en las causas de los males y las injusticias de una sociedad cada vez más compleja. Es una fuerza inquietante que impulsa la búsqueda de soluciones. Es un compromiso del que no es fácil escaparse y que hace que los sueños lleguen a materializarse.

Porque la función del comunicador social no debe limitarse a la transmisión de información;  o quedaría como un virtual repetidor de los ecos noticiosos. Por el contrario, debe generar a través de su trabajo; la confrontación sana y amistosa que tenga como finalidad la solución concreta de los problemas;  como por ejemplo, propiciar la movilización de las autoridades competentes;  para el buen funcionamiento de una escuela o un centro asistencial. De allí el poder de la crónica, de la denuncia; muy frecuentemente con todas las expresiones del lenguaje popular;   vehículo del que se valen las comunidades y los más necesitados para intentar poner fin a su drama.

¡Feliz Día del Periodista, a todos mis colegas en la Agencia Carabobeña de Noticias (ACN)!

Para mis amigos periodistas de  ACN: La crónica como instrumento básico

Un periodista, uno de oficio, no le gusta el melodrama, pero lo vive; y no representa un papel estudiado porque pertenece a la errática raza humana… A cualquier otro profesional le impresiona tanto la emoción; que podría decir que no existe, si alguien no se lo dice en términos normales. Un policía, por ejemplo, sólo entiende los puros sentimientos de un ladrón; o de un vulgar criminal, que desea la propiedad ajena, pero cuando alguien siente realmente mucho odio o pesar; entonces no lo considera un problema metafísico, pierde la cabeza y habla de melodramas descabellados…; hasta que se produce el desenlace, el estallido del dolor más profundo causado por el resentimiento y el deseo de matar: la muerte. Cuando alguien comete un crimen inimaginable, tan espantoso que hasta Dios aparta sus ojos de él, el reportero debe decir “aquí estoy”.

Un periodista, un reportero, un cronista, un comunicador social; o cualquiera de los apelativos para nombrarlos, no es otra cosa que un superprofesional; así de simple, que logra de cierta manera, entender la naturaleza humana; porque discurre, porque está presente en todos los escenarios. Y para completar, su éxito depende de su simpatía y del vocabulario empleado en sus escritos; deben ser el reflejo de los propios pensamientos del lector, expresados ahora con un asomo de sabiduría; de gracia, de sencillez, de claridad,  palabras que pueda entender un niño y un adulto, un ignaro o un sabio; y sobre todo, la gran masa de lectores compuesta principalmente por gente de vocabulario reducido.

Algunos practican un lenguaje confuso

El éxito del cronista depende entonces, de su habilidad para ocultar su talento; y hacerlo parecer como pensamiento del lector. La pedantería es enemiga del periodista, pero algunos muy instruidos; por sus lecturas de cultos y líderes prominentes, practican un lenguaje confuso; que detienen al lector, empleando expresiones de obras literarias o científicas. Y olvidan el lenguaje popular, que además está lleno de imágenes muy inteligentes, de frases estupendas pero vulgarizadas.

El cronista es por añadidura, el centro de la errática raza humana; y ayer pudo estar, como testigo excepcional, en la gala de los príncipes y hoy, con el verdulero; y grabar en su memoria aquel palabrerío sofisticado y este otro simple y verdadero, quizás.

El mejor oficio del mundo

Por mi parte, dejo este introito para la lectura de mis queridos colegas de la Agencia Carabobeña de Noticias (ACN). Es un trabajo en pleno desarrollo que espero terminar pronto; pero me parece que es apremiante, ya que la opinión pública, sin decirlo, espera que el periodista fije posición, construya a su lector; porque el periodismo es oficio que no cesa nunca, el mejor del mundo.

ACN/Francisco Mayorga

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Opinión

El Pesebre arraigado en Venezuela

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El arraigo del pesebre en Venezuela: Por Francisco Mayorga.-

El Pesebre o nacimiento navideño es un arraigo profundo en Venezuela. Por caro que resulte montarlo;  no hay hogar venezolano que no lo intente. Es la fe y la significación, evidente con los años;  que le trae a todos los feligreses… un presagio de tiempos mejores y buena suerte.

Su leyenda d 800 años

El pesebre lo inventó San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza, en la Navidad de 1223, hace casi 800 años, en el pueblecito de Greccio, en Italia.

El santo estaba débil y enfermo, y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra, quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial. Un amigo de nombre Juan Velita, era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio, y en el bosque había una gruta que a Francisco se le parecía mucho a la cuevita donde nació Jesús, en los campos de Belén, y que él había conocido hacía poco en su viaje a Tierra Santa.

Francisco habló con su amigo, le contó su idea de hacer allí un “pesebre vivo”, y juntos lo prepararon todo, en secreto, para que fuera una sorpresa para los habitantes del pueblo, niños y grandes.

Entre la gente del pueblo, Francisco y Juan escogieron algunas personas para que representaran a María, a José, y a los pastores; les hicieron prometer que no dirían nada a nadie antes de la Navidad, y, siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento. ¡Hasta consiguieron un hermoso bebé para que representara a Jesús!

El primer nacimiento

La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la iglesia empezaron a tocar solas…  ¡Tocaban y tocaban como si hubiera una celebración especial!… Pero nadie sabía qué estaba pasando… El Párroco del pueblo no había dicho que fuera a celebrar la  Misa del Gallo… la Misa de Medianoche….

Sorprendidos y asustados a la vez, todos los habitantes de Greccio salieron de sus casas para ver qué estaba sucediendo… Entonces vieron a Francisco que desde la montaña los llamaba, y les indicaba que subieran donde él estaba.

Alumbrándose con antorchas, porque la noche estaba muy oscura y hacía mucho frío, todos se dirigieron al lugar indicado, y cuando llegaron quedaron tan admirados, que cayeron de rodillas, porque estaban viendo algo que nunca habían pensado poder ver. Era como si el tiempo hubiera retrocedido muchos, muchos años, y se encontraran en Belén, celebrando la primera Navidad de la historia: María tenía a Jesús en sus brazos, y José, muy entusiasmado, conversaba con un grupo de pastores y pastoras, que no se cansaban de admirar al niño que había acabado de nacer…

Después, cuando todos se calmaron, el sacerdote, que había sido cómplice de Francisco y de Juan Velita en aquel secreto, celebró la Santa Misa, y Jesús se hizo presente en el Pan y el Vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una Misa en cualquier lugar del mundo.

Terminada la Eucaristía, Francisco, lleno de amor y de alegría, les contó a todos los presentes, con lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad, y Jesús, “luz del mundo”, llenó sus corazones de paz y de amor.

Tres años más tarde, Francisco de Asís murió, dejándonos esta hermosa costumbre de hacer el pesebre todos los años, que a todos nos gusta tanto.

ACN/fm

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