Hombre & Mujer
La masturbación no es un placer solitario, puede ser entre dos
Tomado de la revista El País: La masturbación no es un placer solitario, puede ser entre dos. La masturbación ha superado muchos mitos, relata Silvia C. Carpallo de El País.
Ya nadie piensa que las sesiones de autoerotismo acabarán en ceguera, se habla del tema con los adolescentes cuando comienzan a encerrarse en el baño e incluso se empieza a tener claro que las mujeres también se masturban, gracias a la visibilidad de algunos juguetes eróticos, entre otras cosas.
Pero el tema vuelve a ponerse tenso cuando se habla de masturbación y pareja; entonces vuelven esas ideas preconcebidas que gravitan en torno al sexo, y que se resumen en frases como ¿para qué te masturbas si tienes pareja? y ¿es que no te vale conmigo?
El autoerotismo sigue siendo un tema de debate en la convivencia, la realidad es que cuando se une la idea de masturbación y pareja se unen, suman más que restan.

Beneficios de tocarse ante la pareja
Los sexólogos coinciden en que sería positivo sacar la masturbación del armario, e incluso usarla como un complemento de la pareja.
Una de las formas de derribar este muro es empezar a mostrar la masturbación dentro de la relación sexual y aprovechar, de paso, todos los beneficios que reporta.
«Masturbarse delante de nuestra pareja es una práctica que puede reportarnos múltiples beneficios y que, además, nos ayuda a reforzar el vínculo».
En concreto, esta práctica sexual «nos puede ayudar a descubrir los puntos de placer de nuestra pareja, el cómo le gusta que le toquen o acaricien, con qué presión y ritmo». También se aprende dónde están sus puntos más erógenos, por lo que «es un ejercicio que fomenta el clima de confianza con el otro», apunta la sexóloga Verónica Vivero.
El también sexólogo Alberto Álamo añade que «masturbarnos delante de nuestra pareja hace que esta se sienta deseada y gane confianza en la relación erótica».

Invita a tu pareja a que participe
Para sacarle aún más jugo, el sexólogo propone «invitar a la pareja a que participe, o a que aprenda, ya que cada hombre y cada mujer tiene sus preferencias en cuanto a la forma de masturbarse».
Pese a que todo parecen ventajas, Vivero apunta a que muchas parejas o individuos no se ven capaces de dar este paso: mostrar lo que hacemos cuando nadie nos ve, delante de otro.
En realidad, más que una cuestión de timidez, «depende de nuestro sistema de creencias entorno a esta práctica, la educación sexual que hayamos recibido, o factores como nuestro nivel de autoconocimiento, autoestima o aceptación corporal».
Según estas circunstancias, puede que seamos capaces de lanzar la propuesta y ver qué pasa, o incluso directamente probar y consumarla.
Si estamos decididos a dar el paso y mostrar claramente cómo nos gusta tocarnos, Álamo advierte de que la ejecución también depende de cuál sea nuestro perfil y el de nuestra pareja.
Cuando se trata de personas tímidas o inseguras, «tal vez sea más recomendable que este tema lo hablen fuera de la relación erótica, con vistas a introducir esta práctica cuando se sientan seguros y preparados», en vez de plantearlo de forma espontánea y que suponga una situación incómoda más que agradable.
Si, por el contrario, sabemos que la pareja es alguien más abierto y estamos más acostumbrados a dejarnos sorprender, «se puede usar esta petición de una forma algo más espontánea y natural», lo que muy probablemente «incremente la excitación de ambos miembros de la pareja».
La sexualidad propia también es compartida
Si está bien compartir esta práctica sexual y sentirnos cómodos con ella, el siguiente paso sería respetar el espacio de intimidad de la pareja para practicar el autoerotismo a solas.
A la larga, esto también beneficia a la pareja. Álamo reflexiona que «la masturbación a solas en un contexto de pareja no ha de considerarse como una actividad pecaminosa, ni prohibida, sino una actividad más que forma parte de nuestros intereses individuales».
De esta forma, insiste en que «es recomendable que haya espacios de disfrute individual», puesto que esto fomenta «estar conectados con nuestras fantasías, lo que provocará que estemos más activos y activas eróticamente».
Además, Vivero insiste en que la masturbación tiene efectos positivos y contrastados en la salud. «Nos ayuda a liberar el estrés, gracias a la liberación de endorfinas, reduce los dolores menstruales, nos ayuda a conciliar el sueño, es un gran aliado de belleza, ya que ayuda a mejorar la calidad de piel y pelo y, mantiene nuestros genitales en forma, además de mejorar la calidad de nuestros orgasmos y favorecer el autoconocimiento». Es un argumentario que resulta difícil de rebatir con falsos mitos.
ACN/ Silvia C. Carpallo/El País
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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