Sancochos | ACN Sancochos compuestos nutritivos
Connect with us

Opinión

Sancochos

Publicado

on

Compartir

Sancochos: Por Josué D. Fernández  A.- El sancocho es un compuesto nutritivo que se sirve en muchos países de América Latina, y que solo tiene  de singular ese modo que le otorga la Real Academia Española (RAE), al presentar el vocablo en su diccionario. En realidad, con diferencias “sustantivas” en significado, sin considerar su parecido con “salcocho”, la palabra es usada en Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. Sin embargo, aunque el nombre también es conocido en Cuba, allí se usa como despectivo, como comida mal preparada, insulsa, pobre en ingredientes, e incluso así se tildan los desechos que se utilizan como alimento para cerdos.

Así, lo más parecido en Latino-américa a la invitación a preparar  y comer sancocho, se ilustra hoy en las proposiciones ambiguas de diálogo con la dictadura anclada en Venezuela desde hace 20 años, movida por cerebros con ideas fijas de perpetuidad en el poder, según aliento comunista cubano, de rusos y chinos, coros uruguayos, nicaragüenses, bolivianos y hasta mexicanos, junto con otros voceros desinformados o de extraña buena fe. Como los sancochos latinoamericanos carentes de receta única, así serían igualmente esos llamamientos a conversar sin condiciones -o ingredientes específicos para mantener el símil gastronómico-, entre la parte dominante de afilados colmillos, y la contraparte simplemente empeñada en liberarse del yugo.

Un supuesto diálogo sin claros fines, en vez del sabroso sancocho que se escuchó,  terminará en «guiso podrido» muy acorde con el despectivo cubano, pues a cada mención de diálogo como salvación del país, la dictadura bailará en un pie por la  nueva prórroga que fortalece los rugidos de su extendida corrupción, el abandono de los servicios básicos de luz y agua, los estrangulamientos con privaciones de alimentos, medicinas y atención hospitalaria, persecuciones, cárcel  y  hechos sangrientos en aumento.

El daño del diálogo-sancocho acumula los crímenes políticos de Óscar Pérez, Fernando Albán, y del capitán de corbeta Rafael Acosta, ocurridos en los 18 meses anteriores. Tiempo mucho menor que el malgastado, excepto por el alto costo acarreado, por el mediador José Luis Rodríguez Zapatero, quien se jacta de haber visitado a la nación sudamericana en 37 ocasiones durante los últimos cuatro años,  con saldos  de importancia quizás, únicamente que en cuentas bancarias de paraísos fiscales.

Por ahora, las conversaciones con la dictadura tan solo dejan ver el crecimiento de desafueros, la usurpación continuada del poder, y la represión con cárcel, armas de torturas y muertes.  Los diálogos por fuera de patrones conocidos y los sancochos de fórmulas extrañas tienen coincidencias con el preparado de “güesito”,  descrito en la canción merengue de FEDERICO GAERSTE, nacido en Puerto Cabello, a cargo de Alfredo Sadel para cerrar por hoy. Regresamos en una semana.

Narración completa y temas musicales editados, en grabación por:

El artículo adosado forma parte de“SALDOS”, segmento de la revista “Estamos en el Aire”, transmitida a  las 4:30 de la tarde, cada sábado,  para el entretenimiento general a partir de saldos que deja la actualidad local e internacional En ensayo audiovisual a título de catarsis del autor Josué D. Fernández A., a través  de Radio Rumbos 670am.en Caracas, Venezuela, , para participación directa  por los teléfonos +58 212 284.04.94 y 285.27.35, por Twitter, @jodofeal, https://www.youtube.com/user/fernandezjosue o en https://comunicadorcorporativo.blogspot.com/ Ampliaciones al pinchar imágenes de abajo

ACN/Josué D. Fernández A., comunicólogo – Crónicas, Corporativas y más…

No deje de leer: Poderosos tornados azotan la costa este de EE.UU.

Opinión

¿Esto se entiende en Perú (y en Venezuela y…)?

Publicado

on

Compartir

¿Esto se entiende en Perú (y en México y en Venezuela y en Argentina y…)?: Por Eliezer Budasoff.

Este artículo forma parte de Times Insider, una serie que retrata la vida de la redacción y la intimidad del trabajo periodístico detrás de los artículos, reportajes y columnas de opinión en The New York Times.

Desde que comenzó el proyecto de The New York Times en Español, en febrero de 2016, una de las preguntas más constantes que recibimos (dentro y fuera del Times) es cómo elegimos los artículos que traducimos. Se trata de una discusión que los editores del sitio en español mantenemos todos los días amablemente y que ha sido inseparable de otra discusión, a menudo más visceral y menos amable: ¿cómo los traducimos?

Desde Los Ángeles hasta Buenos Aires y desde las Islas Galápagos hasta Barcelona, el español que hablan nuestros lectores varía ampliamente. Solo en América Latina hay más de quince formas distintas de llamar a las palomitas de maíz (en mi ciudad natal es pororó), existen al menos trece formas de referirse a los sorbetes y hay diez maneras distintas de llamar a una vaquita de San Antonio (esos bichitos rojos con lunares negros a los que la superstición popular atribuye buena suerte), tantas como los nombres que se usan para los botines de fútbol. Un deporte que, de hecho, se escribe con acento o sin acento según el país en el que vivas, al igual que “cartel”, “panel” y “video”. La palabra coloquial que usan los venezolanos para decir que están furiosos es la misma que usan los peruanos o los colombianos para decir que están embargados por el deseo. Tenemos distintos nombres para las frutas, para los cortes de carne y para hablar de una ruptura amorosa. Y, por supuesto, todos los lectores están convencidos de que su forma de usar el idioma es la correcta.

EXPLORA NYTIMES.COM/ES

Los Cabos, un destino generoso y aventurero

Todos los editores que hacemos el Times en Español somos hispanohablantes nativos de México, Argentina y Venezuela, y varios hemos estudiado o trabajado en otros países como Perú, España, Paraguay y Estados Unidos.

The New York Times en Español publica entre cuarenta y cincuenta traducciones por semana, además de artículos de opinión y reportajes producidos originalmente en español. Incluso cuando seleccionar, traducir y editar artículos ocupa una gran parte de nuestro tiempo, el corazón de nuestra misión no es traducir textos a otro idioma, sino traducir una marca, una tradición periodística reconocida por su precisión, su imparcialidad y su calidad, a nuevos lectores.

Dar forma a la voz del Times en español implicó crear un nuevo estándar para el uso del idioma: desde el inicio nos dimos cuenta de que no podíamos traducir los textos a un español neutro —un español que no habla absolutamente nadie—, sino que debíamos encontrar maneras de reflejar la riqueza y la diversidad del idioma sin perder legibilidad. Nuestra tarea, tal como la vemos, es hacer entender a los lectores en castellano de distintas regiones que el periodismo del Times es para ellos y que les habla a ellos. Este principio atraviesa nuestro proceso de trabajo desde que elegimos los textos para traducir hasta que discutimos los titulares, y también es el origen de nuestros dilemas y aprendizajes.

Cuando no se trata de noticias de último momento, la mayoría de los artículos que decidimos publicar en español se envían a una agencia de traducción que trabaja con nosotros desde el inicio del proyecto y que ha adaptado su trabajo a nuestras decisiones de estilo. Una vez que el texto está traducido, la regla general es que pase por dos capas de edición (y, en una situación ideal, que los dos editores que trabajan un texto tengan una experiencia distinta del idioma).

Este proceso permite aprovechar nuestra propia diversidad para reducir los malentendidos. Lograr que ciertos usos o construcciones gramaticales que pueden ser naturales para un país o una región salten a la vista de un editor habituado a otros usos del español, y encontrar la solución intermedia más precisa y que mejor suene para todos. Una de las preguntas más repetidas que hacemos en la redacción, de hecho, es: “¿Esto se entiende en Perú (o en Argentina o en México o en Venezuela…)?”.

Muchas veces, resolver nuestras diferencias y dudas deriva en un proceso de investigación y consulta con libros especializados o instituciones rectoras del idioma como las academias de la lengua o Fundéu —dedicada a impulsar el buen uso del español en los medios— que lleva adelante Paulina Chavira, nuestra editora especialista en el uso y las reglas del español. Paulina es nuestra gurú del idioma y es también la responsable de actualizar nuestro manual de estilo, una tarea en elaboración y evolución permanente.

La autoridad y el entusiasmo de Paulina por el español exceden las fronteras de la redacción: su cuenta de Twitter es una fuente de consulta y asesoramiento para sus seguidores y, entre otras cosas, ha logrado que la Selección Mexicana de Fútbol corrigiera las camisetas de sus jugadores antes del Mundial de Rusia 2018 para incluir acentos en los apellidos, una omisión histórica que las hacía ortográficamente incorrectas.

En algunas ocasiones, este proceso nos ha llevado a crear reglas o incluso palabras para traducir de la mejor manera la mirada del Times. Como cuando decidimos usar “elle”, una adaptación al español de un pronombre sin marca de género (a diferencia de él/ella), para poder traducir adecuadamente este Lens sobre personas de género fluido o no binario; o cuando se decidió utilizar una regla flexible para acentuar palabras como fútbol o cártel —o no: futbol y cartel— para respetar el uso común en el país o la región a la que se refiere un artículo (lo que explica por qué los artículos sobre Pablo Escobar se refieren a su organización como “el Cartel de Medellín”, y aquellos sobre Joaquín “el Chapo” Guzmán hablan de “el Cártel de Sinaloa”).

Algunas de estas discusiones y sus soluciones, que surgen de nuestro propio trabajo o de consultas de los lectores, se han convertido de hecho en una sección de nuestro boletín (al que puedes suscribirte aquí) y en nuestra página web, donde compartimos con nuestros lectores algunas decisiones de estilo y Paulina ofrece actualizaciones que se hacen a las reglas ortográficas del español.

No existen algoritmos o diccionarios o herramientas de inteligencia artificial a prueba de errores que puedan resolver los esfuerzos de traducción que hacemos todos los días. Eso significa que dependemos de escucharnos entre nosotros y a nuestros lectores, de reconocer y valorar nuestros diferentes usos y experiencias y la pluralidad del idioma que compartimos.

El puente que hemos construido para llegar a nuestra audiencia (el puente que nosotros cruzamos cuando elegimos qué traducir y cómo hacerlo de la mejor manera), descansa en cuatro pilares básicos: no subestimamos los intereses ni la curiosidad de nuestros lectores; ofrecemos un periodismo global que ayude a entender las realidades locales; cuidamos de la riqueza del lenguaje y sus matices, y nunca dejamos de lado nuestra propia sensibilidad como lectores.

ACN/Álvaro Domínguez

Seguir Leyendo

Candy Crazy

Facebook

Carabobo

Sucesos

Lo más leído