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Simón Bolívar católico practicante

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Simón Bolivar, catolico practicante; Hoy se cumplen 236 años de su nacimiento:  Por Francisco Mayorga.

En estas dos últimas décadas de exacerbación del bolivarianismo en Venezuela;  hay un detalle que no ha sido tomado en cuenta por sus promotores; y es el aspecto de la religiosidad de José de la Trinidad Simón y Bolívar;  hijo de padres católicos, quienes inculcaron desde su más temprana edad;  el amor y el respeto por la Santísima e Inmaculada Virgen María, a Dios Todopoderoso y al prójimo;  como rezan las Tablas de la Ley.

Hoy se cumplen 236 años de su nacimiento

Cuando hoy se cumplen 236 años de su nacimiento;  ofreceremos en esta fecha, detalles de esta singular devoción católica de Simón Bolívar; el Libertador americano por excelencia y Padre de cinco naciones libradas por su espada del yugo español.

El Libertador escribió al General Francisco de Paula Santander;  en Guayaquil, el año de 1822, su encuentro con Dios. “Los dos tercios de mi vida se han pasado ya, y el tercio que me falta lo quiero emplear en cuidar mi alma y mi reputación; porque yo quiero dar cuenta a Dios y al mundo de mi vida pasada;  y no quiero morir sin dejar antes mis cuentas corrientes”.

Adhesión y respeto al Vaticano

Contrario a especulaciones acerca de su inclinación a otras disciplinas filosóficas y doctrinarias;  hay otro testimonio, citado por Pedro Leturia, en la Relación entre la Santa Sede e Hispanoamerica;  señalado  por Simón Bolívar el 14 de septiembre de 1829 al Papa Pio VIII;  dice “El señor Ignacio Tejada; nuestro enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario cerca de esa Santa Sede;  hara conocer a Vuestra Santidad, nuestros sentimientos de adhedsión a la cabeza de la Iglesia Catolica; y de respeto y veneración a la sagrada de vuestra santidad”.

Las “Ideas y sentimientos religiosos del Libertador Simón Bolívar”;  son reseñadas por el Dr. Tulio Febres Cordero;  y citadas por el historiador Hermano Nectario María, en la página 38 de su obra;  marcada en negritas asi: “El Libertador que desde su más tierna edad;  había recibido de su honorable madre, junto con el sustento material del cuerpo;  el mana espiritual de una verdadera devoción a la Santísima Virgen;  de espíritu caballeresco y corazón noble en grado excelso;  conservó siempre en el fondo de su alma, en sugestivo consorcio con los afectos de familia;  y los recuerdos de la casa solariega, la dulce y tradicional devoción a la Virgen Inmaculada.”

Su humildad, traducida en una carta al Coronel Tomás de Heres, en Ica el 20 de Abril de 1825;  dónde Simón Bolivar dice “… para que todo el mundo vea que yo soy justo con los justos;  y bueno con los buenos, y que si alguna vez soy violento; también suelo ser generoso en mis reparaciones; no obstinándome en sostener mis faltas, o equivocaciones.”

Una anécdota del Libertador poco conocida

De la misma obra, Ideas y sentimientos religiosos del Libertador Simón Bolívar;  publicada en Madrid el año de 1968 en la página 36, el Hermano María cuenta que;  “el Jefe Militar de Cipaquirá, doctor Tomás Barriga y Brito, obsequió  con un banquete al Libertador; y estaba un ex religioso, prófugo de su convento, quien comenzó a decir despropósitos;  sobre la inmortalidad del alma y del infierno, llegando a blasfemar de la Santísima Virgen María.”

“Oír esto Bolívar, levantarse de su asiento como un rayo, acercándose al ex religioso;  dar un golpe terrible en la mesa y decirle: ¡Calla el insolente!, fue un solo punto. ¿Cómo se atreve Ud. a proferir semejante blasfemia?…  Oí pacientemente que Ud. negara los dogmas de la inmortalidad del alma y del infierno; pero esto ya no lo puedo tolerar. Ni a mi mismo padre sufriría que blasfemase de nuestra Señora.”

El poblado de Zipaquirá, al norte de Bogotá, es famoso por una Iglesia; construida por los mineros en la gruta de la mina, sin ventilación y escaso oxígeno;  dónde todas las imágenes de la fe cristiana fueron  hechas de sal.

El Libertador de América se refiere a la perfección, en El Rosario de Cúcuta, el 9 de Mayo de 1820; dirigiéndose al General Francisco de Paula Santander;  “Pero desde que sé que esta es debilidad, me he determinado a corregir este defecto.”

Bolívar fiel católico hasta su muerte

Pero si quedara alguna duda, su propio testamento espiritual es un testimonio asentado en la historia… en Santa Marta, el 10 de diciembre de 1830

“En el nombre de Dios Todopoderoso. Amén. Yo Simón Bolívar… hallándome gravemente enfermo, pero en mi entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firmemente creo y confieso el alto y soberano misterio de la Beatísima y Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios Verdadero: Y en todos los demás misterios que cree y predica y enseña nuestra Santa Madre Iglesia , católica, apostólica y romana, bajo cuya creencia he vivido y protesto vivir hasta la muerte como católico fiel y cristiano, para estar prevenido cuando la mía llegue, con disposición testamental, bajo la invocación divina, hago, otorgo y ordeno mi testamento en la forma siguiente:

1era… Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor que de la nada la creo, y el cuerpo a la tierra de que fue formado, dejando a disposición de mis albaceas…”

A los pueblos de Colombia, el 10 de diciembre de 1830 en la Hacienda de San Pedro, continúa el Libertador Simón Bolívar:

“Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra cosa que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno para librarse de la anarquía; los ministro del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; los militares empleando su espada en defender las garantías sociales.”

Católico practicante

Sobre la Religiosidad del Libertador, el Pbro. Alfonso Alfonso Vaz escribe en la página 6, “Muy lejos de nosotros el querer afirmar que Bolívar fue un santo, tuvo sus errores y debilidades explicables en su ambiente y que no deben exagerarse.

A pesar de tan difíciles condiciones, Simón Bolívar, como hombre público, como gobernante, como magistrado, nunca comete un desafuero contra la Iglesia; antes, al contrario se muestra fiel católico y preocupado por el bien de la Iglesia.”

Su rectitud y amor a la patria

Su amor a la patria, evidenciado en misiva al General José Antonio Páez, en Bogotá, el 15 de Noviembre de 1826: “En el día no tengo más mira que servir a Venezuela…; mi primer deber hacia este suelo que ha compuesto mi cuerpo y mi alma de sus propios elementos, y que en calidad de hijo debo dar mi vida y mi alma misma por mi madre”.

A Don Martín Tovar Ponte, en Guayana, el 6 de Agosto de 1817 le señaló: “Le doy excelentes consejos, aunque no le doy mucho dinero, porque la pobreza conserva la virtud, que es lo más estimable en el mundo”.

Del mismo modo, dirigiéndose al General, Sr. J. Rafael Urdaneta, el 8 de Septiembre de 1828, remarcó “la franquicia del aguardiente es un azote del pueblo, que será desgraciado mientras se embriague en demasía, mientras pueda lograr el licor a bajo precio. Aseguro a Ud. con todo candor que si pudiera suprimir este vicio haría el sacrificio de la renta del Estado, adoptando otero arbitrio que la supliera”.

“La impunidad de los delitos, señaló el General Bartolomé Salóm, en Pativilca el 15 de Enero de 1824, hace que estos se cometan con mayor frecuencia: al fin llega el caso en que el castigo no basta para reprimirlos”.

La fe de la Iglesia

En un artículo para periódicos, escrito en 1825,  fue enfático sobre la instrucción pública y su devoción católica y la catequesis: “Para aprender los principios de la historia sagrada, y de la religión, el catecismo de Flauri, y el Padre Astete, pueden usarse con suceso”.

En manifiesta integridad señala en un brindis en un convite a Frelados,  en Bogotá el 28 de Octubre de 1827, “una cadena más sólida y más brillante que los astros del firmamento nos liga nuevamente con la Iglesia de Roma, que es la fuente del cielo. Los descendientes de San Pedro han sido siempre nuestros padres… estos ilustres príncipes y padres de la grey de Colombia son nuestros vínculos sagrados con el cielo y con la tierra. Serán ellos nuestros maestros y los modelos de la religión y de las virtudes posibles”.

En un banquete ofrecido por el General José Antonio Páez, en Valencia el 4 de Enero de 1827 pidió respeto por la capellanía… “Está usted todavía, señor Escute, con las manos tintas en sangre americana, pues acaba usted salir de las filas españolas; y se atreve usted a insultar a mi capellán y a faltarme el respeto, a mí que soy el Presidente de Colombia”…

Respeto en la Santa Misa

El Cardenal José Humberto Quintero, en la presentación de La Partida de Bautismo del Libertador, en Caracas y en la Casa Natal el 30 de Julio de 1973, expuso que “en el curso de su agitada vida, Bolívar, no obstante las flaquezas inherentes a nuestra carne pecadora, procuró responder al carácter de cristiano que le imprimió el bautismo…

En comprobación de ello… apelaré apenas a un documento, escrito por quien hacía alarde de incredulidad… me refiero al diario de Bucaramanga, escrito por Peru de Lacroix, en la que nos da cuenta de la vida cotidiana de Bolívar, desde el 2 de Mayo, al 26 de Junio de 1828.

El día 11 de Mayo Perú Lacroix asienta: “Desde que se haya en Bucaramanga (el Libertador) no ha faltado un día de fiesta en ir a la Iglesia, y el cura tiene destinado un padrecito muy expedito para decir la misa a la que asiste su excelencia”.

En efecto, por el diario consta que Bolívar no dejó pasar un solo domingo en el periodo que abarca  esta relación sin asistir a la misa, acompañado casi siempre por todos los miembros de su sequito. Durante la sagrada función, el Libertador observaba una compostura realmente ejemplar…

“En la Iglesia, nos refiere el diarista, se mantiene con mucha decencia y respeto, y no permite que los que van con él, se aparte de aquella regla. Un día notó que su médico el doctor Moor, estando sentado tenía una pierna sobre otra, y le hizo decir con un edecán que era indecente cruzar las piernas en la Iglesia y que viera como él tenía las suyas”.

Providencia y fe

En Trujillo, el 23 de Agosto de 1821, le señala al General Francisco Paula Santander, “… es un necio el que desprecia las bendiciones que la providencia derrama sobre el. Somos queridos de Dios en este momento y no debemos dejar infructíferos sus dones”.

En la Historia Eclesiástica y Civil de Nueva Granada, volumen 4, página 160, J.M. Groot relata (citado por el historiador  Hermano Nectario María en su obra Ideas y sentimiento religiosos del Libertador Simón Bolívar, Página 33) que “En 1821 Bolivar se dirigía a Trujillo, en dónde a la sazón se encontraba el señor Obispo de Mérida y Maracaibo, Lasso de La Vega. Este al tener noticias de la proximidad de la llegada del Libertador, le envió una carta informándole que le sería muy grato salir a su encuentro para recibirlo, pero que creía más conforme a su dignidad de Jefe de Estado, hacerlo a la puerta del santuario con los ritos que prescribe la Liturgia para estos casos. La contestación, escribe el mimo Obispo, fue presentárseme a dicha puerta, teniendo yo el mayor gozo de verle edificar a todo aquel pueblo, arrodillándose a besar la Cruz y luego a las gradas del presbiterio, hasta que, concluidas las preces, di solemnemente la bendición”.

ACN/fm

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¡Sécate las lágrimas y vuelve a empezar!

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Y vaya si abrimos el melón. La newsletter de hace dos semanas quería plantearos el debate sobre si llorar o no en el trabajo. Por un lado, sabemos que es una expresión más de sentimientos;  que no tiene (o no tendría) que interpretarse como un signo de vulnerabilidad. Por otro, somos conscientes de que, en muchos ambientes;  derramar unas lágrimas sigue situándote en una situación de inferioridad y que “regalas poder”.

Desde que enviamos esa Matrioska, hemos recibido muchas respuestas, comentarios y mensajes. La mayoría eran para contarnos situaciones;  en las que alguien acabó llorando en la oficina. Primera lección: si te ocurre, que sepas que no eres, ni mucho menos;  la primera ni la última persona a la que le pasa. De hecho, hay muchísimas, al menos entre nuestras lectoras.

Más abajo podéis leer algunos testimonios;  que publicamos con el permiso de sus autoras, aunque sin su nombre.

Consejos que pueden ser de utilidad

Queremos responder a la generosidad con la que nos habéis contando vuestras historias;  con algo que pueda ser de utilidad. Vale, ya ha pasado;  hemos tenido una discusión, nos ha caído una bronca, alguien nos ha avasallado verbalmente y, entonces;  nos hemos echado a llorar. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo afrontamos la situación? ¿Y cómo podemos reaccionar si es otra persona la que llora?;  Hemos intentado responder a estas preguntas y, para ello, hemos hablado con Manel Fernandez, profesor de la UOC;  y experto en inteligencia emocional en las organizaciones, y con Geni Capdet;  profesora del Máster de Dirección de Personas en las Organizaciones de la Universidad de Navarra. Estas son algunas claves que nos han dado:

– Llorar es humano. “Hay que desmitificar el tema de mostrar las emociones en el trabajo como si fuera algo fuera de lugar. Es cierto que, tradicionalmente, en el mundo laboral;  las emociones estaban bastante ocultas. Eso está cambiando”, asegura Fernández. Capdet coincide en que lo primero es “darme permiso para llorar. No es signo de debilidad. Indica que soy persona y que tengo emociones. Ser persona implica cabeza y corazón”.

¿Que circunstancia me provoca este sentimiento?

– Pero, ¿por qué he llorado? “Una vez he vaciado mi emoción, debo hacer la reflexión;  ¿qué circunstancia me provoca este sentimiento?;  Deberíamos poder contrastar con alguien de confianza nuestra percepción. Llegado este momento, puedo poner nombre a la emoción y quizá establecer pautas;  y decidir si hacer o pedir algún cambio en el futuro, explica Geni Capdet. Fernández también recomienda hacer el ejercicio de “etiquetar” y ponerle nombre a lo que nos está provocando el llanto. “Saber si es rabia, ira, miedo”, dice.

– Al día siguiente. No vale esconderse como un avestruz y hacer como si esto no hubiera pasado. Hay que intentar sacar algo bueno. Capdet recomienda que, una vez identificado qué es lo que nos ha provocado esa reacción, pensemos si hay algo que queremos cambiar. “Después de pensar por qué ha ocurrido, es conveniente comunicarlo de manera asertiva a mi superior o compañeros para que pueda facilitar o apoyar mi propio proceso de mejora, o bien sean conocedores de las decisiones que he tomado”.

– Para la próxima vez. “Desbordar tus emociones, no está bien o mal, pero es recomendable aprender a regularlo, a modularlas. Ser capaces de etiquetarlas no resuelve la emoción, pero sí puede atenuar la intensidad Si estamos en alta intensidad, puede que nuestra reacción esté fuera de lugar o, si la emoción es rabia o ira, podemos dañar a alguien”, aconseja Manel Fernández. “Hay que poner atención a cómo reacciona nuestro cuerpo cuando empezamos a sentirnos así. Reconocer cómo lo somatizamos. Pero hay que entrenar para aprender a regular esas emociones, como en otros aspectos de la vida”.

Hay que respetarla emocion de mi colaborador

– ¿Y si he provocado que alguien llore? Cuando alguien que depende de mí llora, su emoción me debería interpelar… “¿Cómo estoy gestionando trabajo y personas?”. En un primer momento, hay que respetar la emoción de mi colaborador, y generar un espacio de seguridad en el que pueda desahogarse … Hay que dejarle llorar. En esta fase es importante no frenar la emoción con frases del tipo “no te pongas así… no merece la pena”. En un segundo momento, es necesario plantear preguntas que interpelan a la emoción del tipo: ¿Cómo te sientes? ¿Qué es lo que ha hecho que te sintieras así? ¿Qué debería pasar para que te sintieras mejor? De esta forma favorecemos que la persona ponga nombre a lo que le ocurre: ira, tristeza, enfado… Desde ahí generamos de forma conjunta respuestas y establecemos pautas para cuando se repitan situaciones similares.

– Los buenos jefes tienen empatía. Fernández, acostumbrado a hacer protocolos en las empresas para prevenir el acoso, la violencia verbal y de género, asegura que la cultura empresarial está cambiando. «Quiero pensar que cada vez hay menos líderes que rechacen una emoción como es el llanto en el trabajo. Hay que naturalizar la respuesta cuando alguien llora y luego interesante en qué ha podido pasar. Sí que habrá jefes y líderes que lo interpretan con debilidad. Es muy probable. Pero estamos en un momento de cambio y cada vez va a ocurrir menos”.

Sécate las lágrimas y vuelve a empezar

Estos días, nos ha encantado leer todas vuestras experiencias. Hemos seleccionado estas para que no volváis a sentiros mal al llorar en el trabajo:

– Yo he llorado muchas veces en el trabajo, estoy en contra de ello porque lo encuentro poco profesional. Pero en mi caso es inevitable, me cuesta muchísimo controlar el llanto y aunque lo intento, las lágrimas salen solas.

– Creo que soy de llorar fácilmente. Así que posiblemente, aunque no creo que haya sido por agobio. Estoy a favor de la expresión libre y de dar prioridad a la salud mental. Contener algo que estás sintiendo puede ser dañino, así que no considero que el entorno laboral, ese en el que pasamos casi toda la semana, deba ser un entorno hostil para expresar emociones.

– Soy hombre, Guardia Civil de Tráfico. He llorado en el trabajo y lo seguiré haciendo porque le he dicho a muchos padres y madres que su [email protected] había muerto… Le he dicho a mucha gente que su persona querida ya no estaba. Y he llorado con ellos, en el tanatorio, en la carretera, delante de todos. Y lo seguiré haciendo.

– Fantástico melón, a favor de humanizarnos en el entorno laboral siempre. Os dejo aquí mi testimonio de llanto en el trabajo. The saddest thing: lloré mientras me despedían. Tenía unos 23-24 años y curraba en una tienda de estas insignia que dan mucho valor a la imagen, a que hables muchos idiomas, etc, para explotar sin vergüenza tus aptitudes por 800 euros al mes. Estaban reduciendo personal, habían cambiado de coordinadora y el ambiente estaba regulero y dividido en el equipo desde hacía tiempo. Así que nos fueron echando a los disidentes uno a uno y de una forma bastante cruel. En mi caso, de ahí mis lágrimas, esperaron a que termináramos una reunión grupal en la que todos, incluida yo, habíamos tenido que aportar ideas para mejorar el equipo y el trabajo en sí (esta es una cosa que yo, además, me tomo muy en serio y digamos que me marqué un exposé bastante extendido). La rabia por la humillación de que durante toda la reunión me hubiesen dejado participar e implicarme sabiendo que cinco minutos después iban a largarme, en vez de decírmelo antes y seguir adelante con su historia, fue lo que me hizo llorar. No me contuve, soy de lágrima fácil para lo bueno y para lo malo y me ayuda mucho a calmarme, soltando el sentimiento fuerte primero y dejando más tranquilita para aclarar ideas después; aunque soy consciente de que muchas personas lo perciben como una respuesta infantil y ya. Así que cuando me lo dijeron, la primera reacción fue llorar y luego procesar mis argumentos de por qué su maniobra me parecía poco profesional, cosa que les dije, y tampoco firmé nada en el momento. Luego me tuvieron que indemnizar por despido improcedente. Conclusión: totalmente a favor de un buen llanto de desahogo como catalizador de situaciones complejas en el trabajo.

– Un montón de veces. Algunas veces de tristeza, ya que soy medica de terapia intensiva infantil y he asistido en la muerte a decenas de niños. Y muchas veces de bronca e impotencia cuando el sistema falla, los compañeros fallan y se pierde la esperanza de mejorar. No me gusta llorar en el trabajo, pero a veces las cosas te desbordan.

– Sí, una vez lloré cuando mi líder de equipo (team leader) me dijo que había hecho mal el trabajo y que hable con otros compañeros con más experiencia para aprender. No fue mal consejo, pero me lo dijo de una forma como queriendo despedirme, y me hizo sentir una inservible.

ESTO HAY QUE VERLO

El pasado viernes 18 fue el Día Internacional de la Menopausia. Si durante años nos ha costado hablar de la regla, la retirada de ella ha estado más rodeada si cabe de tabúes. Me he acordado de estas maravillosas mujeres que, sin vergüenza ni prejuicios, nos contaron su experiencia: desde su primera menstruación hasta su menopausia.

La Matrioska de Verne <[email protected]>

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