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En California, todos se hacen la Gran Pregunta: ¿cuándo vendrá El Grande?
En un reciente artículo, del escritor californiano en temas científicos, Ph.D. Michel Guillen, para la cadena FoxNews, se expresa acerca de la reciente cadena de terremotos en el estado: “Nací y me crié en el sur de California, por lo que los temblores que ahora sacuden la zona norte del desierto de Mojave (…) no son nada nuevo para mí».
En su artículo, Guillen afirma que los terremotos son llamados desastres naturales. «De hecho, son la forma en que la Tierra libera su stress interno. Sin terremotos, el stress se acumularía y aumentaría hasta que el planeta explotara».
Reciente cadena de terremotos
Eso es un pequeño consuelo para las víctimas de los terremotos, por supuesto, incluyendo aquellos que ahora soportan cientos de temblores angustiosos, que hasta ahora han sido marcados con magnitudes de 6.4 el 4 de julio y de 7.1 al día siguiente.
Pero los terremotos han sido y siempre serán una forma de vida en el Estado de California. Esto se debe a que tiene la gran desgracia de estar sobre la falla de San Andrés.
La falla de San Andrés
La falla, es una importante fractura de norte a sur en la corteza terrestre donde América del Norte se enfrenta a la placa del Océano Pacífico.
A veces, los bordes dentados se enganchan y la tensión aumenta hasta que toda la tensión se libera catastróficamente mediante un sismo.
Predicciones aterradoras para California
Las supercomputadoras de USGS dicen que hay una posibilidad del 31% de que “El Grande” suceda a mediados de siglo; es decir que un terremoto de magnitud mayor a 7.5 azotará el área de Los Ángeles.
Consideren entonces, que después del terremoto de 6.4 en el 4 de julio, los sismólogos predijeron una mínima probabilidad, de a penas el 2%, de que dentro de una semana habría un terremoto; de magnitud 7 o más.
El hecho, es que no solo se produjo un terremoto de 7.1 con un 100% de certeza; sino que lo hizo al día siguiente. Pero eso es otra cosa que nunca cambiará en la sismología: las predicciones siempre son incompletas.
«Por esta razón, ahora mismo los californianos se hacen la gran pregunta: ¿Cuando vendrá El Grande?. No lo sabemos, pero después de los recientes terremotos en la zona, es conveniente estar preparados», aseveró Guillen.
Con información de: ACN|FoxNews(Michel Guillen)🇺🇸
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Los mejores finales de sprint en la historia del patinaje de velocidad
En el patinaje de velocidad sobre hielo, los finales de sprint tienen una tensión especial porque todo se decide en distancias muy cortas. En 500 metros, una carrera puede durar 34, 35 o 36 segundos, y una diferencia de 0,01 puede separar el oro de la plata. En 1.000 metros hay algo más de margen táctico, pero el final sigue siendo una pelea entre potencia, curva y resistencia al ácido láctico. Por eso los mejores cierres de la historia no se recuerdan solo por el tiempo, sino por la forma en que el patinador sostuvo la velocidad cuando el cuerpo ya pedía romperse. Para quienes observan salidas, curvas y remates finales en el hielo, 1xBet Guatemala permite seguir eventos con opciones deportivas claras.
Uno de los finales más brutales fue el de PyeongChang 2018 en 500 metros masculino, cuando Håvard Lorentzen ganó con 34,41 y superó a Cha Min-kyu por solo 0,01. En Salt Lake City 2002, Gerard van Velde firmó un 1:07,18 en 1.000 metros, una carrera que cambió su carrera porque llegó con una vuelta final extraordinaria. En Nagano 1998, Hiroyasu Shimizu convirtió el 500 metros en una demostración de salida, frecuencia y control de curva ante una presión enorme. En el 500 femenino, Nao Kodaira también dejó una referencia moderna con su 36,94 olímpico en 2018. Si te interesan pruebas donde un cierre explosivo cambia toda la clasificación, Guatemala 1xBet ayuda a usar esa lectura antes de apostar.
Qué hace inolvidable un final de sprint
Un sprint de patinaje no se gana solo en los primeros 100 metros. La salida importa muchísimo, pero el último tramo revela quién puede mantener la técnica cuando las piernas ya pierden frescura. En 500 metros, el patinador necesita arrancada explosiva, primera curva limpia y una recta final sin levantar demasiado el tronco. En 1.000 metros, además, debe guardar suficiente energía para no perder medio segundo en la última vuelta.
Algunos finales que explican muy bien esa grandeza son:
- Håvard Lorentzen en 2018, oro olímpico en 500 m con 34,41.
- Cha Min-kyu en 2018, plata a solo 0,01 del oro.
- Gerard van Velde en 2002, 1:07,18 en 1.000 m con cierre histórico.
- Hiroyasu Shimizu en 1998, dominio de salida y velocidad en 500 m.
- Nao Kodaira en 2018, 36,94 olímpico en 500 m femenino.
- Jeremy Wotherspoon, referencia de potencia y frecuencia en sprints mundiales.
Lo fascinante de estos finales es que el margen visual casi desaparece. Desde la grada, 0,01 parece nada; en la pista, puede ser una cuchilla mejor colocada, una curva menos abierta o una extensión final más limpia. En 500 metros, un patinador puede perder la carrera por abrirse 20 centímetros en la última curva. En 1.000 metros, puede perderla por entrar demasiado fuerte y pagar 0,30 en los últimos 200 metros.
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